Marcelo García Almaguer tachó la propuesta de “antidemocrática”; bloque albiazul abandonó el recinto
Por: Mario Galeana
La cuarta transformación ha llegado al Congreso de Puebla. El bloque Morena-PT-PES hizo valer su aplanadora de 22 de 41 diputados locales para dejar fuera de la Mesa Directiva al PAN y a sus cuatro partidos aliados —el PRD, Movimiento Ciudadano (MC), Compromiso Por Puebla (CPP) y Nueva Alianza—, cuyos legisladores abandonaron el recinto antes siquiera de conocer el resultado de la votación.
El grupo de Juntos Haremos Historia impuso a dos advenedizos en la presidencia y la vicepresidencia de la Mesa Directiva: José Juan Espinosa Torres (PT) y Héctor Alonso Granados (Morena), quienes hace seis años, cuando el primero militaba en MC y el segundo en Nueva Alianza, eran prácticamente rivales a muerte en el mismo Congreso que presidirán a partir del 15 de septiembre y hasta el 15 de marzo del próximo año.
Las secretarías y las prosecretarías fueron entregadas a Nora Merino Escamilla (PES), Josefina García Hernández (PRI), María del Carmen Cabrera Camacho (Morena) y a Juan Pablo Kuri Carballo (PVEM).
El PAN, a través de su coordinador, el diputado Marcelo García Almaguer, tildó de “antidemocrática” la propuesta de Morena y propuso, en contraparte, que la Mesa Directiva fuera integrada exclusivamente por mujeres.
Su proposición incluía a Yadira Lira Navarro (Morena) como presidenta, a Mónica Rodríguez Della Vecchia (PAN) como vicepresidenta, a Rocío García Olmedo (PRI) y Nora Merino Escamilla (PES) como secretarias, mientras que a Guadalupe Esquitín Lastiri (MC) y Liliana Luna Aguirre (PRD) como prosecretarias.
Ante el rechazo de los diputados de Juntos Haremos Historia, el bloque del PAN abandonó el Congreso como protesta simbólica, mientras las galerías del Pleno se llenaban de voces que coreaban “¡Barbosa gobernador!”.
Porque la aplanadora de Morena y sus aliados no sólo se hizo valer en la votación, sino entre los palcos, con sus asistentes, quienes atiborraron el lugar y gritaron cada vez que tomaba la tribuna un diputado distinto al de su bloque.
La risa y la voz de una mujer sobresalían entre los gritos. Era la diputada perredista Socorro Quezada Tiempo, quien no sólo soltó una larga carcajada mientras García Almaguer decía desde la tribuna legislativa que Morena perdía credibilidad al imponer su propuesta, sino que incluso lo siguió hasta fuera del Pleno, en donde ofrecía una entrevista a los medios de comunicación.
“¡Se los dije, se los dije! ¡Los carniceros de ayer son las reses de hoy!”, gritaba.
La aplanadora morenista
Nada indicaba que así sería el fin de la primera sesión de la LX Legislatura, cuyos integrantes rendirán protesta este viernes 15. Antes de que iniciara el acto, en las primeras filas del Congreso Héctor Alonso abrazaba a su ex compañero de partido, el aliancista Gerardo Islas Maldonado; José Juan Espinosa conversaba brevemente con Marcelo García Almaguer; mientras Gabriel Biestro le sonreía al panista Oswaldo Jiménez. En media luna, el grupo sonrió ante un fotógrafo que les solicitaba mirar hacia la cámara, y todo era, para entonces, pura civilidad y consenso.
Apenas dio inicio la discusión sobre la integración de la Mesa Directiva, cada una de esas sonrisas se diluyó hasta convertirse en gestos hoscos.
La primera propuesta de Morena incluía a Uruviel González Vieyra (CPP) como prosecretario, pero, casi de manera instantánea, el ex presidente municipal de Tlachichuca subió a tribuna para decir que su integración no había sido consensada y que más le valdría al Congreso elegir una Mesa Directiva integrada exclusivamente por mujeres.
Ese fue el primer despliegue que realizó el PAN y sus partidos políticos aliados para tratar de modificar el proyecto legislativo de Morena. Sin embargo, Biestro Medinilla volvió a tribuna para excluir a González Vieyra de su propuesta para sustituirlo por una diputada de sus filas: María del Carmen Cabrera.
Entonces, García Almaguer tomó la voz para acusar que la proposición de Morena era antidemocrática pues no incluía, para empezar, a la segunda fuerza política del Congreso: el PAN. Y justo en ese momento inició el estallido en las tribunas.
—¡Ja ja ja ja! —soltó Quezada Tiempo. El presidente de la Mesa Directiva, José Germán Jiménez, trató de solicitar silencio, pero Marcelo intervino: —Que se expresen, que se expresen. Nosotros sólo queremos decir que vaya forma de perder su credibilidad en el primer día. Vivimos una Legislatura inédita. Es momento de darle fuerza y voz a las mujeres. Ponemos a consideración del Pleno una planilla que en verdad haga historia.
—¡Mira quién habla! —ahora gritó un hombre entre el público.
—¡Demagogo! —agregó otro.
—¡Fuera Moreno Valle! —se sumó una mujer desde un rincón del Congreso.
Tras García Almaguer, Alonso Granados subió a tribuna para decir que, por si nadie lo había notado, la mayoría de los integrantes de la coalición Juntos Haremos Historia vestía de negro porque asistían al “funeral del dinosaurio panista que nos ha gobernado”. Y las gradas, otra vez, estallaron gritando: “¡Bravo, bravo!”.
Las diputadas Nora Escamilla y Vianney García Romero (Morena) secundaron a Alonso Granados y acusaron al PAN de utilizar la paridad política como una pantalla para tratar de anular la propuesta de su bloque legislativo.
Y sí: en las gradas hubo, otra vez, un estallido.

El voto ante Biestro
Cuando uno a uno los diputados electos fueron llamados para depositar su voto ante la urna, al menos una docena de integrantes de las bancadas de Morena y el PES mostraron a Biestro Medinilla el sentido de su voto. La aplanadora, según parece, aún duda de la lealtad de su mano de obra.
El resultado de la votación fue de 26 diputados a favor de la propuesta de Morena —pues se sumaron los cuatro diputados del PRI— y las 15 abstenciones del bloque PAN-PRD-MC-CPP-PANAL.
Espinosa Torres, quien contrario a su estilo personal se mantuvo callado a lo largo de la sesión, subió a tribuna para recibir la constancia que lo acredita como presidente de la Mesa Directiva del Congreso por los siguientes seis meses.
Y la aplanadora de Morena y aliados cerró su primera exhibición con aquel himno gastado: “¡Es un honor estar con Obrador!”.

