Entre Libros

Por: Fredo Godínez

 

Vera aborda desde distintas perspectivas uno de los temas que siempre han llamado mi atención: las relaciones que establecemos con esas personas que no elegimos, pero nos fueron otorgadas por la naturaleza.

De unos meses para acá me ha surgido una inquietud como lector y hacedor de mi biblioteca personal: leer lo que están haciendo las escritoras latinoamericanas; y sobre todo, acercarme a las voces más
jóvenes.

Una de las integrantes de esa búsqueda literaria es la uruguaya Vera Giaconi. A Vera la conocí, por decirlo de una forma, a través de sus redes sociales y sobre todo de Instagram, una cuenta que mantiene constantemente activa y donde uno puede presenciar lo que lee, los lugares que visita, los objetos que captan su atención y un sinfín de momentos capturados por ella que a uno le permiten conocer no sólo a la escritora, sino a la lectora, al ser humano.

En dicha red social es donde me enteré de la existencia de su segundo libro de cuentos: Seres queridos, publicado por Anagrama y que fuera uno de los cinco finalistas del Premio Internacional de Narrativa Breve “Ribera del Duero” 2015.

Anhelar leer/poseer tanto un libro es como aventar una moneda al aire, donde una de las caras confirma que la espera valió la pena, mientras que la otra le recuerda a uno que toda expectativa puede convertirse en una terrible decepción. Empero, Seres queridos superó mi ilusión con creces.

A lo largo de los 10 cuentos que conforman Seres queridos, Vera aborda desde distintas perspectivas uno de los temas que siempre han llamado mi atención: las relaciones que establecemos con esas personas que no elegimos, pero nos fueron otorgadas por naturaleza: la familia.

Dicha institución social “en crisis, de unos años para acá” es pretexto para que la autora aborde/explore/retrate aquellos deseos soterrados e impulsos innombrables que muchos llegan a tener, pero nadie se atreve a reconocer; también hacen acto de presencia el odio, el miedo y una especie de violencia disfrazada que para muchos podrían ser lugares comunes en la literatura contemporánea, pero la forma como ella los plasma hace que uno se identifique o establezca una extraña conexión, similar a la que uno siente cuando una amistad te cuenta algún secreto o pensamiento muy macabro, o cuando a uno se le viene a la mente alguna idea prohibida/negativa/impropia.

Vera Giaconi tiene otro par de grandes aciertos en este libro de cuentos: regalarle al lector una narrativa cruda, sincera y sin tapujos pero con mucho lenguaje coloquial, lo que hace que inmediatamente se apropie de las historias y no se detenga o distraiga en buscar definiciones. El otro atino es el fácil y rico manejo que tiene la autora del humor, lo que provoca que uno se reiría de algunas escenas políticamente incorrectas; una sensación muy similar a lo que Luis Estrada ha logrado/construido en su universo fílmico.

Y por si esto fuera poco, Vera ofrece –al lector– otro gran trazo en este lienzo cuentístico: la presencia de la pérdida como un gran hilo conductor del universo de historias familiares. En Pirañas por ejemplo, se retrata la ausencia de los dedos anular y mayor de la mano izquierda de Víctor, y el morbo que le provoca a sus hermanas saber qué siente y cómo afronta, su hermano, vivir sin esos dos dedos. En los restos, Vera relata cómo Marta y Graciela, así como sus familiares, afrontan la muerte de un familiar suyo. O en A oscuras, Giaconi  plasma la ausencia de la seguridad de un par de niños ante un hecho que ellos catalogan de extraño, peligroso.

Seres queridos es un gran descubrimiento literario y me deja el gran anhelo de algún día poder sostener una plática con la autora, y así conocer a fondo la cocina literaria de este magnífico libro de cuentos.

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*Seres queridos: Vera Giaconi. Anagrama: 2017. España.


 

 

 

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