
La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía
Juan José Rodríguez Prats fue un fracasado en el PRI y, ahora se ve, sigue siendo un fracasado en el PAN.
Sus 25 años como priista lo demuestran.
Nunca tuvo un cargo de importancia.
Siempre fue empleado de funcionarios mediocres.
Salinas de Gortari lo hizo diputado federal, y el chiapaneco que se autodenomina tabasqueño no hizo nada importante en la última legislatura de ese sexenio.
Luego contendió ya como panista en contra de Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador.
Quedó en tercer lugar.
Se le recuerda porque como senador del PAN justificó airadamente el fraude electoral que Vicente Fox y amigos cometieron en contra de López Obrador.
Y no lo hizo para apoyar a Felipe Calderón, a quien ya detestaba por entonces, sino para congraciarse con Fox, quien le regaló el escaño en Xicoténcatl.
A Calderón nunca lo quiso porque en su sexenio no le dieron nada.
Se refugió entonces con Brozo: el payasito despintado.
Ahí gritaba y vociferaba contra todos.
Es su estilo.
Siempre lo fue.
El mejor retrato hablado de él lo hizo en su momento Manuel Bartlett.
(Cada vez que Rodríguez Prats venía a Puebla lo descalificaba abiertamente).
El gobernador hacía lo mismo, aunque con elegancia: “Siempre ha sido un resentido. Es un loquito”.
La vida útil de Rodríguez Prats se acabó cuando Brozo fue echado a la calle por Emilio Azcárraga Jean.
Ya con Ricardo Anaya en la dirigencia nacional del PAN, alguien le dio una “chambita” en la burocracia del albiazul.
Ahí medra.
Desde ahí conspira.
Ya se ve: no ha superado el odio que le guardaba a Calderón.
El sábado pasado, los rencores afloraron al seno del Consejo Nacional del PAN.
Rodríguez Prats sacó un piolet y lo enterró en la cabeza de Calderón siete centímetros adentro.
(En el mejor estilo del asesinato de Trotsky).
La prensa nacional ya reveló lo dicho en contra de Calderón y dio cuenta de la amenaza de éste en el sentido de abandonar el partido en el que milita.
Los señalamientos de que Calderón estaba borracho —que tanta risa provocaron en varios consejeros— no fue lo peor.
Lo peor vino cuando Rodríguez Prats le gritó al ex presidente de México que no les quisiera imponer como candidata a Los Pinos a Margarita Zavala.
Pese a su gris trayectoria, el chiapaneco de nacimiento logró meter la duda no sólo entre los panistas sino entre los ciudadanos que ven, escuchan y leen noticias: “De ganar Margarita, el verdadero presidente sería Felipe. Él la manipularía y se metería en todo”.
¿Alguien lo duda?
El autoritarismo de Calderón lo vivimos seis años y hasta el ex presidente Fox lo padeció.
A sus íntimos les dijo que cada vez que iba a Los Pinos, convocado por Calderón, éste lo hacía entrar por una puerta anexa “para que nadie se diera cuenta de su visita”.
La reacción furibunda de Calderón en el Consejo Nacional dejó ver a un hombre enojado —furioso—, al grado que le advirtió a Rodríguez Prats que le iba a contestar —sus juicios— y que no le iba a “pegar”.
Calderón está descompuesto.
Margarita está descompuesta.
El riesgo de que Acción Nacional reviente se da en el momento en que este partido disputa el primer lugar de las encuestas con el partido de López Obrador.
La sangre está por llegar.
El golpe de piolet fue brutal y sacó lo peor de Calderón.
Nota Bene: Hay que ver quién mueve los hilos de Rodríguez Prats para saber de dónde vienen los golpes contra el matrimonio Calderón.
¿Quién trajo a nuestro personaje hace unos días para hablar mal de Margarita Zavala y Moreno Valle?
Humberto Aguilar Coronado, empleado a sueldo de Santiago Creel.
¿Quién cilindrea a Rodríguez Prats?
El empleado y el jefe.
¿A quién impulsa con todo Rodríguez Prats?
A Ricardo Anaya.
Calderón y su mujer ya lo deben saber.
La guerra del fin del mundo en el PAN está por iniciar.
