Los miles de pasos de una juventud esperanzadora y ordenada caminaron este histórico 5 de marzo en Puebla sobre un mismo derrotero, para exigir seguridad y justicia. En un hecho sin referencias, inédito, sus voces fueron escuchadas por las autoridades que, en otros tiempos, respondían con apatía o beligerancia a las peticiones de la sociedad. También eso hoy fue muy distinto. No hubo represión, ni gases, ni “balas de goma” o “piedras de grueso calibre”. Una multitud que mostró civilidad, en una marcha que marcó ya un hito generacional, convirtió el duelo, el miedo por la inseguridad y la rabia por el asesinato de sus compañeros, en resultados para una causa que es de todos. Esta ola de juventud supo llevarse compromisos de la cita con el gobernador Miguel Barbosa, quien reconoció su plena legitimidad y les hizo también propuestas. Puebla cambió este jueves de este 2020, para mucho y para bien.

Las manifestaciones que cumplieron más de una semana, con paros y marchas, luego del asesinato de tres estudiantes de Medicina, dos de la UPAEP y uno de la BUAP, y un joven conductor de Uber, encontraron hoy su punto más importante.

Tuvieron también, en la que fue la expresión de su tipo más grande de la historia de Puebla, pausa y capacidad para elaborar un pliego petitorio.

Además, éste tuvo respuestas y cinco compromisos precisos del mandatario poblano, Miguel Barbosa Huerta.

Habrá una Fiscalía Especial de Atención a Universitarios, a propuesta del mandatario.

Se contratarán 2 mil nuevos policías.

Se reforzará la seguridad en el transporte público.

Habrá una representación de universitarios en el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública.

Y habrá mayor vigilancia en inmediaciones de las instituciones de educación superior.

La #MegaMarcha dio plenos resultados.

Una manifestación tan ejemplar, ordenada y tan numerosa, hubiera sido impensable en el pasado.

Que no se pase por alto el caso Chalchihuapan, reflejo de aquellos tiempos.

Que no se olvide la sangre de un niño, como saldo doloroso.

Hoy el saldo fue blanco.

Y el resultado fue el diálogo.

Desde muy temprano este jueves, en la Avenida Juárez y otros puntos, los contingentes se reunieron para transformarse en ese ente único de decenas de miles de voces.

Los estudiantes se contaron en 150 mil.

Justicia.

Seguridad.

Y alto a la impunidad, fueron las proclamas.

La marcha sorteó también, porque las hubo, las tentaciones de infiltración y los protagonismos.

Los rectores que acompañaron a algunos contingentes lo hicieron discretamente y supieron mantener bajo perfil.

Las cifras de los asistentes pueden variar, según quien haga la narración.

Lo seguro es que fueron decenas de miles.

El número, en cualquier caso, evidentemente fue extraordinario.

Inédito.

La vanguardia llegaba a Casa Aguayo hacia el mediodía, cuando muchos grupos ni siquiera habían partido de la Avenida 11 Norte-Sur, en el Paseo Bravo.

La columna fue enorme.

Completamente ordenada.

Las fotografías dan testimonio irrebatible.

La representación interuniversitaria que llegó a Casa Aguayo se entrevistó con Barbosa.

El gobernador salió a su encuentro con el reconocimiento pleno a sus demandas y al genuino movimiento.

Celebro esta presencia. No me molesta. La celebro.

Bienvenidos. Cada vez que ha venido una manifestación de cualquier índole he salido a hablar con ustedes, con todos…

Vamos juntos a resolver los temas de seguridad. Es tema de gobierno y es tema de sociedad. Es tema de todos…

A nosotros nos toca toda la responsabilidad institucional. A la sociedad le toca la parte que corresponde.

Yo estoy actuando con honestidad y con fuerza.

Estamos desmontando todo un sistema corrupto. Todos tenemos que hacer cosas y no tenemos qué esconder”, les dijo antes de comenzar el diálogo formalmente.

Este jueves 5 de marzo muchas cosas cambiaron.

La próxima generación, esa que tomará las decisiones en el muy cercano futuro, mostró un comportamiento ejemplar.

Después de esta mañana, las cosas ya no serán iguales.

Ya no pueden ser iguales.

Los jóvenes descubrieron, por fin, su fuerza.

La autoridad sintió ese poder estudiantil.

Y la sociedad se sumó al clamor, el único y verdadero y necesario clamor de Puebla y los poblanos: ¡Ya basta de inseguridad!

¡Ya basta de vivir con miedo!

¡Ya basta de tanta sangre y tanto dolor en tantos hogares!

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