La Quinta Columna

Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam

Ocurrió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013.

Felipe González, expresidente del gobierno español, ofrecería una charla con Enrique Krauze sobre su libro más reciente: En busca de respuestas (Random House, México).

Estaba por sentarme en los primeros lugares cuando apareció Blanca Alcalá Ruiz en su calidad de presidenta de la Comisión de Cultura del Senado de la República.

Nos saludamos con gusto.

Quedamos de vernos en Puebla.

Nos vimos.

Me entregó un ejemplar del libro.

Pasaron los años.

Blanca es ahora candidata a la gubernatura de un año, diez meses, diez días.

Me acordé del libro de Felipe González cuando escuché una entrevista con la candidata del PRI-Verde en La Tropical Caliente.

Patricia Estrada, la conductora del noticiero, le hizo una serie de preguntas que generaron una serie de respuestas ricas en generalidades.

De esas respuestas que no llegan a ningún puerto.

Respuestas que podrían caber en cualquier pregunta.

Algo así como:

—¿Qué hora es, candidata?

—Es la hora de México, la hora de Puebla, la hora de cumplir nuestros sueños más notables.

Si Blanca Alcalá hubiera leído el libro que me regaló tendría muy buenos argumentos para su campaña.

Sería más tolerante con la crítica.

Tendría mejores recursos verbales para responder las preguntas de los periodistas.

Dice Felipe González que no es una buena idea aprenderse las cosas de memoria y repetirlas como loro.

Es una pésima idea responder con generalidades los temas específicos.

Algo debe saber el exasesor de Carlos Slim cuando escribió estas líneas: “Algunos políticos tienen principios, pero no tienen ideas. Otros poseen ideas, pero carecen de principios. Y no escasean los que no tienen ni ideas ni principios. (…) Tendemos a apreciar a los individuos que tienen principios, sobre todo si se dedican a la política, pero terminan por dejarnos vacíos los predicadores que no dan trigo. Me refiero a los que se encierran en discursos dogmáticos, a los que se repiten como un mantra, sin plasmarlos en propuestas capaces de cambiar la vida de las personas. En política abundan los individuos que presumen de pureza ideológica, exhibiendo un discurso cerrado, que les da seguridad y que, en realidad, oculta su total carencia de ideas: ideas concretas para comprender una realidad cambiante que exige respuestas diferentes de las del manual aprendido de memoria”.

Blanca, me queda claro, tiene principios sólidos.

Su trayectoria lo demuestra.

Lo que no tiene son respuestas diferentes.

Sí, en cambio, es dueña de un “manual aprendido de memoria”.

Habla muy rápido, demasiado rápido como para detenerse en una reflexión novedosa.

Todo lo dice de memoria porque su discurso cerrado le da seguridad.

La entrevista que le hizo Patricia Estrada se fue por esa ruta conocida pese a que habló de varios temas.

Es como hacer gelatinas:

Está el molde, están los ingredientes.

Sólo basta vaciarlos y listo.

Sí, pero los discursos –las respuestas a las preguntas de los periodistas– no son gelatinas.

La conductora del noticiero le preguntó sobre la prostitución que se practica en plena calle en la ciudad de Puebla.

Y le dio una dirección exacta.

Blanca respondió con su manual aprendido de memoria.

¿Qué dijo?

Nadie lo supo.

Ni la periodista.

La predicadora no dio trigo.

(Por cierto: cuando fue presidenta municipal las escenas referidas por Patricia Estrada eran pan de todos los días).

Luego hablaron de “el autoestima” de los poblanos en estos años (así lo dijo la conductora) y la candidata recurrió otra vez a su manual.

Llevaba prisa en la voz, llevaba prisa en el mensaje, llevaba prisa en las respuestas.

¿Qué dijo?

Otra vez nadie se enteró.

Una leída al libro de Felipe González hubiera remediado muchas cosas.

Lo mismo le pasó en la entrevista que concedió a El Universal.

“Cómo sacudirse a personajes como Mario Marín?”, le preguntó el reportero.

La respuesta fue, quién lo iba a decir, perfectamente budista:

“La campaña es en el aquí, en el ahora”.

¿Qué dijo?

Algún día, en el más allá, quizás lo sabremos.