Por Ignacio Juárez 

Una nueva generación de reporteros deambula por las calles, colonias y municipios de Puebla para sentar un precedente en el ejercicio periodístico poblano.

Los integrantes de esa generación lo mismo aguardan pacientes los textos, imágenes y diseños en la redacción de la Torre JV 2, en Angelópolis, u observan, escudriñan, atrapan, sienten, se apasionan, sufren, se indignan y proyectan a través de una extraordinaria narrativa lo que ocurre ene una parte de la realidad que nos atrapa.

Mezquino como suele ser nuestro gremio, muy pocos han tenido la generosidad de reconocer su talento y esfuerzo. Más de uno se ha ido de espaldas al enterarse que esa nueva generación de periodistas tiene edades entre 21 y 30 años de edad. O que la mayoría no tiene más de tres años de experiencia en medios de comunicación.

No se explican cómo plumas prodigiosas, diseños editoriales vanguardistas, crónicas que calan los huesos puedan ser producto de unos mocosos imberbes.

Lo que no saben es que esa nueva generación sólo cuenta con tres armas: talento, disposición y humildad.

Es una nueva generación que detesta ese ejercicio periodístico en el que el reportero es la nota. Estos mocosos no necesitan de un ego inflamado para ser alguien porque lo que son lo vierten en cada paso, en cada letra, en cada viaje, en cada encuentro –a veces demoledor– con la realidad.

Mario Galeana Juárez es parte de esa nueva generación. Dueño de una pluma exquisita.  Es una suerte de periodista, contador de historias y escritor en ciernes.

Cuando Mario Alberto Mejía me pidió referencias de él, lo único que pude decirle fue que era un auténtico garbanzo de libra. A los pocos meses, el mismo Mario Alberto agregó: Un garbanzo de libra que surge una vez cada 10 años.

Es nuestro festejado y nos congratula su éxito. Pero no es el único. A su lado caminan otras reporteras y reporteros que, sin presunción ni falsa modestia, han logrado madurar y refinar su olfato periodístico en un tiempo récord.

Tuve la fortuna de encontrarlos en la empresa más anti periodística  en la que haya trabajado. Paradojas de la vida.

Y cada uno ha tenido un crecimiento excepcional a base de tezón y humildad. Hoy, por ejemplo, ocupan las principales jefaturas de 24 Horas Puebla pese a que comenzaron desde cero hace apenas un año y siete meses. Uno es jefe de la web, otra es jefa de edición, una más es la jefa de información, otros dos son los mejores diseñadores editoriales de Puebla (a otro lo conocí después y es un extraordinario talento).

Festejamos el triunfo de Mario Galeana porque refleja el espíritu de 24 Horas Puebla: es preferible formar a tu propia gente que apostar por las vacas sagradas –y holgazanas–.

Cuando surgió 24 Horas Puebla no tenía duda que esa era la apuesta. Mario Alberto Mejía lo asumió como su mantra.

Hoy, esa nueva generación –a la que reporteros de “medio pelo” se han atrevido a llamar texto servidores– camina, sueña y nos deleita con una nueva narrativa.

Nuestra redacción refleja el espíritu de 24 Horas Puebla: es preferible formar a tu propia gente que apostar por las vacas sagradas.
Nuestra redacción refleja el espíritu de 24 Horas Puebla: es preferible formar a tu propia gente que apostar por las vacas sagradas.

 

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