Bitácora
Por: Pascal Beltrán del Río
La sorpresa de la campaña por la gubernatura del Estado de México se llama Juan Zepeda.
Los tres principales candidatos al cargo –Alfredo del Mazo, Delfina Gómez y Josefina Vázquez Mota– han hecho campaña con grandes apoyos. Sin embargo, ninguno de los tres ha crecido tan rápido en visibilidad como el perredista Zepeda.
Del Mazo ha tenido el apoyo indudable del gobierno federal. A Delfina es imposible verla sin estar acompañada de López Obrador. Y la candidatura de Josefina es lo único en lo que parecen estar de acuerdo los altos dirigentes del panismo.
¿Y Zepeda? El exalcalde de Nezahualcóyotl ha tenido que hacer campaña sobre la espalda de un partido resquebrajado.
Para su mala suerte, la defección de un grupo de senadores del PRD ocurrió a los tres días de iniciada la campaña en el Estado de México. Para nominar a Zepeda, el PRD debió primero cancelar un proceso interno, en el que aquél contendería por la candidatura con otros tres.
Al cuarto para las 12, y luego de una discusión acalorada, el Comité Ejecutivo Nacional del partido decidió “atraer la selección del candidato a gobernador”, cosa que fue impugnada por Nueva Izquierda, la corriente más numerosa del PRD.
La propuesta fue presentada por la dirigente nacional Alejandra Barrales –al advertir “falta de certeza” en la realización del proceso interno– y fue respaldada por 15 integrantes del CEN al tiempo que otros ocho la rechazaron.
A pesar de que los aspirantes a la candidatura ya habían sembrado las principales vías del territorio mexiquense con espectaculares, se resolvió que fuera una encuesta la que decidiera quién contendería.
Peor no podía empezar la campaña para el PRD. Las negociaciones para una alianza con el PAN –como las que triunfaron el año pasado en Veracruz, Durango y Quintana Roo– habían fracasado. La imagen del partido estaba hecha añicos. La militancia en varios estados brincaba del barco para irse a Morena. Y, para acabarla de amolar, se vislumbraba un conflicto interno entre las corrientes perredistas en el Estado de México.
Antes del arranque formal de la campaña, entrevisté a Juan Zepeda, quien había alcanzado la nominación. Me aseguró que la suya sería una candidatura competitiva. La verdad no le creí.
Me sigue pareciendo que Zepeda no tiene lo suficiente para ganar en las urnas el domingo 4 de junio, pero si su candidatura sigue creciendo –guarecida del lodazal en el que se han metido los tres candidatos principales–, quién sabe.
Recordemos que el año pasado en Chihuahua el panista Javier Corral vino de atrás para ganar, cuando todo mundo creía que la elección de gobernador se definiría entre el priista Enrique Serrano y el independiente José Luis Chacho Barraza.
Si hemos de creer en las encuestas, la diferencia entre el primer lugar y el cuarto, donde se encontraría Zepeda –aunque él dice otra cosa–, no es tan grande.
Ya no hablamos de una elección a tercios en el Estado de México sino a cuartos.
Pero no me crea a mí. Los presuntos acercamientos que ha habido de Morena hacia el PRD –para buscar la declinación de Zepeda por Delfina– son la mejor prueba del crecimiento de la candidatura de aquél. No olvidemos que hace menos de un mes se hablaba de cómo el PRD se desfondaba mientras Morena cachaba a todos los que huían.
La gran pregunta es qué harán Zepeda y el PRD. A la pregunta de si declinará, el candidato perredista ha dicho que se cansó de “rogarle” a Morena para formalizar una alianza, pero que ésta no se dio. “Hubo oídos sordos”, contó hace unos días. “Ahora lo que toca es competir”.
¿Se habrá equivocado Morena al extender al PRD un certificado de defunción de forma anticipada?
Es difícil saber si el Estado de México es una excepción o la norma en el panorama nacional del PRD. Lo cierto es que la candidatura de Zepeda parece la mejor carta del partido para fincar su sobrevivencia.
Hasta ahora Zepeda no ha recibido el apoyo de los grandes cuadros del PRD, como sus gobernadores. A lo mejor es cuestión de tiempo para que los veamos aparecer en sus actos de campaña.
Lo cierto es que, a reserva de lo que digan las urnas el mes que entra, Alejandra Barrales parece haber hecho una buena apuesta. ¿Se lo reconocerán?
