La pedagogía ignaciana invita a comenzar el aprendizaje partir del ser y quehacer del sujeto
Plumas Ibero
Por: José Teódulo Guzmán Anell
En varias ocasiones he escuchado y visto en esta universidad, en carteles de diferentes tamaños y colores, la palabra magis. Confieso que, hasta el momento, ninguna de las definiciones que aparecen en dichos carteles y anuncios espectaculares me ha satisfecho. Probablemente una de las razones por las cuales no me satisfacen es que no apuntan hacia el horizonte de la creatividad apostólica que emana de la espiritualidad de la Compañía de Jesús, en sus múltiples y variadas dimensiones.
La creatividad incluye, creo, la frescura de pensamiento, la novedad de visiones, la inconformidad con lo establecido, lo dicho, lo procesado por otros. Y no porque eso sea defectuoso, sino porque cada día nos estamos enfrentando a nuevos retos, problemas y acontecimientos. La tan traída y llevada pedagogía ignaciana nos invita a comenzar nuestro proceso de aprendizaje a partir del ser y quehacer del sujeto, de lo que ya hemos aprendido, experimentado y vivido. A partir de ahí nos propone que lancemos nuestra mirada a la novedad del conocimiento que se nos pone enfrente. Pero sucede que este conocimiento y su estructuración ya han sido pensados y formulados por otros, y probablemente hace muchos años. Entonces, la invitación y la provocación debería ser que el sujeto del aprendizaje se cuestione si esa forma de estructurar la realidad es la mejor y la más pertinente en el contexto actual. Que invente otras respuestas a la misma pregunta, con nuevas herramientas, con nuevos métodos, con acercamientos más profundos.
Si el estudiante y el docente son invitados a dar más de sí, a saltar más alto, eso significa que son convocados a ser creativos, a mirar la realidad con nuevos ojos, a transitar el camino del aprendizaje con frescura de pensamiento y entusiasmo por la invención de nuevos acercamientos a la realidad de las cosas y de las personas.
Cuántas veces hemos escuchado que la Ibero Puebla está rodeada y asediada por la competencia que ejercen otras instituciones de educación superior en el contorno geográfico de nuestra región. Y preguntamos desde el marketing (palabra horrible que merece traducirse de otro modo a nuestro idioma castellano) qué hacer para atraer a nuestras aulas a la multitud de egresados del nivel medio superior con nuevos incentivos de ofertas académicas impactantes. Pero aquí me acucia una pregunta: ¿Queremos cantidad o calidad?
El Papa Francisco les ha dicho a los jesuitas congregados hace unas semanas en Roma que en estos tiempos de coyunturas cambiantes y acumulación acelerada de riqueza, de conocimientos y técnicas en pocas manos nos hace falta mayor audacia profética, creatividad apostólica y discernimiento constante. Y añade que estas tres virtudes nacen del magis ignaciano, y que éste tiene su fundamento en el Dios siempre mayor.
La audacia y la creatividad apostólica deberán promover y auspiciar la pluralidad de pensamiento y acción como opuestos a la uniformidad y a las imposiciones del mercado y del estado. Nuestras instituciones deberán conjugar la novedad del carisma con la normatividad de la institución. Y no confundir la unidad con la uniformidad. La unidad es poliédrica, porque comprende y asume muchas facetas de un todo coherente.
Finalmente, considero que la frescura y la novedad de pensamiento y acción apostólica no deben inspirarse y aspirarse solamente de los jardines de la academia, sino también de las raíces profundas de la sabiduría popular y la praxis social vinculadas a las comunidades con las que interactuamos a través del servicio social.
Si la universidad produjera conocimiento y tecnología solamente para nutrir el apetito del mercado laboral existente, sería una institución más de educación superior entre muchas de su mismo género y especie. La audacia y la creatividad apostólica que nos pide Francisco de ninguna manera pueden agotarse en la producción de buenos profesionistas y técnicos para incrementar el producto interno de grandes empresas y bufetes de contabilidad o de publicidad. Si no inventamos nuevos métodos e insumos tecnológicos para subvertir el deterioro social y ambiental: si no nos atrevemos a desafiar científicamente a las prácticas productivas y comerciales de los dueños del gran capital nacional y transnacional, entonces tendremos probablemente el doble de alumnos y graduados, pero nos habremos alineado con el minus en vez de atrevernos a pensar y actuar con el magis.
