Mesa Cuadrada
Por: Gabriel Reyes Cardoso / @GabrielReyesCa3
Quienes pierden en una contienda electoral generalmente se autoasignan una posición de “oposición” y creen con ello cumplir una misión de defender los derechos de los electores que votaron por ellos, frente a las posibles omisiones y abusos de los que ganaron.
Pero perder no les da ese derecho. Ni sus electores se los piden. La mayoría se suma, inconscientemente y sin perder su identidad política, a los que ganaron. Razones existen, pero una podría ser válida, la de estar bien con quienes, de alguna manera, tendrán que hacer gobierno.
Por eso después de la euforia postelectoral las cosas cambian, los partidos se aquietan, algunos hasta cierran sus oficinas, esperando la siguiente elección, sin “velar armas”.
Entonces cada elección es una historia nueva.
En este parteaguas político que vivimos los mexicanos ser oposición no es ni útil, ni suficiente porque todos los partidos, a excepción temporalmente de MORENA, TODOS, no están preparados para ser oposición, no les alcanzarían los votos obtenidos para hacer presión en contra de lo que el Presidente López Obrador y sus cuates hagan, ni les alcanzará la lealtad de sus militantes. Una lealtad que ya se vio, no fue totalmente leal.
Resistir es, debe ser, el primer objetivo de los partidos que perdieron. Estos son otros tiempos en los cuales deberán luchar por sobrevivir.
Por ello, el Presidente López Obrador enfrentará un reto adicional a los que de por si le plantean las difíciles circunstancias del país. Tendrá que reorganizar la vida política y electoral de la nación.
Se antoja, a cualquier Presidente, a cualquier líder, meter las manos con todas las libertades para intervenir, hasta el fondo, en todos los partidos que le compitieron, perdieron y ahora se encuentran al borde de la extinción.
Pero esto es también el principal límite a un Presidente a quien la amplia mayoría nacional le ha dado todo el poder, incluyendo también las delicias humanas de la dictadura.
Por otra parte, derecho de una democracia que se espera totalmente renovada y diferente, el Presidente López Obrador, por muchas razones, necesitará una oposición política activa, inteligente y útil, para poder hacer que los mexicanos y las mexicanas valuemos bien las diferencias y las conveniencias del gobierno, totalmente diferente, que ofreció.
Desde hace muchos años, todos los presidentes también lo hacían. En México esa es la razón para existir muchos partidos pequeños. El presidente en turno y su partido, tenían que ganarle a alguien y alguien también tenía que reconocerle su ”gran obra de gobierno”.
Así que esta tarea para el Presidente López Obrador no le será ni nueva ni difícil. Menos si recordamos su personal experiencia de haber militado en varios partidos y de haber creado el suyo propio.
¿Entonces cuáles serán las características de los nuevos partidos políticos que habrán de nacer o subsistir en esta presidencia que se viene?
¿Respetará el derecho de antigüedad que los dos, antes grandotes, tendrían como oposición, les daría fuerzas y recursos para recuperarse? ¿Promoverá nuevos partidos? ¿Inventará nuevas organizaciones diferentes en el formato de partidos, como ahora los conocemos? Sobre esto tenemos mucho que hacer todos los ciudadanos. No podemos dejar solo al Presidente López Obrador. No debemos dejarlo solo, el poder no puede, no debe ejercerse unipersonalmente, aunque haya ganado con la mitad de los ciudadanos.
Adelantemos por hoy que, de todas maneras, como sea, a un Presidente que se dice demócrata, le hará falta alguien, algunos a los que les gane, con los que se diferencie de los otros presidentes y con quienes demuestre que la democracia para que sea tal, debe ser plural en su integración, libre y justa en su razón.
