La Quinta Columna

Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam

 

¿Qué hacían el sábado pasado en el templete de Andrés Manuel López Obrador personajes tan disímbolos como Rosa Márquez de Méndez, comadre de René Bejarano —el inolvidable Señor de las Ligas—,  y Fernando Manzanilla Prieto, cuñado de Rafael Moreno Valle?

¿En qué sueño delirante caben el oportunista José Juan Espinosa —ahijado de boda de Mario Marín Torres— y Eudoxio Oxímoron Morales,  seudoeconomista auspiciado por el priista Alejandro Armenta Mier?

¿A qué doctor Frankenstein se le habrá ocurrido subir también a los marinistas de cepa Francisco Vélez Pliego y Emilio Maurer Espinosa?

¿Todos estos personajes le ayudarán en algo a López Obrador ahora que buscará por tercera vez —con un doble infarto en su expediente médico— la Presidencia de México?

¿No son, la mayoría de éstos, parte de ese México viejo que ha estado confabulado con la Mafia en el Poder desde hace varios decenios?

Vea el hipócrita lector algunos ejemplos:

Rosa Márquez, Rosa María Avilés y Norberto Amaya, entre otros, fueron evidenciados a finales de los años noventa por la entonces brillante reportera Beatriz Gutiérrez Müeller —hoy  esposa de López Obrador—, como becarios inmorales de la Secretaría de Desarrollo Social.

A la comadre de Bejarano y a Rossy Avilés la propia Beatriz las llamó las “Rosas Salvajes” por su voracidad a la hora de quedarse con becas que inicialmente tenían una función noble y generosa.

A Amaya Aquino y a sus hermanos los pilló utilizando a un partido político —el PRD— para beneficiarse de la peor manera.

El sábado pasado, sin embargo, ahí estaba en el templete de AMLO una de las dos Rosas Salvajes: muy solidaria, muy Morena, muy republicana.

José Juan Espinosa es un alcalde muy vivo a la hora de meter la mano en el erario para sus fines personales y dueño de un expediente hediondo.

Emilio Maurer —cómo olvidarlo— fue cómplice de Mario Marín y de Manuel Bartlett —también presente en el templete— en la elección de 1998, cuando entre los tres armaron una serie de trampas para ganarle al PAN.

Maurer —como ayer, como antier, como siempre— no tuvo empacho en venderse por cinco tlacos al caimán que hoy cobra como senador democrático.

Eudoxio Oxímoron es un economista al que no le salen las cuentas para cuadrar la deuda estatal.

Primero dijo que ascendía a 150 mil millones.

Luego la pasó a 70 mil.

Y luego a 136 mil.

Pero lo peor no es eso: lo patético es que lo mueve un personaje como Alejandro Armenta Mier: marinista de cepa y ex líder perdedor del PRI.

Pensar que se pueden ganar las elecciones de 2018 con estos impresentables es creer que el pueblo de México es idiota.

Sólo como ejercicio haga memoria el hipócrita lector:

¿Dónde estaban los hoy compañeros de templete en 2006, cuando López Obrador fue víctima de un fraude brutal orquestado por el PRI y el PAN?

Ninguno de estos personajes salió a denunciar las irregularidades.

Al contrario:

Estaban agazapados a las faldas de los partidos que por entonces los alimentaban y sumados al coro de “AMLO es un peligro para México”.

¿Es real que con estos bueyes AMLO quiere arar?

 

Las Penas de la Candidata

Mañana me explayaré en este tema.

Por lo pronto, dejo al lector con estas líneas que sobre Josefina Vázquez Mota escribió el periodista Raimundo Riva Palacio antes de que el presidente Peña Nieto le regalara mil millones de pesos para un fideicomiso basura.

“De acuerdo con personas de mucha confianza de ella, Vázquez Mota dejó de comer hace casi tres años, cuando le entró la fiebre por la bicicleta fija. Su obsesión por la bicicleta ha crecido de manera exponencial, por lo cual suele levantarse entre cuatro y cinco de la mañana, según sus cercanos, para subirse una hora a pedalear, y pedir, en cada gira donde tiene que pasar la noche, que le pongan una bicicleta en su habitación. Ha dejado de dormir y de comer. En las giras, en las que suelen recibir a los altos funcionarios con antojitos, ella siempre los rechaza y pide irreductiblemente una pequeña pechuga de pollo a la plancha y verduras sancochadas. En el avión presidencial, a la hora de comer, ella saca un tupperware y come dos rebanadas de queso panela. Presume su figura, pero su piel morena se ha vuelto ceniza”.