Las Serpientes
Por: Ricardo Morales Sánchez / @riva_leo
El pasado domingo 1 de julio, hace poco más de un mes, Puebla perdió lo que costó casi 45 años reconstruir, la concordia y la sana convivencia social, producto del resultado electoral que arrojó la elección a gobernador del estado, donde triunfó, de acuerdo con el cómputo final, Martha Erika Alonso Hidalgo.
El resultado, si se toman en cuenta los cuatro puntos de ventaja que obtuvo la ganadora sobre el segundo lugar, no es poco, pero la forma como se obtuvo el triunfo y la polarización que ha traído consigo, sumado al manejo político que se le ha dado al asunto, son cicatrices que van a tardar muchos años en cerrar.
Puebla regresó a los años de polarización que se vivieron a finales de los 60 y principios de los 70, en el marco de la lucha entre FUAS y Carolinos y alentados desde el púlpito por el entonces arzobispo de Puebla, Octaviano Márquez y Toriz.
Fueron los sucesores de este polémico personaje, Ernesto Corripio Ahumada, pero sobre todo Rosendo Huesca y Pacheco, quienes pusieron fin a casi 20 años de inestabilidad caracterizada por la caída de los gobernadores en turno.
Eso trajo como consecuencia que Puebla, que había sido cabeza económica del país, con el dinero de William Jenkins y de Maximino Ávila Camacho, se rezagara y cediera su lugar al grupo Monterrey, quien desplazó a la Angelópolis y sus capitales.
Las disputas acabaron cuando por fin llegó, después de mucho tiempo, un gobernador de seis años, Alfredo Toxqui y Fernández de Lara, quien “canceló odios y rencores”, luego de años de luchas político-religiosas entre hermanos.
Me queda claro que luego de más de 45 años de estabilidad, en Puebla flota un ambiente político enrarecido, la división y el encono de nueva cuenta aparecen y eso a nadie le va a ayudar.
También me queda claro que, sea cual sea el resultado que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dicte en torno a la impugnación presentada por el candidato de Morena a la gubernatura de Puebla, Luis Miguel Barbosa Huerta, ninguno de los dos bandos aceptará la disposición, si ésta no le es favorable a su causa.
Advierto en mucha gente, odio, sí, odio y deseos de venganza, lo cual es una mezcla sumamente peligrosa.
Gane quien gane la gubernatura, el trabajo de quien quede al frente del Ejecutivo deberá ser titánico para cerrar las profundas heridas que el proceso electoral dejó abiertas.
No es cuestión menor, señores, tratar de cerrar las heridas que ha causado la disputa política del poder en Puebla.
El pasado proceso electoral tal vez reabrió viejas heridas que nunca se curaron o causó nuevas, no lo sé, pero lo que sí sé es que la división sólo puede traer consigo rezago y encono, tanto de parte de quienes se sienten robados, como de quienes ganaron.
La tarea por delante será titánica y si a eso se le suman los graves problemas de inseguridad que ya de por sí vive el estado, el tema no es menor, porque corremos el riesgo de volvernos a rezagar como ocurrió hace no mucho tiempo.
Suceda lo que suceda en los próximos meses, quien quede al frente del Poder Ejecutivo en Puebla debe trabajar mucho para volver a recuperar la unidad perdida.
Puebla se polarizó desde 2006 con el Lydiagate y la administración del ex gobernador Mario Marín Torres.
La situación política y social de la entidad llegó a su clímax con la administración de Rafael Moreno Valle y su estilo de ejercer el poder, lo cual contribuyó a la polarización social que hoy se vive en la entidad y que alcanzó el punto máximo en el pasado proceso electoral.
Reitero, deberá ser una prioridad para el futuro gobernante de Puebla comenzar a trabajar en la reintegración social de los grupos en conflicto, pero sobre todo en la reconciliación.
LAS SERPIENTES SE VAN DE VACACIONES
Las Serpientes hacen un pequeño receso en estas fechas para reaparecer el próximo 14 de agosto. Muchas gracias a nuestros lectores. Vamos a tomar fuerzas para lo que viene.
