El vendaval de agresiones en redes sociales sobre Vielka obligó a su madre, Viridiana Pulido Juárez, a ofrecer una conferencia de prensa para disculparse de manera pública por las acciones de su hija.

Por: Mario Galeana

Cuidado: usted puede ser un monstruo. Pero alégrese: su vecino también puede ser un monstruo. No hay que dejar de estar alerta. Porque cualquier persona, en cualquier momento, podría notar que usted –y su vecino– pueden ser monstruos.

Es, a veces, cuestión de horas. Puede, por ejemplo, ir a la cama y amanecer siendo el más vil, la acumulación de los peores defectos de la condición humana: usted puede ser –mañana, pasado, el siguiente mes– el enemigo público número uno de las redes sociales.

Convertirse –tan fácil– en el próximo #LordMiseria o la futura #LadyRuindad.

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A Vielka P. le pasó el martes. Hay pocas cosas que los adolescentes como Vielka no suban a sus propios perfiles hoy en día, sobre todo si se trata de Instagram. Allí, ella publicó un video en el que le pide a otra chica, Paulina R., disculparse ante ella de rodillas. Paulina se hinca y alza la vista hacia el móvil con cierto esbozo de sonrisa sarcástica, mientras otros chicos miran, chicos que están en el parque, tranquilos, sin que la imagen de una adolescente hincada frente a otra los asombre.

Parece que Paulina ha hablado mal de Vielka y de su madre entre sus amigos: “¿Te consta que es falso o es verdad?”, la interroga Vielka. “Es falso”, reconoce Paulina. “¿Y por qué lo dijiste?”, le insiste. “Por mamar”, contesta.

Ese corto diálogo entre ambas fue suficiente para que los medios locales tomaran el video desde la cuenta de Instagram de Vielka y lo hicieran viral. En las notas la llamaron #LadyHumilladora y, algunos, detallaron el nombre de la escuela en la que estudia y la colonia en la que vive. Hasta ayer, el caso había sido retomado por unos cuantos medios nacionales –como Imagen Noticias y Excélsior– y muchos otros medios regionales del país.

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La necesidad de clics, likes y shares ha degradado intempestivamente el rigor informativo de la prensa: pocos medios superan la inmediatez y la superficialidad de los hechos, aunque muchos –muchísimos– están ávidos de crear sus propios monstruos: sus Lords y Ladies. Cada noticia de este tipo está dedicada a remover la irascibilidad de cada usuario hasta convertirla en estadística: ¿cuántos periodistas no se ufanan del número viewers que recogen sus transmisiones en vivo a través de las redes sociales? ¿Cuántos de esos espectadores no llegaron a convertirse en lectores de esos medios precisamente por noticias como el nacimiento de un nuevo #LordMiseria?

En el caso de Vielka, los medios se han superado. Varios portales informativos han divulgado que existen “rumores” en torno a su vida, y ya se sabe que cuando se trata de incendiar un linchamiento mediático los rumores estarán siempre por encima de los hechos, y el cotilleo por encima de la ética periodística. La señalan de tener acceso a armas de fuego porque “su padre es narco y su madre, prostituta”.

Eso es, para algunos, lo que significa el periodismo. Un escalón moral desde el cual es posible juzgar absolutamente a todos sin el menor dejo de duda: porque todos somos monstruos, pero al menos hoy el monstruo es otro.

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El vendaval de agresiones en redes sociales sobre Vielka obligó a su madre, Viridiana Pulido Juárez, a ofrecer una conferencia de prensa para disculparse públicamente por el comportamiento de su hija y el video en el que Paulina es obligada a excusarse de rodillas.

Viridiana parecía profundamente incómoda en medio de un par de docenas de reporteros de televisión, radio y prensa escrita. Ella llegó junto a un abogado, un par de amigas y un par de adolescentes más que seguramente eran amigas de Vielka.

Dijo que su familia ya estaba tomando “las medidas pertinentes para que la situación no se repita”. “No apruebo de ninguna manera la acción que tomó mi hija”, dijo, “pero sí hubo una serie de antecedentes para que ella hiciera esto, como bullying  y agresiones físicas por parte de otras cinco menores”.

Por ratos, la conferencia de prensa de Viridiana parecía más una especie de súplica, porque cada tanto repetía su petición de que “ustedes –es decir, los medios–, por favor, ya no transmitan el video”.

—¿Por qué? —preguntó algún reportero.

—La gente se ha sentido muy enfadada porque se humilló a la otra niña, pero ahora ellos son los que están atacando, amenazando y humillando a mi hija. No hay que perder de vista que ambas son menores de edad —respondió.

Y a mí me sonó tan lógico, tan enteramente cierto. Y a la vez tan fútil, tan innecesario. Porque la maquinaria de noticias ya ha echado a andar su nueva creación, su #LadyHumilladora. Porque la espesura que brama al otro lado de la pantalla no oye –¿o es que hay alguien que haya podido hablar con una turba?–.

Y, sobre todo, porque los #LordNoticia ya han decidido sacrificar a las personas por los clics, y no parece que haya punto de retorno.

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Le pregunté a René Lazar Acosta, el abogado de la madre de Vielka, si habían solicitado algún derecho de réplica ante los medios.

—No, por ahora no.

Le pregunté qué ocurría, en estricto sentido legal, cuando los medios utilizan la imagen de una menor de edad para degradarla.

—Bueno, lo primero es que hay protección de datos, así que deben omitirse los nombres. Algunos medios no sólo han dado los nombres de las menores, sino que también han manejado otras situaciones.

Y, antes de que pudiera preguntarle algo más, se apresuró a agregar:

—Lo más conveniente es cerrar, terminar este asunto. Que eso sirva como ejemplo para los menores. No se trata de generar más problemas ni de ir en contra de nadie, ni de tomar revancha de alguna manera.

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Este tipo de noticias ha ido ganando terreno en los espacios de la prensa. Desde 2016, el diario El Universal publica cada mes de diciembre una especie de anuario del horror, un recuento de los Lords y Ladies que nacieron a lo largo del año. El surgimiento de cada uno de ellos y ellas es producido con una efervescencia que sólo puede ser equiparable a su desaparición, porque siempre son sustituidos rápidamente por alguien más.

Así que cuidado: porque usted puede ser un monstruo. Pero alégrese: su vecino también puede ser un monstruo. Un monstruo humillado. Sólo hay que estar alerta.

 

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