La creencia de una banda dedicada al tráfico de órganos, el asesinato de varias personas en los últimos meses, entre ellos un menor de edad, detonó la rabia de pobladores de Ajalpan en contra de dos jóvenes a quienes molieron a golpes y quemaron

 

Por Mario Galeana/Enviado Especial

¿Qué lleva a pobladores a moler a golpes a dos personas para después quemarlos en una plaza pública como trofeos de guerra?
La locura.

Miguel, cuyo nombre ha sido cambiado para proteger su identidad, vio a mujeres vomitando y a hombres hablando solos la noche del linchamiento de los hermanos Rey David y José Abraham Copado Molina, quienes también fueron incinerados frente al Ayuntamiento de Ajalpan.

Así, como las cenizas de los cadáveres, la razón de los pobladores se desperdigó con el viento.

Miguel caminaba hacia la maquila donde trabaja, ubicada a una calle del Palacio Municipal, cuando percibió a la turba que se encontraba rodeando el Ayuntamiento de Ajalpan.

Escuchó el quebrar de vidrios, el azote de muebles y los gritos de los pobladores diciendo que no dejaran ir a los hermanos Copado Molina hasta que la razón y el estómago no soportaron más.

Eran las 22 horas del lunes 19 de octubre cuando los cuerpos de Rey David y José Abraham, machacados a golpes, partidos con machetes, sangrantes, con los ojos desorbitados, casi irreconocibles, se hallaban tumbados frente al Ayuntamiento.

Miguel alcanzó a ver cómo los habitantes metieron papeles entre los genitales de los hermanos, quienes para entonces ya habían perdido la vida, para después rociarles gasolina sobre el cuerpo y quemarlos.

Luego huyó hacia la maquila. En su camino, dice, vio a mujeres volviendo el estómago, a hombres que gimoteaban y hablaban solos, e incluso a niños aplaudiendo y vitoreando la efigie de muerte que ardía en mitad de la plaza pública.

Aún ahora, desde su hogar, asegura que habría que estar loco para seguir frente a la hoguera donde ardían los cadáveres de los hermanos.

¿Qué lleva a un grupo de pobladores a moler a golpes a dos jóvenes para después quemarlos en una plaza pública como trofeos de guerra?
– La locura. Estaban locos. Aplaudían. Había de todo: niños, mujeres, adultos, abuelitas. De todo. Pero no eran ellos. Estaban locos.

 

De encuestadores a robachicos

Eran las 18:30 horas del lunes 19 de octubre cuando Rey David y José Abraham caminaban por la calle Vicente Guerrero Sur y Calixto Barbosa –a tres calles del Ayuntamiento de Ajalpan– cuando la policía del municipio llegó hasta ellos.

Vecinos y pobladores llamaron a las autoridades porque acusaban al par de hermanos de ser los responsables del intento de secuestro de una niña que, hasta el momento, no tiene nombre.

Rey David y José Abraham no entendieron la dimensión de la acusación y siguieron encuestando a los vecinos sobre cuántas tortillas consumían al día, según confirman uniformados del municipio y fotos en poder de esta casa editorial.

Y si no lo entendieron es porque, quizá, no sabían que una semana antes, en una comunidad aledaña denominada Zinacatepec, los pobladores aseguraban que la policía había encontrado el cadáver de un joven de 21 años que presentaba muestras de ser víctima de tráfico de órganos; un largo corte en el vientre y la ausencia del riñón, corazón e hígado era prueba suficiente para que la idea quedara sembrada y floreciera en la mente de los pobladores.

Tampoco sabían que, dos meses antes, un niño de 3 años fue hallado muerto con las mismas “señales” de tráfico de órganos en una zona de Ajalpan denominada La Ciénega, según pobladores.

Hasta las 19:30 horas, cuando los policías los trasladaron hasta la Comandancia Municipal, ubicada en el Ayuntamiento, Rey David y José Abraham entendieron que ser acusados de robachicos era, al menos en Ajalpan, una sentencia de muerte.

No sirvió de nada que la menor a la que señalaban como presunta víctima del intento de secuestro negara, ahí mismo, en la Comandancia, que ellos fueran los responsables.

Para las 20 horas, los pobladores ya habían tomado la presidencia, quemado la Comandancia, la Biblioteca Municipal y hasta las oficinas de Correos de México, ubicadas, todas ellas, en el mismo Ayuntamiento.

En un intento por escapar de la muerte, los hermanos huyeron hasta la azotea del edificio.

Los pobladores, reunidos en las afueras del inmueble municipal, descubrieron sus siluetas y gritaron, casi en unísono, que los agarraran, que no los dejaran ir.

Para las 20:30 horas, los hermanos Copado Molina eran un bulto sanguinolento de carne machacada.

La turba de gente los sacó del Ayuntamiento y arrojó sus cuerpos, aún con vida, frente a la plaza pública del municipio.

Ahí los cortaron con machetes, los patearon y, según Alberto –cuyo nombre también fue modificado por su seguridad– los filmaron con teléfonos celulares intentando obtener una declaración que pudiera justificar la barbarie.
En el video que la multitud grabó, dice, uno de los hermanos, José Abraham, se declara culpable de “abrir” el cuerpo de un cadáver.

Aunque, minutos después, lo rechaza y asegura ser empleado de Sedesol y, a la par, de una empresa de Marketing.

Hasta el momento, sin embargo, no hay ningún video que confirme lo anterior.

En cambio, las imágenes de su cuerpo ardiendo son múltiples. En uno de ellos, de hecho, se ve a algunos pobladores brincando y festejando la hazaña de quemar a dos jóvenes frente a miles de personas.

– ¿A qué olía la carne quemada?
– ¿Has olido el humo de un perro muerto? Así mero. No hay diferencias. La carne de humano huele a carne de perro. Es amargo. Dan ganas de vomitar –responde Miguel.

 

Las bandas juveniles y el PRI
Aquel viejo rumor del ropavejero que se lleva a los niños no es un mito en Ajalpan. Ante los presuntos hallazgos de cadáveres con señas de tráfico de órganos descubiertos en aquel bastión de la Sierra Negra, los pobladores aseguran que en la zona una red de delincuencia organizada opera bajo la negación de las autoridades municipales.
Lo mismo ocurre, aseguran, con los asaltos, el robo a casa-habitación e incluso homicidios dolosos.
Las autoridades niegan que Ajalpan sea considerado como uno de los municipios con mayor presencia delincuencial en la zona.

“No hay denuncias por robo de niños o por secuestro de niños. No hay nada. Desde que soy presidente no hay nada. Y en asaltos tampoco vamos tan mal. De hecho, este viernes la Policía Federal vino a dar unos talleres para prevenir la extorsión”, rebate el presidente de Ajalpan, Gustavo Salomón Lara Torres.
Pero en el municipio, arguyen los pobladores, impera una añeja tradición de bandas dedicadas al robo y al tráfico de estupefacientes.

“Hay un chingo. Y hay generaciones viejas y generaciones nuevas. Las más grandes son la de Los Vagabundos, Los Guerreros y Los Pañales. Esas tienen como 80 batos cada una. Y hay otras más chicas como la de los SuperSayayines o los Bola Roja; pero esos nada más tienen como a 50”, relata un joven de rasgos duros, que se niega a dar su nombre aunque revela que trabaja en una tejería del municipio.

 

“Martes negro”
Son las 12 horas del martes 20 de octubre. En 20 minutos, peritos de la PGJ y policías ministeriales iniciarán los primeros peritajes.

Los cadáveres, en su mayoría reducidos a cenizas, fueron levantados por el Ministerio Público durante las primeras horas de este día.

El Ayuntamiento de Ajalpan es un edificio en ruinas. Manchas de tizne bañan las paredes que alguna vez fueron pintadas de un amarillo cálido. En la nariz queda prendido el olor a chamuscado.
A un costado, una motocicleta de Correos de México y una camioneta calcinada se exhiben como testigos de los sucesos del linchamiento.

Y al otro costado, el edil de extracción priista declara a los medios de comunicación que los primeros incitadores del asesinato de los jóvenes, para los cuales pide justicia, se encuentran plenamente identificados.
No es, sin embargo, la primera vez que Ajalpan atraviesa un periodo de ingobernabilidad.
Durante los últimos años ha destacado tanto por tomas civiles del Ayuntamiento, como por la pobreza y los triunfos electorales del PRI.

De hecho, con la última elección federal, el tricolor suma décadas de triunfos en las urnas, aunque no con ello ha logrado disminuido los niveles de pobreza en la zona.

Tres de los 24 municipios que integran el distrito de Ajalpan son considerados por el gobierno federal como las localidades con los más altos índices de marginación.

Se trata de Zoquitlán, Coyomeapan y Eloxochitlán, donde en promedio el 90 por ciento de sus habitantes sufren pobreza, según el Coneval.

Y ahí mismo, en donde lo mismo confluye el hambre como la inseguridad, los pobladores efectuaron uno de los asesinatos tumultuarios más conocidos en toda la historia no sólo del estado, sino del país.

¿Qué lleva a un grupo de pobladores a moler a golpes a dos jóvenes para después quemarlos en una plaza pública como trofeos de guerra?
La locura. El hambre. La inseguridad. Las heridas abiertas que no sanan. El rumor de robachicos. La mala fortuna de jóvenes provenientes del Distrito Federal. Las bandas delincuenciales.
Y así, hasta no terminar jamás.