La Loca de la Familia
Por: Alejandra Gómez Macchia
Según los expertos, los Millennials somos todos los sujetos que nacimos entre 1982 y 1995.
No entiendo muy bien el criterio de los “expertos”. Aunque bueno… los autodenominados “expertos” tienden siempre a exagerar las cosas.
Esos árbitros generacionales son por lo general Baby Boomers, es decir, señores o señoras que hoy le pican al sesentón. Los muchachones que ya en la década de los 70 usaban zapatos “Ringo” Canadá y pantalones de campana. Aquellos cuyas cabezas emulaban musgos gigantes; adictos a la laca y la brillantina Wildroot. Los chicos de postguerra, hijos del Watergate, chaviza que nació entre el 46 y el 65.
Ellos, los “expertos”, señalan a los Millennials como una de las generaciones más patéticas y abúlicas. Más que la así llamada Generación X, de la que no se esperaba absolutamente nada bueno.
Recuerdo que cuando yo era pequeña, juraba que sería parte de la Generación X alienada con el Atari. Los fantasmines del Pacman.
Es al fotógrafo Robert Capa a quien se le debe el nombre de dicha generación, a la cual (ahora me entero) pertenece mi madre y no yo.
Los X están marcados por estigmas muy bleedings. Cada cicatriz de los chicos nacidos entre 1960 y 1981 tiene un nombre infamante:
Moretón Pamela Anderson
Chupetón Kim Basinger
Arponazo Kurt Cobain
Arañazo Van Dame
Uf…
Yo siempre creí que era miembro activo de la generación X porque pasé mi infancia escuchando a Beck y viendo videos en MTV. Me sé diálogos completos de Karate Kid.
Mi primer calentón fue gracias a las licras de Axl Rose y era de esas que juraban que llegando el año 2000 tendría una patineta voladora como la de Marty McFly en Back to the future.
Pero ahora resulta que no. ¡Que soy una pinche Millennial más!
Nací justo en el año de la transición generacional. Soy hija directa de los zombis de Thriller y del gobierno de Miguel de la Madrid. Del Avalon de Roxy Music.
Cuando yo llegué a este mundo a complicarle la vida a mis padres, en la radio sonaba 666 de Number of the beast (de Maiden) y Pornography de The who. Pero también, mi sístole y diástole estaban marcados por las primera tonadas sosas de los hoy llamados Timbirrucos, es decir, Timbiriche.
Ese año, un viejo amigo teporochín fue a ver The Wall en un cinote de la Ciudad de México en el que le daban chance de meter su pollo rostizado. Ahí, en ese mismo cine enorme, entró a ver Fitzcarraldo de Herzog y E.T (y en ambas también metió a la sala su famoso pollo rostizado).
¡Qué confusión!
Ahora dicen que gracias al patetismo natural de los Millennials, Trump llegó al poder.
Los Millennials… a los que les pones un casete en la mesa y creen que son artefactos del paleolítico.
Los Millennials… que lo único que saben de David Carradine es que el “el ruco” de Kill Bill y que, según Google, fue encontrado muerto en un hotel con una bragas femeninas puestas.
Los Millennials… que prefieren el Chai al Single Malt.
Los Millenials… que cada día se alejan más del vicio y el fornicio.
Ante este panorama desolador, me niego a ser Millennial.
