Por: Ilse Contreras
Han pasado dos meses desde que los padres de Iván Conde Vargas reconocieron el cuerpo de su hijo, estaba en el Servicio Médico Forense de la Fiscalía General del Estado (FGE) como “el desconocido número 10”; hoy, exigen la exhumación del cadáver que desde hace más de un año no sabían dónde se encontraba.
El joven que tenía 23 años de edad, originario del estado de Morelos, fue visto por última vez el 5 de junio de 2017 al salir de su domicilio en la colonia Mateo de Regil, de la capital poblana, dos días después, su cuerpo fue encontrado en el municipio de Izúcar de Matamoros, sin que ellos lo supieran hasta un año después.
“Nos hizo una llamada muy entusiasmado, iba a cambiar de trabajo, iba a ganar muy bien, es lo único; no sospechamos nada porque escuchamos a mi hijo como siempre, contento”, recordó su madre Susana Vargas.
Iván Conde vivía con Ivette Guzmán Ortega quien, al comunicarse con los familiares, omitió que era su pareja sentimental, sólo se hizo pasar por “la persona que le rentaba el departamento donde habitaban.
“Ivette ha estado muy hermética con nosotros, con las autoridades, simplemente dice que se fue a ver a su abuelita en Acatlán de Osorio y, viendo las fechas, es cuando mi hijo desaparece y ella no estaba, para mí es muy penoso y sospechoso que no diga nada”, dijo el padre de Iván, Eleazar Conde.
EL CALVARIO
El 12 de junio del año pasado, Eleazar decidió trasladarse a la capital poblana para denunciar la desaparición de su hijo ante la Fiscalía, pero se topó con la negligencia de la dependencia.
“En Izúcar solicitamos su exhumación el día 15 de junio (del presente año), no sabemos qué pasó, no están las investigaciones, no hay nada, ni la necropsia correspondiente que le hicieron”, señala su madre.
La búsqueda inició en municipios de Puebla, pero la angustia los llevó a recorrer estados como Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas y Baja California.
Susana Vargas indicó que al visitar módulos policiacos, los elementos no estaban enterados de la desaparición de su hijo, por lo que denunció la falta de trabajo de Arturo Munguía, agente de homicidios.
Sin embargo, 12 meses después de la desaparición de su vástago –el 4 de junio de 2018– los padres de Iván llegaron al servicio pericial de la FGE, y entre las fotografías de personas fallecidas desconocidas encontraron a Iván, sus señas particulares eran clave: un lunar en la mano derecha y una cicatriz en la mano izquierda.
“Para mí es un milagro, estamos tranquilos porque nuestro peregrinar terminó, no en las condiciones que hubiéramos querido, uno como madre lo quiere encontrar vivo”, dijo Susana entre lágrimas.
Cuando informaron que habían encontrado a su hijo, la Fiscalía tardó un mes en realizar las pruebas de genética, tiempo en el que prometieron que entregarían el cuerpo.
Ha pasado más de un año y la causa de muerte del joven, que llegó a Puebla a estudiar Psicología y terminar su tesis, no ha sido esclarecida, no obstante, los padres urgen al fiscal Víctor Carrancá Bourget “poner a trabajar a su gente” y entregar el cuerpo que aún sigue en una fosa común en el municipio de la Mixteca.
