Mesa Cuadrada
Por: Gabriel Reyes Cardoso
El castigo no fue por los muchos años en el ejercicio del poder, fue por los abusos y excesos de las formas en que lo ejerció. El partido “aplanadora” vivió de las mieles de la tentación en la arbitrariedad, la corrupción y el cinismo. Ningún otro partido podría detenerlo y los que pudieron mejor se aliaron y compartieron.
Pensamos en ese tiempo que abandonarlo en las urnas representaba una oportunidad de restablecer ese balance de poderes que desde hace muchos años ha estado escrito en los cuerpos de la ley y ofrecerle una “lección” para que cambiara hacia dentro y hacia afuera.
Poco fue lo que cambio ese viejo PRI, y lo que reformó lo hizo forzado por un instinto de supervivencia… aun así duró otros años en el poder…
La inclusión de “mayorías” y “minorías” fue una estrategia bien meditada en aquellas lecciones de una “nueva moral” política que se presumió de innovación y con mayor capacidad de acceso y equidad al gobierno, que no al poder, pero que al final, como todos los demás intentos, terminó siendo simulación, arreglo y poco útil. Hicieron del pluralismo, pandilla y luego mafia.
Las capacidades y posibilidades que le dieron al viejo PRI, el único PRI, tener las mayorías en las diferentes cámaras de representación popular engrosaron los diámetros de los nervios y arterias que condujeron el poder durante muchos años. Al final, la arterioesclerosis política acabó con todo.
La mayoría en las cámaras de diputados y senadores me hizo recordar esa condición de complicidad que permitió todo lo que ahora en el 2018 pensamos que se debe acabar.
Las mayorías de MORENA, con todo, contienen las mismas posibilidades de terminar, como le pasó al PRI, con un real balance de poderes que, por cierto, nunca ha existido en México, y asegurar no solo las complicidades vergonzosas, camino del poder absoluto concentrado en un presidente de la República, igualito que pasó con el modelo PRIISTA de gobierno nacional, y dibujar realmente un dictador.
Esas mayorías son orgullo de muchos morenistas sanos y presunción de muchos morenistas sucios que, a tiempo, cambiaron sus viejos partidos por este nuevo movimiento, y ya ve ahora son senadores y diputados que sienten que por el solo cambio de partido han bañado sus errores y limpiado sus conciencias.
Definir las mayorías es mandato de los electores. Pero no funcionará como antes. Ahí ni se acuerdan de los ciudadanos que votaron por ellos. Cambian las intenciones de quienes los escogieron por las “instrucciones” superiores. Siempre ha sido así, en los tres años siguientes seguirá siendo así. Usted lo verá.
Cinco diputados del PARTIDO VERDE ECOLOGISTA le dieron a MORENA el control más que absoluto de la Cámara de Diputados, control que por el número original de diputados ya tenía. ¿Para qué hizo esto el VERDE?
La respuesta fue inmediata, el VERDE traiciona a su viejo patrón el PRI y “muerto el rey, viva el rey”, ahora se asocia con MORENA.
Las ideas, los proyectos diferentes de nación, los programas alternativos, si es que algún día los tuvo el VERDE, se archivaron en la bolsa posterior del pantalón, para no acordarse de que están pendientes. Hasta ayudan a una mayor comodidad al sentarse.
¿Qué gana el país cuando el VERDE y MOVIMIENTO CIUDADANO se alían con MORENA? NADA. O bueno, sí, mejores posibilidades de concentración del poder, como lo hacían las viejas “mafias del poder”.
Entiendo al VERDE, solo aprendió a vivir como apéndice, y eso siempre les dejó a sus miembros ganancias nunca antes soñadas. Nunca aprendió a vivir por sí solo. Nunca aprendió a luchar por sí solo.
Sobran partidos en esta cuarta República. Nos cuestan mucho dinero a los electores y lejos de pujar por una representación real, aunque minoritaria, solo piensan en ellos mismos, en su jugoso negocio de jugar a la democracia y, lo peor, acrecientan el engaño y cancelan posibilidades de corrección.
¿Y qué va a hacer el Presidente López Obrador con tanta “representación” acumulada en su persona? ¿Cómo va a ejercer esa Presidencia súper poderosa contra la cual combatió los últimos 18 años de su vida política? ¿Cómo evadirá las tentaciones de una nueva versión de la “Dictadura Perfecta”?
