El Instituto Nacional de Antropología e Historia utilizó tecnología de punta no invasiva ni destructiva para un análisis de la iglesia y ex convento, que resultaron afectados por el sismo de hace casi un año, previo a su intervención
Por: Redacción
Foto: Agencia Cuartoscuro / INAH
A casi un año del terremoto del 19 de septiembre, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) llevan a cabo estudios en el templo y antiguo convento de Tochimilco, con el fin de determinar las condiciones del subsuelo y su cimentación, previo a su intervención.
Mediante un comunicado de prensa, el INAH informó que en los análisis preparatorios a la restauración de inmuebles afectados usa tecnologías no invasivas ni destructivas.
Un ejemplo es el radar de penetración terrestre o georradar y la tomografía de resistividad eléctrica que un equipo de especialistas del organismo usa en el templo y ex convento de Nuestra Señora de la Asunción, a fin de conocer las condiciones actuales del subsuelo y su cimentación, antes de ser rehabilitados.
El complejo conventual franciscano, considerado un ejemplo relevante de la arquitectura religiosa del siglo 16 en América y uno de los 14 monumentos que comprende la ruta de los “Primeros Monasterios del Siglo 16 en las laderas del Popocatépetl”, calificada como Patrimonio Mundial por la UNESCO, tuvo varios daños, entre ellos grietas longitudinales en las bóvedas de la nave principal del templo.
El responsable del Laboratorio de Geofísica del INAH, José Ortega Ramírez, quien tiene a su cargo el grupo de especialistas, dijo que su participación en este proyecto de restauración se debe a la iniciativa de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos de la institución, el Centro INAH Puebla, el Instituto de Ingeniería de la UNAM y la UNESCO, que solicitaron su colaboración para el estudio estructural a fin de contar con bases científicas e ingenieriles del inmueble.
“Para restaurar las bóvedas del templo se instalará un gran andamiaje y apuntalamientos, cuyo considerable peso será soportado por el piso de la iglesia, por lo que se nos solicitó analizar el subsuelo de ésta para conocer las condiciones en las que se encuentra, si hay alguna cavidad o elemento que pueda interferir o representar un riesgo para su instalación en el templo”, apuntó.
El georradar montado en un vehículo de tres ruedas, similar a una carriola, emite ondas electromagnéticas hacia el subsuelo a través de una antena con frecuencia determinada, mismas que al chocar o encontrar algún material o elementos con distintas propiedades eléctricas, sobre todo de conductividad eléctrica, generan una reflexión que regresa a la superficie y es registrada por una antena receptora.
El equipo emite ondulaciones casi instantáneas, con lapsos pequeños que se miden en nanosegundos (una billonésima de segundo), después se hace un muestreo de esas reflexiones para generar una imagen en dos dimensiones.
Los datos son filtrados o procesados, cuyo resultado es una imagen que permite interpretar anomalías que podrían ser fracturas, cavidades, humedad o cualquier accidente que puede tener el subsuelo.
“Con el georradar hemos sondeado el subsuelo del frente de la entrada principal del templo, donde se aprecian anomalías como humedad y una fractura, que podría ser una falla geológica. En la parte interior, al centro de la iglesia, se localizó una alteración, que aún estamos por definir, a una profundidad de dos metros y medio, lo que puede generar un impacto directo en la cimentación al momento de colocar las pesadas estructuras”, declaró Ortega Ramírez.
De la misma forma y en colaboración con el Instituto de Ingeniería de la UNAM, el equipo de especialistas realiza un análisis de resistividad eléctrica del subsuelo, que mide la resistencia que oponen los materiales en el subsuelo al paso de la corriente eléctrica que se le inyecta para conocer la profundidad y espesor de las cimentaciones.
Si hay valores muy bajos de resistividad y muy altos de conductividad, se trata de un material que está muy húmedo y que conduce la electricidad inyectada, pero si la resistividad es muy alta se podrá inferir que se trata de un muro, o en su caso, una cavidad, que son cuerpos superresistentes porque la energía eléctrica no viaja en el espacio o en oquedades.
“El método de resistividad eléctrica aplicado a la arqueología data de los años cincuenta, pero su aplicación en la restauración del patrimonio cultural afectado por el sismo es un caso muy particular, ya que, aunque en sus origines era un método invasivo debido a que había que perforar para meter el electrodo y tener un contacto perfecto con el subsuelo, ahora se utilizan electrodos planos, por lo que esta técnica la aplicamos en muros, y es algo novedoso en México”, detalló.
Expuso que se realizan tomografías con esta técnica, que son una suerte de cortes en muros, para conocer el espesor y profundidad de la cimentación por medio de la inyección de corriente eléctrica y mediciones de variaciones en el voltaje al inyectar esa energía.
El titular del Laboratorio de Geofísica del INAH manifestó que con los resultados de los estudios, los responsables de la restauración podrán tomar decisiones para recuperar dicho inmueble.
