Las Serpientes
Por: Ricardo Morales Sánchez / @riva_leo
Me queda claro que uno de los grandes retos que enfrentará Andrés Manuel López Obrador, al iniciar su gestión como presidente de México, es cómo manejar a las dos Morenas que convergen al interior del movimiento que lo llevó al poder el pasado domingo 1 de julio.
Y es que ha quedado muy claro que hoy existen o convergen al interior de este partido dos corrientes, el ala dura, los jacobinos, los radicales que piensan que los madrazos y la venganza son el instrumento natural sobre el cual se debe de asentar la cuarta transformación del país, y los grupos que piensan de manera inteligente en hacer política, los moderados que buscan elevar el nivel del debate y convencer a los mexicanos de que sí es posible un cambio, haciendo precisamente gala de sus dotes discursivas y de la inteligencia.
Este mismo comportamiento ya se observa desde ahora en el país y también en el actuar en la Cámara de Diputados.
Las imágenes son más que elocuentes, “porros” como Fernández Noroña, buscando como siempre llamar la atención mediática, a través de los gritos y los escándalos, con actitudes y gestos estridentes, y las posturas más moderadas como la asumida por el mismo líder de la Cámara, Porfirio Muñoz Ledo.
Este mismo comportamiento se traslada a Morena Puebla, donde dos posturas, ya desde este momento, marcan una línea de distanciamiento y por supuesto de acción.
Los actos ocurridos en el MM Grand Hotel Puebla, el martes posterior a la elección, dejaron en claro que a muchos al interior de Morena aún no les ha caído el veinte de que dejaron de ser oposición y ahora son el partido en el poder.
Las escenas de barbarie protagonizadas por una buena parte de los actores que se alzaron con el triunfo en el mismo proceso que hoy buscan descalificar, son parte de esa dualidad esquizofrénica que viven algunos personajes que sin dudar, en un instante recurrirán a la violencia, cuando crean sean objeto de una injusticia o crean que sea necesario.
Ese mismo acto, tan reprobado por una buena parte de la sociedad poblana, marcó la línea divisoria entre las dos Morenas, la que hará uso del grito, del sombrerazo, de la violencia misma, justificada bajo el argumento natural de hacer justicia y restituir lo que el viejo régimen corrupto les arrebató.
A nadie le debe de extrañar esta actitud natural y humana, al propio inicio de la Revolución Mexicana y durante su posterior desarrollo, estas mismas posturas una y otra vez se enfrentaron hasta que, producto de esto y otras circunstancias, nació lo que más tarde se iba a conocer como el PRI.
Así pues, hoy podemos ver en Puebla posturas moderadas como la de la presidenta municipal electa de Puebla, Claudia Rivera Vivanco; la del senador Alejandro Armenta Mier o la del diputado federal, Fernando Manzanilla Prieto, las cuales contrastan con las asumidas por sus correligionarios, Gabriel Biestro, José Juan Espinosa y Luis Miguel Barbosa Huerta, quienes han adoptado una postura radical en su lucha.
Yo no cuestiono el fondo de las cosas, pongo en entredicho los métodos a utilizar, pero sobre todo la congruencia y las trayectorias de estos personajes que buscan erigirse en los nuevos jueces de Puebla. Ya en alguna ocasión los califiqué de Marat, Robespierre y Danton, que revisen la historia para que vean cómo terminaron estos tres personajes.
Por cierto, cuenta la leyenda que Robespierre, quien encabezó la etapa conocida como el “terror” en Francia y el creador del Comité de Salud Pública, el cual envió a la guillotina a más de tres mil personas, murió luego de haber fracasado en el intento de suicidarse. Se trató de pegar un balazo en la boca y sólo se hirió en la mejilla, el pueblo cansado de sus actitudes tiránicas, lo sacó arrastrando de su casa aún sangrando, se dice que Robespierre lloró, gimió, suplicó y se orinó en los pantalones, previo a ser guillotinado en la Plaza de la Concordia, actitud que distó mucho de la asumida por el rey Luis XVI y la reina María Antonieta, quienes habían sido muertos de la misma forma, años antes y quienes en todo momento mantuvieron una actitud de dignidad.
Ahora la gran pregunta es: ¿Qué tipo de Morena es la que quiere Andrés Manuel López Obrador para gobernar este país? ¿La de los gritos, la violencia, los sombrerazos y la venganza? ¿O la de la reconciliación, los acuerdos y el avance?
Ahí está su propio monstruo, su Leviatán, ¿podrá controlar a sus hordas que se comportan como los hunos de Atila, o se apoyará en quienes buscan la vía institucional para sacar adelante a este país?
Ese es el gran reto que hoy tiene por delante el líder de la cuarta transformación de este país.

