El periodista describe cómo la venta de combustible de manera ilegal es una práctica cotidiana, relata cómo los habitantes de la región consideran a los ladrones como héroes, también cita a un fucionario, quien funge como “protector” en complicidad con pobladores
Redacción
El robo de hidrocarburo en el estado de Puebla traspasó las fronteras nacionales. El reportero de The New York Times, Kirk Semple, llegó a San Salvador Huixcolotla, ubicado en la franja del huachicol, donde –describe– cómo la venta del combustible extraído de forma ilegal de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) es una práctica normal.
Lo más grave, –revela– es cómo los chupaductos obtienen el derivado para venderlo en el mercado negro de México, incluso en Estados Unidos y Centroamérica.
A la sombra de autoridades, principalmente de Pemex, –refiere Semple– que los huachicoleros son vistos como héroes porque aportan mayores ingresos: “los ladrones son vistos como símiles de Robin Hood”.
The New York Times, en su publicación, cita a un funcionario municipal, sin revelar su nombre, quien explica por qué los pobladores del cinturón de robo de hidrocarburo brindan protección a los chupaductos. “Todo el mundo es cómplice”, porque no dejan entrar a elementos policiacos ni del Ejército mexicano.
Con cifras oficiales, el diario estadounidense afirma que todos los días una cifra superior a los 5.5 millones de litros de hidrocarburo son robados de Pemex, desde las refinerías hasta las gasolineras.
Agrega que durante 2009 fueron detectadas 462 tomas clandestinas en los ductos de la petrolera por donde fueron extraídos 477 mil litros al día. En 2016, fueron descubiertas seis mil 873 casos de ordeña en las arterias de Pemex.
En Puebla, el año pasado fueron halladas más de mil 500 tomas ilegales, “casi el doble de los que detectaron en 2015 y casi una cuarta parte del total nacional”, apunta The New York Times al citar declaraciones de funcionarios federales.
La publicación añade que las bandas dedicadas al robo de combustible surgieron cuando el entonces presidente de la República, Felipe Calderón, emprendió la guerra contra el crimen organizado, en específico, contra los cárteles del narcotráfico.
En su administración, nacieron células que decidieron cambiar su giro y la extracción de hidrocarburo de los ductos de Pemex fue, en Puebla, la principal actividad.

