Entrevistados por 24 horas Puebla, vecinos de esta colonia señalaron que es más fácil saber qué casas y negocios no han asaltado los delincuentes, quienes manipulan incluso niños

 

Por Mario Galeana

 

Para Rubén M. es más fácil enumerar las casas y los comercios de su calle, en la colonia El Mirador, que no han sido robados. La lista no es larga.

“Me parece que ésa, la de allá, aún no le toca”, dice y apuntacon el dedo.

FOTO3No es que enumerar las casas y comercios robados sea más difícil, sino más bien requiere más tiempo.

“A los de aquí enfrente les robaron un coche, a una señora de al lado le quitaron el celular, y a mi vecina de atrás le abrieron la casa y la amenazaron; la pobre mujer se está yendo a dormir a un hotel”, completa.

En el tono hay un rumor de desencanto: Rubén ha sido víctima también. Llegó hace ocho meses a esta colonia para montar un negocio de comida y desde entonces le han robado dos veces.

La última ocurrió el 11 de febrero pasado. El hurto fue de 45 mil pesos. Aunque lo que realmente perdió aquella madrugada fue la confianza.

“Nosotros tenemos el local abierto hasta muy tarde. Aquí comemos mi esposa, yo y mis hijas (…) ahora como con el cuchillo a un lado. Así estamos”.

Hacer un listado de las personas que han sido víctimas es casi tan común como contar a los grupos delictivos que lideran los robos en la zona.

Uno de ellos emplea a niños que fungen como vigías. El modus operandi es descrito por Raquel H., dueña de una tienda: “Los niños preguntan en las casas o en los negocios que si los dejamos pasar al baño. (Después) ellos van y le dicen a otras personas cómo está todo: ‘tienen esto, aquello’”.

CORTESÍA MARIO GALEANA
CORTESÍA MARIO GALEANA

—¿Son niños o adolescentes?

—No, no: son niños. De ocho o seis años. Así de chiquitos. Se ven muy humildes. Pero ya están bien aconsejados. Saben decir santo y seña.

No es insólito –al menos en algunas entidades del país– que los niños sean vigías, o “halcones”, del crimen organizado. Pero en una colonia de clase media alta de la ciudad de Puebla la sorpresa tiene sustento.

 

La delincuencia, imparable

El Mirador se ha llenado de guardias de seguridad, rejas, videocámaras de vigilancia, anuncios de “vecinos vigilantes” y letreros con una leyenda: “Se renta”.

La zona es residencia de adultos mayores. Graciela L., jubilada, cuenta las casas desocupadas de su calle después de ser hurtadas: al menos hay tres letreros anunciando la venta o renta de las propiedades.

“Se van. No aguantan. La casa amarilla de allá la asaltaron una, dos veces. A la tercera se fue. Esa vez le rompieron la reja, los cristales. De eso hace ya un año. No ha podido rentarla o venderla”, dice.

CORTESÍA MARIO GALEANA
CORTESÍA MARIO GALEANA

—¿Han entrado a robar más casas en esta calle?

—¡Uf! Mejor le digo cuáles no. Apenas hace dos semanas dos tipos con máscaras se brincaron una barda y asaltaron a unos señores. La barda tenía pedazos de vidrios y alambres pero ellos pusieron una cobija y con eso saltaron.

—¿Y la policía?

—Es lo que quisiera yo saber: ¿y la policía? —Graciela no ríe.

 

CORTESÍA MARIO GALEANA
CORTESÍA MARIO GALEANA

La mañana que Rubén llegó a su restaurante y descubrió el robo, un velador de la Notaría Pública 56 se acercó a él para decirle que podía ser testigo de lo que había ocurrido.

“Yo quería llamar a la policía. Le dije a la licenciada que si al menos hacía sonar la alarma para asustarlos. Eran dos. Pero me dijo que mejor no me metiera. Que me encerrara y ya”, le contó el vigilante.

El 12 de febrero, un día después del robo al restaurante, hombres armados entraron a la Notaría Pública 56 durante la noche: robaron todo.

“Tal vez fue karma. No lo sé. Esa notaría ya fue robada en diciembre y en febrero. Con pistolas y todo. Nos falta ser más unidos. Tenemos grupos de WhatsApp donde nos damos alertas y todo, pero la verdad es que no todos nos conocemos”, cuenta Rubén.

—¿Denunció el robo?

—Claro que sí. Y los policías me dijeron que iban a venir a entrevistar al velador. ¿Vinieron? No. Hacen creer que van a venir. Tampoco hacen rondines: pasan tres veces al día. Y es todo.

El Mirador, ubicada al poniente de la capital, es una de las cinco colonias de Puebla donde más se denuncian robos a casa habitación. La zona parece ser un cinturón. La Azcárate y Bella Vista, colonias cercanas, también destacan por este delito.

A mediados de 2014 el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia reportó que 11 por ciento de todas las denuncias por este delito en la capital provinieron de El Mirador.

—¿Usted ha visto personas sospechosas en la zona?

—Hay muchas, muchas. Hay un señor que pasa diciendo que es ciego, pero se recarga en cada puerta un buen rato, como viendo si está abierta o puede abrirla.

“Hay otro que viene a vender perfumes y que siempre cuenta que todos los que roban en la zona vienen de una vecindad que está en la 15 Oriente y 20 Sur; dicen que ahí almacenan todo y luego se lo llevan al mercado La Unión.

“Hay una familia con niñitos que piden permiso para entrar al baño, y luego van y dicen cuántas cosas tiene uno. Hay otros que siempre vienen en un taxi a dar de vueltas…”

Es más fácil enumerar las casas y comercios que no han sido robados. Pero si se trata de robos, víctimas o sospechosos, hay que darles tiempo.