Los Guisantes de Mendel 
Por: Víctor Florencio Ramírez Cabrera / @vicfc7 

La generación distribuida como concepto se fortaleció a partir de la masificación de los paneles solares que permiten generar la propia energía y escalar la generación tanto como el usuario lo requiera, desde unos 80 watts (¿aún hay paneles de esos?) Hasta miles de millones de watts.
En el origen la generación de energía eléctrica se dio así, distribuida. Se generaba donde se consumía, hasta que Nikola Tesla inventó la transmisión mediante corriente alterna, que permitió la generación remota sin pérdidas mayores. Entonces florecieron las grandes generadoras que podían producir electricidad desde cientos de kilómetros de los centros de consumo. Grandes hidroeléctricas, por ejemplo, lejanas a las poblaciones, fuero más exitosas al poder llevar la energía a largas distancias.
La generación distribuida como la conocemos en Mexico es muy curiosa y limitada: los legisladores decidieron ponerle un límite de 500 kw de capacidad de generación desde la ley, cuando en el mundo tiene límites mayores y en algunos casos el único límite es la capacidad de carga de las redes de distribución, que en México serían 28 GW o 11 MW en cada nodo, aproximadamente.
Eso ha hecho que la generación IN SITU difícilmente crezca en el sector empresarial, que tiene consumos mayores a 500 kw y por lo tanto su capacidad de instalar paneles solares (u otra tecnología) se ve limitada, generando topes de costos relativamente altos.
Algunos han propuesto elevar el límite a 1 MW, pero ¿que sucedería si simplemente se elimina el límite?
Pensemos:
Como lo dijimos arriba, el límite natural será la capacidad de carga de cada circuito (unos 11 MW cada nodo en Mexico). Esta generación podría darse por otras tecnologías renovables (como eólica, con generadores de 1a 2 MW).
El gran industrial tendría incentivos para instalar su capacidad total IN SITU, eliminando costos de transmisión de energía, que se podría equilibrar mediante el uso de baterías.
Tal vez los nodos se saturarían de los proyectos grandes, que serían más rentables a escala mediana, pero en el sitio de consumo, que los proyectos domésticos.
¿Para quien es buena noticia? Para los desarrolladores y capitales grandes, que tendrían más acceso a financiamiento. Haría falta ahí una mano de la banca de desarrollo que impulse la Generación
Distribuida en residencial.
El impulso haría probablemente caduco el modelo de Precio Marginal Local que estableció la CRE
como método de cálculo del pago por la energía, para hacer en realidad competencia entre generación
distribuida y remota.
En resumen, sin las medidas adecuadas podría haber crecimiento exponencial de la generación distribuida en potencia ya no sólo en contratos, sino en potencia y si, más que lo que ya crece, pero poco residencial.
Eso requeriría un esfuerzo adicional de parte de los distribuidores para administrar la energía, disminuiría las necesidades de instalación de grandes parques o generadores, pero si haría necesaria una mayor intervención para generar energía en horas de no generación de renovables (sin sol o viento) para poder compensar la intermitencia e, incluso, podría cambiar patrones de consumo de la propia industria, en aras de abaratar su costo energético y ser más independientes de las redes. Eso también dispararía el almacenamiento y tendería a bajar su costo.
Con políticas adecuadas, esto lograría renovables avanzando por doquier y miles de empleos generados IN SITU.
Si el nuevo gobierno quiere impulsar la autonomía energética, he aquí una idea para reformar la ley u hacerlo de forma revolucionaria, disruptiva y sin mayor gasto del Estado: eliminar el actual límite a la Generación Distribuida y dejarla a juicio de la Comisión Reguladora de Energía para la liberación paulatina y financiar el sector doméstico.
¿Le entrarán?

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