Los integrantes de la coalición Juntos Haremos Historia cometieron un error al dejar abierto un micrófono en el salón donde discuten.
Por: Mario Galeana
La cuarta transformación se reparte las comisiones del Congreso de Puebla a gritos y sombrerazos. En una sala del recinto legislativo, José Juan Espinosa Torres, presidente de la Mesa Directiva, vocifera y manotea sobre la mesa para echarle en cara a los otros 21 diputados de la alianza Juntos Haremos Historia que la repartición que realizan no ha sido justa con el PT, la bancada que él dirige.
—¡Yo no tengo la culpa de ser el presidente de la Mesa! ¡Ustedes me eligieron! Pero si te quieres quedar con la presidencia, Emilio, ¡quédatela! ¡A ver qué haces con ella!
Se dirige al diputado Emilio Maurer Espinosa, de Morena, quien a su vez le responde algo pero su voz estertórea hace que sea ininteligible para los reporteros que escuchan todo desde la sala de prensa, un cuarto adyacente al lugar donde se encuentran congregados los diputados de Morena, el PT y el PES.
—¡A ver, a ver, a ver! Tenemos que llegar a un arreglo. Tenemos que votarlo —se escucha decir a Gabriel Biestro Medinilla, coordinador de Morena y presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, pero su voz queda apocada entre un reclamo gangoso: es la voz de Héctor Alonso Granados, vicepresidente de la Mesa Directiva.
—¿¡Para qué vamos a votar!? Ya todo estaba decidido.
—No, no, no. Tenemos que llegar a un consenso —insiste Biestro.
Y todo retumba en las salas del Congreso local sin que lo sepan porque han cometido una nimiedad: han dejado encendido un micrófono con bocinas que se encuentra en el salón en el que están.
La prensa escucha atenta, trata de acercarse a la sala, pero entonces varios de los secretarios particulares de los diputados locales los encaran y les dicen que no deberían estar escuchando, y los conminan a caminar de vuelta a la sala de prensa.
Pocos minutos tardan para que, entre la comitiva de los secretarios aparezca también Misraim Hernández, un hombre calvo y de barba espesa que se define como defensor de derechos humanos pero que, desde el pasado 3 de julio, es más célebre por haber sido filmado mientras ahorcaba a un sujeto en el MM Grand Hotel.
—¡Oigan, no pueden estar aquí! Denle un poco de privacidad a los diputados y sálganse —alega hacia los reporteros. Ellos se miran los unos a los otros: si la prensa no puede estar en la sala de prensa, ¿entonces dónde? No ceden a su reclamo y empiezan a filmar.
Los secretarios, al verse exhibidos, optan por el ruido. De algún lugar sacan una grabadora y la colocan frente a la puerta de la sala en la que los diputados de la Cuarta Transformación aún discuten. Ahora retumba Café Tacuba y más tarde Cerati.
Más tarde, a las 21:00 horas del martes 18 de septiembre, la sala de los manotazos va desalojándose. Biestro se encierra una vez más en una sala, pero esta vez con los coordinadores legislativos de los otros partidos.
Y, hasta el cierre de edición, no hay un listado oficial sobre el reparto de las comisiones del Congreso.
