Captura de pantalla 2017-04-23 a las 10.18.08

El recinto al interior del edificio Carolino, el antiguo Colegio de la Compañía de Jesús, que alberga entre sus paredes un vasto almacén del conocimiento, es paso obligado para quienes visiten Puebla

Por: Luis Conde / @luis_cond

Centro de estudios, lugar de consulta,almacén de conocimientos del pasado, salvaguarda de la ciencia que fundó la edad moderna y hasta campo de batalla. La biblioteca José María Lafragua almacena cerca de 90 mil volúmenes que ofrecen una singular variedad temática.

Libros sobre derecho, arquitectura, religión,medicina matemáticas y astronomía son sólo algunos de los temas con los que las mentes poblanas y de Latinoamérica se han maravillado al adentrarse entre páginas que guardan siglos de conocimientos en sus páginas amarillas.

La compañía de Jesús fue la orden que dio inicio a la edificación de la biblioteca que se esconde entre pasillos silenciosos.

Dentro del recinto, los libros parecen no estar protegidos, sus cuerpos caídos como guerreros en el campo de batalla apenas se sostienen de sus compañeros de al lado.

Desgastados y sin cobertura, la mayoría de ellos sostienen sus hojas apenas adheridas entre la oscuridad de los repositorios en las entrañas del edificio Carolino, el antiguo colegio de la compañía de Jesús y que ahora, es el alma de la Benemérita UniversidadAutónoma de Puebla.

Entre los cerca de 90 mil volúmenes de libros, destacan los ejemplares incunables, que son libros impresos en los 50 años posteriores a la invención de la imprenta de tipos movibles.

Esos son los fundadores del conocimiento actual.

Entre la colección de 16 incunables que existen en la biblioteca históricaJosé María Lafragua, destacan las expediciones de Napoleón Bonaparte y el ejército francés a Egipto y dos códices de la cultura mixteca que datan del siglo XVI.

La primera y única edición de la Ópera Medicinaria, que abarca cuatro estudios del médico español Francisco Bravo, descansa entre las bóvedas protegidas por los muros del siglo XVIII, pero no es el único, el Martillo de las Brujas, libro del siglo XV, alberga entre sus páginas los instrumentos de tortura y dictó el instrumento legitimador acerca de la brujería.

Pero el acervo de la biblioteca José María Lafragua no se limita a libros antiguos, sino que contempla también colecciones de revistas, tesis, publicaciones periódicas como de La Abeja Poblana-primer periódico impreso en el estado de Puebla- y más de 2 mil grabados de la escuela de Bellas Artes de Puebla, los mismos  que se utilizaban para instruir a los nuevos artistas.

Pero más allá de lo que pueden mirar los ojos, reposan dos colecciones únicas entre la oscuridad. Se trata de herbolarios provenientes de Bélgica y de Francia y algo que

llena de orgullo a la colección de la biblioteca, un herbolario poblano con cerca de mil muestras de plantas de la región que está fechado en el año de 1821, lo que lo hace en el libro más antiguo de ese tipo del que se tiene conocimiento.

Sin embargo, la vida de la biblioteca José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla no se sostiene por sí misma.

Manos trabajadoras y una mente ambiciosa le han dado un segundo aire a los viejos que descansan en las estanterías. Manuel de Santiago Hernández, director de la biblioteca y orgulloso originario de Tehuacán, fue la persona encargada de “desenterrar” el recinto, de quitar la tierra de las cajas vulnerables y de otorgarle el reconocimiento actual a uno de los acervos más grandes de Latinoamérica.

El guardián

Manuel de Santiago Hernández es originario de Tehuacán, en el estado de Puebla, es el encargado desde hace 10 años de proteger con cabal responsabilidad los cerca de 90 mil ejemplares de la biblioteca.

Con estudios en Historia, Manuel de Santiago sabe el valor intangible del material que se esconde de las vistas ordinarias.

En su oficina que no escapa del estilo del resto del edificio Carolino, Manuel de Santiago, rodeado de libros, comenta que su vida en la biblioteca comenzó mucho antes de estar al frente de la misma.

Primero como usuario, y ahora como director, de Santiago sabe que la biblioteca histórica José María Lafragua está bajo el cuidado del equipo “más especializado de todo México”, entre conservadores, catalogadores, personal de control bibliográfico y especialistas en tecnologías de la información para digitalizar los libros pues, “Son la base del conocimiento actual”.

Las acciones

Desde que Manuel de Santiago Hernández pisó la dirección de la antigua biblioteca del Colegio de Espíritu Santo, el olor de la historia inundó su persona. Supo que era ahí cuando debía compartir ese conocimiento del cual, después de tantos años, no ha podido dejar de adquirir.

Exposiciones y conferencias son sólo alguna de las acciones implementadas para dar a conocer el impacto de la biblioteca.

“Conservar la materialidad”

El conocimiento es el mejor legado que puede dejar el ser humano a las generaciones posteriores, es por ello que Manuel de Santiago se ha dedicado a innovar en cuanto a conservación y protección legal de cada uno de los libros que están bajo su custodia.

La biblioteca José María Lafragua ofrece un amplio repertorio para la investigación y para difusión social, es por ello que el cuidado del material que descansa en los repositorios está bajo el cuidado de personas como Manuel de Santiago Hernández, quien ha impulsado el impacto del acervo de la biblioteca José María Lafragua, pues junto con la Biblioteca Franciscana —a cargo de la Universidad de las Américas Puebla— forma parte del proyecto Primeros Libros de las Américas, programa que busca integrar en un solo acervo aquellos libros que fueron editados e impresos en el territorio americano.

Además, el acervo de la antigua biblioteca del Colegio del Espíritu Santo, junto con el de la Biblioteca Palafoxiana, forma parte de Google Art Project en Latinoamérica por la   importancia de los materiales bibliográficos que resguardan.

Este proyecto está integrado sólo por la biblioteca de la Universidad de

Texas, en Estados Unidos, la biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid, la de la Universidad de Salamanca, en España y por la biblioteca John Carter Brow, también en los Estados Unidos.

La misión de Manuel de Santiago Hernández al frente de los 90 mil libros históricos es bastante clara: conservar el material que custodia para su estudio y la conservación del conocimiento de los siglos pasados escondido entre esos “libros extraordinarios” porque para él, esa es la base, “conservar la materialidad”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *