La Quinta Columna

Por: Mario Alberto Mejía /@QuintaMam

 

La foto lo dice todo.

Viernes pasado en el restaurante El Desafuero.

De izquierda a derecha: Fernando Manzanilla (sonriente), Juan Carlos Lastiri (más serio que sonriente), Jorge Estefan Chidiac (más sonriente que serio) y Enrique Doger Guerrero (sonriente, pero evasivo).

Originalmente, el diputado Estefan, dirigente estatal del PRI en Puebla, convocó a cenar a Lastiri y a Doger.

Manzanilla llegó a otra cita y pasó a saludar.

No faltó quien tomara la foto.

No faltó quien hiciera suposiciones al verla recorrer las redes sociales.

Están conspirando juntos, escribieron algunos usuarios.

Y todo con miras al 18.

No fue así.

Nada que ver.

Manzanilla se lleva bien con algunos de ellos.

Hasta ahí.

No está en la órbita del PRI hacer acuerdos con Morena o con el PES.

Ni por un lado ni por otro.

Estefan, Lastiri y Doger hablaron de lo que les incumbe:

La elección del Estado de México y los malos entendidos que de pronto flotan en el ambiente poblano.

Lastiri, por ejemplo, anda tras las huellas de lo que publicó el columnista Ricardo Morales sobre un supuesto desvío de recursos de la SEDESOL para inyectarlos a su precampaña por la gubernatura.

Eso le ha quitado el sueño.

No lo deja descansar.

Doger, en tanto, anda extrañamente tranquilo.

La mesura en persona.

Eso lo comentan amigos y enemigos.

Al día siguiente de la cena, Estefan se reunió con Alejandro Armenta.

Muchos priistas lo ven yéndose a Morena.

¿Será?

Por lo pronto, Armenta tiene agravios.

Y desde ahí construye.

 

Nota Bene: Manzanilla llegó a otra mesa con una persona no identificada.

Cuando vio a Estefan, Lastiri y Doger acudió a saludarlos.

Se sentó para la foto.

Cruzó con ellos un par de comentarios.

Y regresó a lo suyo…

Con la persona no identificada.

 

Los Buenos y los Malos de la Historia

La historia oficial expulsó a Porfirio Díaz de los discursos públicos desde hace varias décadas.

Pocas veces se destacan sus logros.

Se le quiere ver como el malo de la película por la feroz dictadura que encabezó y por sus alianzas ominosas con la iglesia católica.

Ahí está, en el cajón donde yacen, entre otros, Victoriano Huerta, Maximiliano, Mejía y Miramón.

Ponderar a alguno de ellos en público es políticamente incorrecto.

Ellos, faltaba más, son los dueños de los peores calificativos: “chacal”, “traidor”, “afrancesado”.

En la mayoría de los actos públicos del 2 de abril —en los que se habla de los héroes de esa célebre batalla que liberó a Puebla de los franceses— se omite el nombre del general Porfirio Díaz.

El “error” de éste —entre otros varios— fue haber sobrevivido a Benito Juárez, que, de no haber muerto, se hubiera eternizado en el poder.

Antes de morir, Juárez se había hecho reelegir ¡4 veces!

La historia oficial es tan hipócrita y simuladora que hizo de Juárez un héroe y de don Porfirio un villano.

El silencio en este día sobre el general Díaz es una prueba brutal de nuestro provincianismo.

Nos hemos convertido —quién lo dijera— en una novela de Ibargüengoitia.

Por todo lo anterior es de destacar que en el discurso oficial que el gobierno de Puebla organizó para celebrar el 2 de abril, el diputado Luis Maldonado Venegas haya mencionado minuciosamente la hoja de ruta del general Díaz.

Y es que esa batalla tuvo otro significado que le sirvió a Juárez para pasar como el “bueno” de la película: fue el principio del fin del Segundo Imperio.