Las Serpientes 
Por: Ricardo Morales Sánchez / @riva_leo

Aunque en campaña el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, aseguró que el Ejército y la Marina regresarían a los cuarteles, la realidad se volvió a imponer.

El tabasqueño recientemente admitió que el Ejército y la Marina se mantendrían en las calles, lo cual demuestra que una cosa es lo que uno dice en la campaña y otra cuando ya se es gobierno y se tiene que enfrentar la responsabilidad de dirigir al país.

La decisión, por supuesto, no es mala, seguramente obedece al diagnóstico que el presidente electo ya tiene del país, luego de las reuniones que ha venido sostenido con el gabinete peñista.

La presencia del Ejército y la Marina ya resulta fundamental para tratar de mantener en lo que se pueda el orden, de ese tamaño es el problema que enfrenta la administración federal y el deterioro en el cual se encuentra la mayor parte del país.

La descomposición de las cosas justifica, para mí, plenamente la decisión del presidente López Obrador de dar marcha atrás a lo dicho en campaña, y es que no hay condiciones para que el Ejército y la Marina regresen a los cuarteles, ante la forma como la delincuencia infiltró a los cuerpos de seguridad y a los presidentes municipales.

En su momento, fui un duro crítico de la decisión del entonces presidente Calderón de sacar al Ejército a las calles para combatir al crimen organizado, labor que no era propia de la milicia y que ha confrontado en varias ocasiones a las ONG y al gobierno.

La polémica que ha generado la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles originó que se aprobara una Ley de Seguridad Nacional, mediante la cual se buscaba dar un marco jurídico a la acción del Ejército y la Marina, pero la oposición a esta medida y su rechazo fue brutal.

Tal vez no haya sido fácil para López Obrador tomar esta decisión, pero, reitero, si cuando Calderón tomó esta decisión la medida era muy criticable, ahora tal vez es más que necesario debido a la terrible situación en la que se encuentra el tema de la seguridad.

Y es que el principal punto radica en el ambiente por el que atraviesan las fuerzas de seguridad pública en nuestro país.
Puebla es un claro ejemplo de la fuerza del crimen organizado, el cual en muy poco tiempo revirtió la paz y la tranquilidad que se vivía en este estado y convirtió el territorio en centro de operaciones del robo de combustible con muy funestas consecuencias.

La capacidad del crimen organizado logró infiltrar a las autoridades municipales, las cuales se coludieron o decidieron hacerse de la vista gorda, para no meterse en problemas y terminar ejecutados.

No es nada fácil lo que va a enfrentar el nuevo presidente de México, el territorio nacional, por completo, está infectado por la indolencia con la cual actuó la administración de Peña y el nefasto secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, quien como premio de consolación recibió su candidatura plurinominal al Senado de la República.

Estoy seguro que la decisión que tomó el presidente electo no fue nada fácil, pero las circunstancias en esta ocasión lo obligan a adoptar esta medida, la cual creo es la mejor.

No es cuadrarse ante el Ejército, es reconocer la terrible situación por la que atraviesa el país en materia de seguridad, ya que implementar una medida en otro sentido sólo traería consigo que la descomposición avance.

El llamado de López Obrador a la reconciliación nacional no va a ser nada fácil, la descomposición del tejido social en el país tocó fondo.

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LÓPEZ OBRADOR Y LOS GOBERNADORES

El lunes, el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, se reunió con la Conago, la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Al término del encuentro, el mandatario de Chiapas y presidente de la Conferencia externó que el presidente electo dijo que será respetuoso de la autonomía de los estados y que los coordinadores generales (virreyes) no serán intermediarios entre los gobernadores y la Federación, sino enlaces para trabajar de manera conjunta.

Poco a poco las cosas comienzan a tomar su nivel y la relación entre los gobernadores y el presidente de la República, al parecer, no será diferente a los que han sido con los últimos jefes de la nación.

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