Figuraciones Mías

Por: Neftalí Coria / @neftalicoria  

Debo reconocer que en algún tiempo, hubiera querido y podido ejercer el oficio de actor, desconociendo los resultados que mis capacidades me darían, pero me vencieron la escritura dramática, la dirección escénica, la poesía, la novela, la crónica… Y seguí cautivado por esa maravillosa actividad humana desde las afueras de mi vida, pero nunca dejé de estar atento al oficio del actor. Y en especial –ya lo he dicho– de las actrices. Y en mi vida he conocido y he estado cerca de amigas que con creces, ejercen el oficio de representar los monstruos que los dramaturgos escriben. Actrices en el teatro, mujeres que van por las tablas con la necedad de quien ama a ciegas, de no dejar morir el teatro, ni el oficio sobre las tablas.

Ahora quiero hablar de Catherine Frot (París, 1957), la inmensa actriz francesa, a quien tanto admiro y he seguido en la medida de lo que he podido ver de su trabajo. Y la he visto en el cine recientemente en afortunados rodajes que para nuestra fortuna, le dieron fama, porque si acaso alguna utilidad tiene la fama, cuando alcanza esta clase de talentosas artistas, su trabajo puede verse con mucha más facilidad. Aunque hay casos que el monstruo cinematográfico y sus mercancías abaratadas en las que más importa el dinero que las buenas historias, muchas veces destruye talentos por grandes que sea. No es el caso de Catherine Frot, por eso personalmente, no me preocupo, porque también ha tenido el buen tino de elegir buen cine y sin duda el cine francés, poco tiene en parecido a las frivolidades gringas y a la endémica calidad del cine de Hollywood.

En esta fina actriz puede verse la experiencia teatral en las películas. La precisión en sus líneas que trazan la interpretación de un personaje con tal verosimilitud que como lo vimos en Lawrence Oliver, pareciera no estar actuando y dar la ilusión exacta al espectador, que a quien está viendo, es a una persona vivir en su propia historia. O bien, como George Bernard Shaw lo quería, que el espectador vea que no hay actor, sino personaje.

Recientemente vi a Catherine Frot en un filme (El Reencuentro, 2016) dirigida por Martin Provost y al lado de la bella Catherine Deneuve, en donde Frot hace una espléndida interpretación de una Comadrona que tiene como destino, cuidar a la mujer –su madrastra– por la que su padre se ha suicidado. Y antes vi la maestría de Catherine Frot, en Les saveurs du Palais de Christian Vincent, historia en la que interpreta la cocinera del presidente de Francia y la gracia de la actriz parisina, resalta como la mayor delicia de la película.

Las actrices de verdad, han florecido en el teatro y es sobre las tablas donde el verdadero talento y las capacidades de la gracia histriónica, pueden crecer a paso firme. Nunca he creído a los actores y actrices que llegan directos al cine o a la televisión a ganar dinero y fama; es cierto que no hay nada más atractivo que esas armas que derivan del dinero, y con las que han destruido el verdadero valor del teatro. Hoy las “actrices” van a los castings y son expertas en cobrar, pero no en actuar. Y hay las que tardan más en peinarse y en el gimnasio, que en el más mínimo estudio de actuación. Con esa manera de correr desaforadamente tras la fama creyendo que con los buenos cuerpos y las lindas caras basta para “brillar”, le ha restado mucho valor al teatro y al oficio verdadero del actor. Hay además –como bien se sabe–, una corrupción única que también mancha de manera definitiva el oficio, y es inútil hablar de ella e imposible detenerla.

Vuelvo a Catherine Frot, con una carrera teatral bien formada que puede verse desde su formación que cuenta, desde la École de la Rue de Blanche, hasta el Conservatoire National Supérieur d'Art Dramatique. Su vida teatral activa desde 1979 con puestas en escena como El jardín de los cerezos de Chejov, legendaria puesta en escena dirigida por Peter Brook. Hasta la obra John Gabriel Borkman de del noruego Henrick Ibsen, dirigida por Luc Bondy y representada en el Théâtre de l’Odéon. Sin anotar el resto de puestas en escena teatrales en las que su trabajo sin duda se vio enriquecido, y por supuesto, su participación en mas de veinticinco películas con directores que van desde Alain Renais hasta Xavier Giannoli, quien dirigiera uno de sus recientes filmes: “Marguerite”, en donde interpreta a la protagonista; una demencial millonaria que quiere cantar ópera, y en la que su interpretación es de una pulcritud, que logra conmover hasta la compasión. Un trabajo de actuación que sólo una actriz con grandes capacidades también cómicas, podría hacerlo en las mejores dimensiones y en los mayores alcances. Y en esta película, la actuación de Catherine Frot es precisa.

Mi encanto por la vida interior de las mujeres que actúan, me llevó a escribir una novela donde he buscado descifrar los misterios que corren por la sangre del oficio de la representación, los inescrutables caminos de la escritura, la dirección dramática, pero sobre todo, lo que sigo persiguiendo incansablemente, es la comprensión de lo que sigue siendo el misterio del arte de ser otros y que sucede en la vida de una verdadera actriz, como ese pájaro hermoso de blancos vuelos bajo la poesía del aire, que es Catherine Frot.

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