Por: Osvaldo Valencia / Foto: Archivo EsImagen

Lo que inició en 1992 con la simple fe de, a lo mucho, 300 fieles católicos, este 14 de abril se congregará a más de 150 mil creyentes y en una tarde podrán atiborrar las calles del Centro Histórico de Puebla.

Se trata de la procesión de Viernes Santo, una de las más importantes festividades del país, y de las más reconocidas en el mundo; pero, no siempre fue así, no siempre tuvo detrás de ella la fe de miles de feligreses.

Sergio Valdivia Bermúdez, director del semanario El mensajero, recuerda cómo nació el Viernes Santo.

“En 1992 nada más fueron aproximadamente unas 200 o 300 personas, y el recorrido fue muy corto, nada más de la Catedral (de Puebla) a Santo Domingo.”

El recorrido preparado para este año iniciará a las seis de la mañana, muchos feligreses guardarán ayuno en lo que es una tradición en la religión católica; acto seguido prepararán las imágenes más veneradas para la procesión con destino a la Catedral; a las 10:50 de la mañana comenzarán a arribar las imágenes al zócalo poblano.

A partir de las 12:00 del día comenzará el primer momento de la procesión a cargo del arzobispo Víctor Sánchez Espinoza, pese a su estado de salud. La devoción le pide estar en la fiesta.

La procesión iniciará en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, seguirá a Jesús de las tres Caídas, Virgen de Dolores del Carmen, y Jesús Nazareno de San José y al último el Señor de las Maravillas.

¿Por qué dejar al último al Señor de las Maravillas? Porque sin su presencia, la fiesta no tendría vida

“Fue en 1996, cuando salió por primera vez la imagen del Señor de las Maravillas, cuando fue el gran boom de la procesión. Sabemos muy bien que en Puebla y en toda la república hay una gran devoción por el Señor de las Maravillas y todo el mundo espera que él salga. Desde que él está miles de creyentes comenzaron a venir a la procesión, e incluso en los últimos cinco años ha incrementado en cientos de miles” relata Valdivia Bermúdez.

Tras el Señor de las Maravillas miles de feligreses llevarán su devoción a los portales del zócalo, a la avenida 11 sur, al templo de la señora de Guadalupe, para volver a tomar, nuevamente el atrio central de la catedral. Todo en un lapso de tres horas.

Desde  los más creyentes hasta tamborileros, niños vestidos de angelitos, grupos de hombres con matracas, grupos musicales, feligreses que van con cantos penitenciales y los que desconocen la fiesta, como los no creyentes y turistas de otros países, se suman a la celebración, el poder de la fe los atrae.

Lo que inicio con la simple fe de 300 gentes, se convirtió en una fiesta de miles de personas.

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