La Mirada Crítica

Por: Román Sánchez Zamora / @RomansanchezZ 

La música era hermosa, podía ver cómo las hojas caían una a una en los pasillos del parque y la brisa cada vez era más fría… Las nubes blancas de Ludovico Enaudi, le hicieron sentir otro extremo de la música, de la vida…

—…Te trajo el vecinito unos videos, que los vieras y luego le comentaras tu opinión— Le dijo Martha a su hija…

…Entonces… El caballo blanco se espantó por una víbora en el camino y Antony cayó de espaldas, el caballo salió huyendo ante la mirada atónita de Candy… Su amor había muerto… —La tía abuela enmudeció, de pronto se había hecho más vieja…— Pensó la niña Candy.

Años después, ella estaba enamorada de un desconocido que le había dicho “tarzán pecoso”… Siempre al verlo distante, el ver el dolor por su madre ausente le llenaba de pena el corazón a la pequeña Candy… En medio de los poderosos y los miserables de la América e Inglaterra de 1900…

Todo era tristeza, todo era melancolía en esa caricatura que le habían prestado a Melanie, de principios de los años 80.

Siempre ver a la cenicienta, como esa primera verdad, a la chica bella de pueblo, la chica inocente, todo siempre apuntaba al pobre, al rico, al amor y desamor, esos eran los libretos que más vendían.

—Siempre, lo chusco de los extremos sociales sentados en una misma mesa, la reconciliación de las diferencias sociales y cortadas de un tajo por el interés creado, es sostenido por toda una masa de hombres grises, de seres lejanos a la fraternidad, envueltos en el hedonismo del mercado, del compromiso, del crédito…— Se dijo para sí misma Melanie, y se fue a dormir.

Martha se levantó de pronto al sentir el frío de la ventana; los perros ladraban, la lluvia no cesaba y ella bajó por un vaso de agua.

Estaba intranquila… Pasó por el cuarto de Melanie… Estaba sentada en su cama.

—¿Qué haces?—

—Me siento rara, quizá nunca debí explorar en las preguntas del ser, ni preguntar a los parientes sobre los valores, ni nada de eso, quizá yo era más feliz en la soledad y oscuridad que nos brinda ignorar lo que sucede alrededor… Quizá—.

Cerró los ojos y se quedó dormida en los brazos de su madre.

—Ser la niña de antes sería bueno, pues tú, mi niña, eras muy tranquila y con prender la televisión en la tarde estabas muy feliz; hasta cantabas cuando salían los temas musicales de tus caricaturas favoritas y me parecía que eras una niña muy sana y alegre; pero ahora que te haces preguntas, ahora que buscas y buscas te veo tan concentrada en ello, que me da miedo, pero me siento feliz pues has encontrado un camino interesante para tu vida y no me queda mas que apoyarte y ser feliz, porque tu eres feliz— dijo Martha y la tapó con la cobija que compró hace nueve años… Sabía que Melanie ya dormía… Sus palabras fueron para sí misma.

¿Cómo pensar en uno?

¿Quizá la vida no es simple?

¿Quizá la vida ni existe..?

Y… Ahora… ¿Cómo seguiré viviendo?

El silencio de la noche… Siguió…

La soledad que da el pensar, la soledad que implica el cuestionar… Todo se hunde en la soledad… La soledad del ermitaño… El sabio conejo se aparta de la soledad y recurre al tumulto… Recurre a la gente y se vuelve una máxima a seguir… Para regresar a la soledad.

A pesar que el pensante desee estar rodeado de gente, pronto debe apartarse para seguir meditando, siempre en la soledad.

Sociedades en soledad, donde el grito de la indiferencia es lo común. La soledad no debe ser colectiva, la soledad debe ser individual, es celosa de sí misma, es la pregunta sorpresiva, es… ¿Y por qué no?..

Los expulsados del paraíso… Pues de tanto preguntar comenzaron a dudar de la tradición y esta misma los aleja de lo establecido, de lo correcto que cada día hace más grandes sus muros para no ser cuestionado.

La voluntad de la ignorancia inducida se transforma al engaño del niño sedado para que no vea la necesidad y sorpresa que no hay ni agua para beber.

El dormir, como signo de depresión, se vuelve una solución para los corazones solitarios, las necesidades no cumplidas, sólo esperando a que el día se agote y así también otro día en la pobreza.

Mientras todos afilan sus armas, se preparan para la guerra diariamente, otros se hunden en la indiferencia, en una paz forzada, en una alegría traducida a una imagen acordada, recortada y planeada para que la misma gente sienta que hay esperanza cuando vive el despojo día a día.

¿Dónde quedó la esperanza? ¿Desde cuándo se vive sin la sensación de vivir, ni sentir la alegría de hacerlo?

—Los valores del amor fueron dictados por la propia televisión, sus canciones y telenovelas, sus dramas… En realidad ¿desde cuándo nos dejamos de amar como un acto meramente humano? Ahora debemos seguir modelos y ejemplos del amor y desamor que nos identifiquen con los famosos, aunque en verdad nunca sepamos si ellos piensan eso o es parte de su espectáculo— le dijo Melanie a su mamá en la mañana antes de irse a la escuela.

—Dijo una vez Vivaldi que para escuchar la música, no hay que escuchar los sonidos sino los silencios… Quizá tú estés en ese llamado, ver la realidad del ser humano bajo una nueva perspectiva— Le dijo por teléfono la maestra Ruth a Melanie…

El momento más emotivo de las nubes blancas, su tema favorito… Volvió a ser escuchado una y otra vez… Hasta perderse en el sentido de imaginar un mundo ideal… Pero cuál es el mundo ideal, si todo ha sido inventado y creado para que todos deseen poder y sus implicaciones…

—¿Quién puede escapar a los modelos establecidos? A esos miedos y satisfacciones que da un drama de la televisión, por ejemplo…— Pensó para sí misma Melanie antes de quedar dormida.

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