Por: Osvaldo Valencia / Fotos: Francisco Guasco

Rubén Sarabia Sánchez Simitrio regresó a las viejas formas de presión contra el gobierno para obtener su liberación inmediata, movilizó a la Unión Popular de Vendedores de Ambulantes (UPVA) “28 de octubre” para tomar, como rehenes, las calles del primer cuadro de la ciudad de Puebla.

Pese a que uno de los acuerdos para la obtención de la liberación del líder de la “28 de octubre” era el cese de las marchas de esta agrupación, de acuerdo con fuentes dignas de crédito y cercanas al caso, la UPVA 28 de octubre se adueñó de distintos puntos de la capital poblana para exigir la libertad absoluta de su titular.

El lunes, desde las 13:30 horas, comentan testigos de la manifestación que camionetas, carros particulares, autobuses y minivans, decoradas con globos, banderas y pancartas rojas y blancas, los colores característicos de la 28, se postraron sobre la calle 16 de septiembre, entre el bulevar Valsequillo y la avenida Reforma.

Desde el bulevar 5 de Mayo, pasando por El Carmen, Las Margaritas, la Zona Militar, entre otros puntos, los integrantes de la UPVA arribaron a Casa Aguayo con consignas como "libertad inmediata a Simitrio, libertad para todos los presos políticos" y condenas de colusión entre el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Puebla, mismas que se perdían entre las bocinas de los vehículos particulares, maniatados por el caos vial que provocó la movilización que duró más de dos horas.

En las banquetas, sus afiliados repartían panfletos con las mismas demandas que pregonaban en sus altavoces y bocinas.

Trabajadores del transporte público comentaron que, por ejemplo, para avanzar dos calles llegaron a tardar más de 30 minutos.

Simitrio fue aprehendido, por segunda vez, en diciembre de 2014 tras haber sido acusado en Tlaxcala del ilícito de un predio que se encuentra en la zona limítrofe de San Pablo del Monte y que denunciara un particular de dicho municipio.

La primera ocasión en la que el líder de la “28 de octubre” fue enviado a prisión fue en 1989, condenado a purgar una sentencia de 25 años por los delitos de secuestro y robo de un vehículo.

A pesar de obtener su aprehensión domiciliaria en este año, desde su departamento en la Unidad Habitacional Villa Frontera –al norte de la capital poblana– ahorca las calles en busca de su libertad, sin importarle desquiciar la ciudad.

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