La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam 

Estamos llenos de luces y sombras.

En las sombras de mis amigos he descubierto luces, y viceversa.

Miguel Barbosa Huerta es un conversador dotado de humor e ironía.

Y buena, excelente, memoria.

Cuando nos hemos sentado a la mesa siempre le agradezco que sea tan memorioso con todo y sus luces y sombras.

Esas conversaciones me ayudan a entender mejor a los políticos.

Sé, por él mismo, más de sus fobias que de sus filias.

Y algunos pasajes de la política mexicana los he disfrutado brutalmente en el contexto de una conversación cruzada con pan y sal.

Como todos, no siempre acierta en sus pronósticos.

Alguna vez, siendo poderoso presidente de la Mesa directiva del Senado de la República, le dijo a Adela Micha —en su desaparecido noticiero matutino de Imagen Radio—que Miguel Ángel Osorio Chong dejaría la Secretaría de Gobernación.

Y lo contó como en una mesa de café: Con ese aire de confidencia que tienen los buenos secretos.

Los días pasaron, y nada.

Las semanas.

Los meses.

Todos olvidamos la malograda exclusiva hasta que este jueves lo escuché, vía Facebook Live, en una rueda de prensa en la que se puso a soltar —con ese mismo aire de confidencia— toda clase de presagios y anécdotas sobre la vida política mexicana.

Dijo, por ejemplo, que Luis Maldonado Venegas no será subsecretario de Educación Pública en el sexenio de López Obrador y que Porfirio Muñoz Ledo sólo fue a hablar del tema del fideicomiso de los sismos con cuatro magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Sobre este punto aseguró que los únicos encargados del tema de la elección poblana son Citlali Pérez (Yeidckol Polevnsky) y Horacio Duarte.

Fuera de ellos —enfatizó—, nadie más.

Y si Porfirio habló de Puebla con los magistrados —asentó—, habrá sido cosa suya: “pero no hables donde no te llamen”.

Así, textual, lo dijo.

En otras palabras: “No te metas donde no te importa”.

Y es que la versión del encuentro ente Muñoz Ledo y los magistrados —contada primero por Alejandro Mondragón y luego por Carlos Loret de Mola— generó la sensación de que después del 1 de julio nada había cambiado y que los litigios electorales se seguían resolviendo al viejo estilo priista.

Por eso, enfático, Miguel Barbosa desacreditó al mensaje de quien sabe quién, porque él, Muñoz Ledo, faltaba más, no tenía por qué tratar temas poblanos con magistrados federales.

Recuerdo a Miguel Barbosa en la campaña a la gubernatura negando con ese mismo énfasis las palabras del mismísimo Santiago Nieto, ex titular de la FEPADE, cuando éste hablaba de anular las elecciones poblanas antes del 1 de julio.

Cuatro o cinco veces lo dijo: “¡Vamos a ganar! ¡No estoy pensando en anular nada!” “¡Aquí no se anula, aquí se gana!”.

Hoy, sin embargo, la palabra anulación es el principio y fin de sus ruedas de prensa, tan aplaudidas y celebradas —con carcajadas de “¡qué bárbaro qué simpático!”— por sus inefables compañeros de mesa, sea el bufón Raúl Barranco o el humorista involuntario José Juan Espinosa.

 

El Magistrado y la Hermana Envidia

Leo algunas críticas sobre el brillante abogado Pepe Montiel, nuevo magistrado del Tribunal Superior de Justicia del estado de Puebla.

Admito que cuando lo conocí, envenenado por la crítica de algunos envidiosos, coincidí en que era ligeramente pesado.

Al paso del tiempo, cuando lo empecé a tratar, cambié notablemente de opinión.

El abogado Montiel es un hombre serio y mesurado como lo son los hombres responsables e inteligentes, pero ya en corto maneja una ironía sutil que lo hace más brillante todavía.

¿Por qué no lo quieren los que no lo quieren?

Por su tamaño intelectual y por su gran disciplina académica.

Y es que mientras sus odiadores litigan en juzgados de quinta, Pepe suelta el lápiz —iluminando espacios jurídicos— y no deja de estudiar.

Vea el hipócrita lector: a sus recientes 50 años de edad, está por terminar su Máster Global Rule of Law and Constitutional Democracy de la universidad de Génova, Italia.

Y más: Obtuvo el Máster (con calificación “Notable”) en Argumentación Jurídica de la Universidad de Alicante, España, y un Diplomado en Litigación Oral Penal en laAmerican University, de Washington D.C.

Esta página arrancada de su currículum ruborizaría a sus críticos.

Hay más, pero sólo incorporó otro punto a la mesa: ha sido juez durante 22 años.

Por si fuera poco, su hermano Juan Antonio Montiel es uno de los mejores traductores al español de uno de mis poetas favoritos: William Carlos Williams.

Sobra decir que el abogado Montiel, hoy magistrado, eleva el nivel del Tribunal con su incorporación.

Un abrazo, Pepe.

Nota Bene: Esta columna dejará descansar al hipócrita lector durante algunos días.

Estará de vuelta, si así le parece, el domingo 5 de agosto a las 19 horas.

Suerte y pulso.