Diario de Viaje

Por: Pablo Íñigo Argüelles / @piaa11

 

Porque algo está pasando aquí

Pero usted no lo entiende

 ¿Verdad, Mr. Jones?

 Bob Dylan, “Ballad of a Thin Man”

 

En su canción Ballad of a Thin Man, incluida en el mítico álbum Highway 61 Revisited de 1965, Bob Dylan hace un retrato peculiar e inédito del hombre pequeño, del hombre flaco. El crítico, empresario o académico, el -inserte aquí una ocupación- soberbio, sabelotodo y espantado, de sensible moral y hábitos contradictorios, que adora la corrección política y señala, desde su escritorio, los males del país en el que vive, mientras fuma un puro, bebe un té y acomoda su corbata.

A este desafortunado personaje Dylan le hace llamar Mr. Jones y, a través de un blues bastante sucio -cuyo inicio recuerda los agresivos acordes del más puro R&B de Ray Charles- el ahora Nobel de Literatura pinta a su flaco personaje de la misma forma irónica en la que Molière ilustra a su Tartufo.

Nuestro querido Mr. Jones esté quizá inspirado en Jeffrey Jones, un periodista musical que entrevistó a Dylan el mismo día en que cambió su guitarra acústica por una eléctrica en el Festival de Folk de Newport. Sin embargo es solo una teoría: Mr. Jones, podría ser cualquiera; Mr. Jones es cualquiera.

A través de los años Bob Dylan ha dicho que fue escrita para “esa gente que hace preguntas todo el tiempo”. Esencialmente, Mr. Jones es la epítome de esa figura que no entiende que no entiende:

“Has estado con los profesores y a todos les gustó tu aspecto; con grandes abogados debatiste sobre leprosos y malhechores. Te has tragado todos los libros de F. Scott Fitzgerald; eres un tipo leído, eso es bien sabido. Pero algo está pasando aquí y usted no sabe lo que es. ¿Verdad, Mr. Jones?”.

 

***

 

Dos colegas fueron menospreciados recientemente por su inexperiencia:

El primero en el ITAM, durante la presentación del nuevo número de la revista Opción. Carlos Alejandro, director de la revista, fue increpado por una profesora universitaria, quien ante el público se presentó enlistando todos los títulos, diplomas y grados que respaldaban todo lo que estaba a punto de decir. Su crítica iba sobre un artículo que Carlos escribió en el ya mencionado número, cuyos párrafos pretenden hacer una crítica a la universidad (la universidad en general) y a los entes que la conforman: alumnos, maestros y administrativos.

El evento fue en un pequeño salón con chimenea a la misma hora en que una tormenta se precipitaba afuera, lo que hacía que, mientras la profesora lanzaba con todo enojo un “no puedes escribir así”, “pecas de soberbio e irresponsable” “hay mucho enojo en tus palabras” el ambiente luciera como el de una película de Luis Buñuel. La discusión se volvió personal y nos hizo sentir atrapados en el fuego cruzado a los que acompañábamos a Carlos en la mesa.

Carlos, sin éxito, trataba de hacerle entender lo obvio a la maestra, mientras ella solo alegaba que no estaba enojada y que no tenía ningún interés por el artículo ni por la revista, que solo estaba ahí para oponerse al tono inaceptable en el que Carlos, un estudiante ejemplar, escritor y poeta, había decidido escribir una crítica de lo indefendible.

La maestra abandonó el salón olvidando su pequeña lonchera detrás, al mismo tiempo en que Carlos replicaba.

El segundo tuvo lugar en Twitter. Carlos Galeana, colega, periodista joven y fundador del sitio manati.mx, también fue increpado: un periodista poblano que intentó dejar en evidencia la inexperiencia de Carlos, como si ésta característica le dejara en desventaja a la hora de expresar su opinión y, sobre todo, de corregir un error tremendo que ni toda la experiencia del mundo puede permitir. El periodista creyó que con palabras como “estás verde” o “deberías volver al aula” podía demostrar su sabiduría, cuando en realidad, solo demostró su soberbia y falta de profesionalismo.

 

***

 

El error más grande que uno puede cometer es creer que lo sabe todo. Mirar con desdén a un joven inexperto es evidenciar las propias carencias y frustraciones, no importa que seas un periodista o una maestra universitaria.

Bob Dylan tenía 24 años cuando escribió Ballad of a Thin Man. Tenía toda la inexperiencia de un joven escritor, pero aun así logró retratar al hombre pequeño, al hombre flaco mejor que nadie, a ese hombre que nació sabiéndolo todo y que piensa que sus años pueden callar la boca de quien no ha vivido demasiado.

Pero usted no entiende nada, ¿verdad, Mr. Jones?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *