El proyecto surgió a finales de 2017 cuando el alcalde Luis Banck, en el marco de su informe de gobierno, anunció la puesta en marcha con una inversión de 50 millones de pesos.

Por: Mario Galeana

I

¿Cómo se fabrica el talento? ¿De qué punta hay que tirar para conseguir que una chica se convierta en estrella de futbol? ¿Qué cosa se le dice a un adolescente que tiene 15, pero les habla a todos con la misma facilidad de un líder de 60? ¿Cómo lograr todo eso en una de las 10 zonas más peligrosas de Puebla? ¿Cómo arrancar el talento en medio de la droga, de los asaltos, de las luces que titilan por las noches?

“No ocurre en meses, sino en años”, me dice Carlos Lucio, director de la Fábrica de Talentos de la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas. “Esto sólo va a funcionar a lo largo del paso del tiempo. Nos cuesta mucho cambiarle el chip a los chavos. Pero se trata de que ellos vayan trayendo a otros, y otros a otros, y que así, de esa forma, la colonia se vaya transformando de a poco”.

La fábrica suma seis meses acercando a niños, chicas y adultos hacia sus propias aptitudes. Desde marzo, más de mil 200 personas han desfilado por alguno de los 14 talleres que se ofrecen. Y hacerlo aquí, en la Romero Vargas, no ha sido fácil.

Ahora mismo, mientras Carlos y yo estamos de pie bajo el sol del mediodía observando el entrenamiento de la primera selección de futbol de la Fábrica de Talentos, a unos cuantos metros, en el mismo polideportivo, tres chicos se pegan una estopa a la cara. No deben tener más de 16. A nuestra llegada, se quedan de pie al borde de la cancha de futbol y luego se marchan. Uno de ellos, el más chico, se acerca a nosotros. Un rap sobresale del teléfono celular que carga en el bolsillo del pantalón.

—¿Qué hay que hacer para estar ahí? —le pregunta a Carlos, mientras señala hacia la selección.

—Puedes ir a jugar un rato, si quieres —contesta. Y el otro sólo asiente, con la mirada medio ida, pero después desaparece.

“No es fácil. Esta es una de las colonias con mayor número de narcomenudistas. Muchos chicos están así. Por eso nos interesa trabajar mucho con chicos de secundaria. Tratamos de acercarnos antes de que empiecen a desertar de las escuelas, a delinquir o a drogarse”, dice Carlos después de un rato.

—¿Cómo tomas tú este contraste: el de los chicos de la selección y de la fábrica, frente a los chicos que aquí, en este mismo polideportivo, vienen a drogarse?

—Pues… Simplemente esa es la realidad —me contesta—. Ese es el contraste en todo México, no sólo en Puebla. En todas las colonias donde se tienen temas de desigualdad, de pobreza, ese es el pan de cada día. Al final, todas las personas tienen la capacidad de decidir qué quieren hacer de su vida. Nuestra obligación es acercarles todas las oportunidades para que decidan, porque al final ellos son los que deciden. Nosotros podemos poner becas, canchas… Pero si la persona no quiere, será muy complicado. Esto será poco a poco.

 

II

 

La Fábrica de Talentos de la ciudad es un proyecto realizado entre el Ayuntamiento y la Fundación Talento, fincada en Monterrey. Esta organización tiene presencia en cinco entidades del país, pero sólo en Puebla existe un programa de esta índole, es decir, dedicado a la reestructuración del tejido social y a la detección de habilidades en favor de los habitantes de la comunidad.

Fue a finales de 2017 cuando el alcalde Luis Banck Serrato anunció su puesta en marcha, con una inversión base de 50 millones de pesos. Lo hizo en el marco de un informe de gobierno realizado precisamente ahí, en la Romero Vargas, donde nunca antes se había efectuado una actividad gubernamental de este tipo.

Es fácil determinar por qué esta junta auxiliar se convirtió en la sede de un programa así. Es más fácil determinarlo con los números: en Puebla hay 25 zonas de “atención prioritaria” por el número de hogares en condición de pobreza que allí se encuentran y por el total de delitos que se cometen. Entre estas, 10 sobresalen como las más conflictivas. Una de ellas es la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas.

En un estudio realizado a finales de 2016, el Ayuntamiento de Puebla determinó que esta colonia con más de 51 mil habitantes se encontraba inmersa en un entorno económico y social muy adverso debido a la “alta descomposición del tejido social”, “la presencia de delincuencia”, y los “bajos niveles de ingresos económicos y escasa oferta laboral”.

No es que sea algo nuevo. Desde la década de los 90, sobre la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas se cuentan tantas cosas. Entre ellas, que fue la zona en donde se propagó el consumo de heroína, un gusto traído por los migrantes que volvían de Estados Unidos.

Desde entonces, la nota roja de la prensa local tiene como escenario con más frecuencia de la que debería a esta región ubicada al poniente de la capital, donde también parece estar arraigado un alto sentido de religiosidad. Si la junta auxiliar es conocida por algo más allá de su peligrosidad, es por su representación del Viacrucis, que se realiza desde hace al menos 55 años.

Carlos Lucio es, sin embargo, escéptico: “Creo que la religión no tiene necesariamente un impacto positivo en una comunidad. La religión, al menos para mí, es pasividad. El cambio requiere acción. Y la acción es esto, la fábrica”.

 

III

 

Pero, otra vez, ¿cómo se produce el talento? ¿Es posible?

Aquí, en la fábrica, se ha aplicado un algoritmo para tratar de detectarlo. Está basado en la teoría de las Inteligencias Múltiples del prestigioso investigador Howard Gardner. Cuando los chicos o los adultos acuden por primera vez, se aplica un test para determinar sus habilidades sociales y logros.

Después, la psicóloga les indica en qué talleres podrían validar ese talento. Los talleres explotan la inteligencia intrapersonal e interpersonal, corporal, musical, naturalista, lingüística, lógico-matemático y visual-espacial.

Entre la inteligencia intrapersonal e interpersonal se encuentra el taller “Desarrollo del Ser”, “Simulador de Negocios”, “Negociación” y “Plan de Vida”, donde se trazan hojas de ruta para el futuro. En la corporal, “Aventura Virtual”, donde se ocupa un simulador de realidad virtual. Para la inteligencia musical está, claro, el taller de “Ensambles Musicales”, que trata de sembrar el gusto por algún instrumento. En Naturalista, el taller de “Hidroponia”, en donde uno puede determinar si tiene o no la habilidad y el gusto necesarios para ser, por ejemplo, agrónomo. En lingüística, están los talleres de “Radio” y “Liderazgo”, en donde se propicia la oratoria y hasta los medios. Para la inteligencia lógico-matemática, la fábrica dispone de los talleres “Robótica” y “Mecánica”, donde se poseen kits traídos de Alemania que son capaces de simular una línea de reproducción automotriz. Y, finalmente, para la inteligencia visual-espacial, están los talleres de “Arenas” y “Estructuras”, abocados al arte y al urbanismo, entre otras áreas.

Todos son totalmente gratuitos, y es así como se ha logrado atraer la atención de más de mil 200 talleristas. Los coordinadores estiman que más de 60% tiene entre 10 y 15 años, el 24% tiene entre 15 y 22, en tanto que 19% va de los 23 años en adelante. La Fábrica de Talentos tiene, además, convenios de colaboración y de becas con más de 50 instituciones educativas e internacionales.

“Son los adolescentes los que nos interesan muchísimo”, me explica Carlos Lucio. “Es muy difícil porque para algunos puede ser más atractivo usar drogas —justo como el chavo que viste— que venir a entrenar. Pero, en cambio, hay gente, familias, que se han enamorado de la fábrica. La ven como un espacio en el que se tiene oportunidad de hacer cosas. Tratamos de que toda la gente que venga a trabajar —artistas, psicólogos, ingenieros, locutores— sea joven: jóvenes que inspiren a otros jóvenes”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *