En menos de 30 minutos encaró a un reportero, calló a una maestra que exponía sus vicisitudes y sólo respondió una pregunta
Por: Mario Galeana
Miguel Barbosa llegó sonriente, pero apenas entró al auditorio hizo una mueca al descubrir que hablaría ante un foro semivacío, con unos 50 universitarios desperdigados entre las butacas.
Ese fue el inicio de una conferencia que intentará olvidar en los siguientes días, antes de que inicie campaña por el gobierno del estado.
En menos de 30 minutos encaró a un reportero por grabar su discurso, calló a una maestra que le exponía a detalle las vicisitudes que enfrentan los médicos veterinarios al buscar empleo, y sólo quiso responder una pregunta del auditorio.
“Tengo otras cosas que hacer”, dijo. Y salió sin recibir el reconocimiento que la Universidad Realística entregó ayer a los cuatro candidatos que acudieron a un foro organizado para que sus estudiantes reflexionaran sobre su voto.
Nada indicaba que el día terminaría así. Al llegar al foro, Barbosa habló por 15 minutos con la prensa. No sólo bromeó con los reporteros, sino que incluso les reprochó no haber dado prioridad a una declaración del magistrado presidente Fernando Chevalier, quien supuestamente dijo que su rival, Martha Erika Alonso, encabezaba las encuestas.
“¿Por qué no fue para ustedes nota que el presidente de un órgano jurisdiccional tenga una opinión frente a los índices de medición? ¡Escríbanlo!”, les ordenó entre risas.
Su buen humor acabó 20 minutos más tarde, cuando ocupaba la silla principal del foro No la Riegues, Infórmate, Participa y Vota.
Hasta entonces, su discurso había girado en torno a la pobreza en el estado, su potencial económico, los índices de criminalidad… pero todo acabó cuando vio, en el centro de la segunda fila de butacas, a un reportero del portal de noticias Contraparte grabando sus palabras con el teléfono celular.
—Si yo sigo hablando de propuestas, violo la ley. Por eso la característica de un evento de estos en intercampaña es que no se hagan propuestas (…) Tú mañana vas a publicar en contra mía lo que yo estoy diciendo… —le lanzó.
—Pero todos los candidatos… —quiso contestar el reportero, pero fue interrumpido. Posiblemente diría que los candidatos del PRI, PVEM y Panal habían participado sin restricciones.
—¡No me importa! Yo no quiero violar la ley porque ya tengo en contra todo, la guerra sucia, la guerra negra que se hace a través de los medios, de sus portales, todos los días contra mí. Y tú mañana vas a ser uno de ellos, te lo aseguro.
—¿Es intolerancia? —replicó el reportero.
—No, no es intolerancia. Yo soy muy cortés con la prensa, soy cortés —y volteó hacia su coordinadora de Comunicación, Verónica Vélez—… y debes protegerme, Vero, no les tengas miedos a tus… a tus… a tus gentes de prensa. Hay que tratarlos bien, pero que nos respeten —luego giró de nuevo al reportero y continuó—. Respétame, por favor. ¡Respétame!
El reportero dejó de grabar, tomó su mochila y salió del auditorio, mascullando un par de frases: “No importa, ya lo grabé y lo voy a hacer viral. Intolerante”.
Barbosa no volvió a sonreír. En la sección de preguntas del auditorio, una maestra tomó el micrófono para narrar lo mucho que le había costado conseguir empleo como médico veterinario. A los cinco minutos, el candidato la interrumpió: “Voy a tomar más preguntas, por favor”.
Pero sólo respondió una. Después, se fue.
