Lector Curioso
Por Rebeca Alcaide /@rebeccaalcaide
Como ya lo he expuesto en mis columnas que antecedieron a esta, la democracia es el fruto de un Estado liberal en el cual se constituyen los Derechos humanos, al hacer efectiva la distribución del poder sin distinciones de cualquier índole. Puesto que la democracia debe ser entendida no sólo como el concentrado etimológico de “demos” (pueblo) y “kratos” (poder) es decir, del poder dado por el pueblo sino, como la manifestación social para gozar de las mismas condiciones y oportunidades entre los hombres, como lo llamaba Tocqueville: “un espíritu igualitario”.
Es por ello, que al acercarnos a la concepción moderna de democracia no podemos dejar de pensar en la interdisciplinariedad que conlleva, pues, es allí donde el pueblo designa por unanimidad la representación del mismo en los ámbitos ideológicos, políticos y económicos, como lo menciona el recién fallecido Sartori, y cuyos efectos son imprescindible para analizar a la democracia desde sus distintas realidades que a su vez, se fundamentan en un sistema que persigue alcanzar el ideal democrático.
A continuación distinguiremos entre las dimensiones de la democracia para perfilarla como un medio garante de los derechos humanos.
La democracia política es la igualdad de condiciones en el ámbito jurídico-político que permiten al hombre desarrollarse de conformidad a la norma para poder ejercitar sus libertades y derechos como un derecho fundamental.
Por otro lado la democracia social es una condición de vida –status– generalizada, a la que cualquier miembro de la sociedad puede acceder debido a qué son estos los que determinan su forma de vida, mediante una superestructura política integrada por micro y macro democracias.
En el caso de la democracia económica se da en el contexto laboral, cuyas prácticas se institucionalizan entre el sector empresarial y sindicatos; buscando eliminar la brecha entre la riqueza y la pobreza, a través de una redistribución generalizada de la riqueza. Y es también en la economía donde se fortalece la democracia, pues consigue igualar las condiciones de vida entre los hombres.
Ahora bien, si partimos desde la axiología de la democracia, tendremos que recurrir a la igualdad como principio garante de un Estado democrático, será evidente la vinculación de las naciones para generar organizaciones en las que confluya la voluntad común de los hombres; un claro ejemplo de ello es el Tratado de Versalles, cuyo objetivo es garantizar la paz y seguridad mediante la justicia. Sin embrago, dicho tratado no daría los frutos esperados, pues poco tiempo después estallaría la Segunda Guerra Mundial en la que se cometerían un sinfín de violaciones a la paz, seguridad y justicia.
De tal suerte, las naciones suscriben la Carta de las Naciones Unidas. En la cual es importante resaltar la proclamación y defensa de los valores contenidos en el párrafo segundo del preámbulo de dicho instrumento, que manifiesta haber resulto: “reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas; a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.”
