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Combate a huachicoleros, corrupción y violencia de género, así como una cascada de obras son los principales retos para los 22 meses que durará su administración
Por Guadalupe Juárez
Desde ayer el destino de Puebla es conducido por José Antonio Gali Fayad.
Sus primeras palabras tras rendir protesta como gobernador van encaminadas a la reconciliación con todos los grupos que se sintieron segregados en otra época, llama al trabajo coordinado, a pensar diferente y disentir, pero con la condición de unir los esfuerzos para una entidad inclusiva y de tolerancia.
“Podemos disentir y pensar diferente pero lo importante es coincidir para que todos podamos sentir igual, una sola voluntad, y seguir avanzando en la transformación de Puebla. El resultado final tendrá que ser una obra por el sentimiento y el orgullo de ser poblanos. Fueron colocados los cimientos, ahora toca seguir avanzando con sencillez, humildad y cercanía”, expresa el nuevo mandatario.
No hay más: habrá espacio para todos, más no permiso para cambiar sus planes, el de lograr en tiempo exprés la consolidación de su proyecto en 22 meses.
El escenario es el Auditorio Metropolitano, el mismo que escuchó su arranque a la minigubernatura. El patio de la Ibero, en la zona de Angelópolis, ahora se convierte en helipuerto para recibir a los 17 gobernadores del país que lo acompañan y a los presidentes de los partidos políticos que lo apoyaron.
La gente aplaude. Rosario Robles Berlanga, titular de la Sedatu, es la encargada de asegurar el respaldo del gobierno federal a la nueva gestión.

Gali corresponde. Aprovecha para mandar su mensaje de unión, pero a nivel nacional. De acompañamiento al Ejecutivo federal ante las adversidades que se pueden presentar por la relación con el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Su discurso se vuelca ahora a su responsabilidad como mandatario estatal. Ahora exige a su gabinete, después de tomarle protesta, trabajar “intensamente” por el breve periodo de la administración que encabeza y entregar resultados porque “las necesidades de la gente tienen prisa”. Tanta prisa como él por lograr sus metas.
Pero hace un tiempo para las bromas. Aunque la investidura pesa. “El gobierno puede hacer uso legítimo de la fuerza y no dudaré en usarla contra la delincuencia. Nadie está por encima de la ley. No me temblará la mano para dar tranquilidad a los poblanos”. La voz es firme, seria. La duda no cabe en el momento cumbre del inicio de su administración.
El tiempo pareciera correr en su contra. Él lo sabe, por eso hace un resumen general de su plan de gobierno y de las principales acciones. Los números ahora cubren el color. El cumplimiento de nueve compromisos en un mes, es la promesa.
Gali Fayad hace un espacio para reconocer a su antecesor, pero también reconocer que aún hay retos. Disminuir la desigualdad es su prioridad, razón por la que se pronuncia por un gobierno “con amplio sentido social” enfocado a las necesidades básicas de la sociedad.
“En esta casa cabemos todos y por eso me comprometo a construir un gobierno que escuche y que resuelva. La historia de Puebla es la historia de México, el futuro de Puebla es el futuro de México. Que Puebla siga caminando con las certezas y el progreso”, sentencia.
Y el coro “Tony, Tony” de miles de voces retumba. Es el inicio de un nuevo capítulo en la historia.

Invitados
En la toma de protesta, acompañaron a Gali 17 gobernadores, la titular de la Sedatu, Rosario Robles Berlanga, en representación del presidente Enrique Peña Nieto, así como José Luis Vergara, oficial Mayor de la Secretaría de la Marina, y Raúl Gámez, comandante de la XXV Zona Militar, de Puebla.
Estuvieron los ex gobernadores Rafael Moreno Valle, Guillermo Jiménez, Melquiades Morales y Mariano Piña Olaya, así como los embajadores Luis Fernández Cid, de España, Ibrahim Abdulkarim Mansoor, de Jordania, y Duncan John Rushworth, de Reino Unido.
Además, los dirigentes nacionales de PAN, Nueva Alianza y Movimiento Ciudadano, Ricardo Anaya, Luis Castro y Dante Delgado, así como representantes políticos, líderes empresariales y el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa.

