Plumas Ibero

Por: José Teódulo Guzmán Anell, SJ.

Las principales motivaciones  de los estudiantes al elegir una profesión son: la demanda laboral y la retribución económica.

Al concluir el bachillerato o quizá un poco antes, la mayoría de los estudiantes desea transitar al siguiente nivel de la educación universitaria. No todos logran satisfacer este legítimo deseo. Las estadísticas de la SEP pueden dar cuenta más o menos exacta del porcentaje de alumnos y alumnas que por diversas razones no acceden al nivel de enseñanza superior.

Esta situación, que se repite año tras año, es lamentable. Sin embargo, no es mi intención analizar las causas de este hecho, sino abordar una cuestión que suele aflorar en las conversaciones de directivos y académicos de nuestra universidad. ¿Por qué hay carreras que se saturan  cada semestre y otras que casi están a punto de suspenderse por falta de quórum?

Ante este escenario, preguntaría qué motivaciones tienen los estudiantes para la elección de determinada carrera. Uno pensaría que la mayoría se deja seducir por la demanda de profesionistas en determinado segmento del mercado de trabajo. Por ejemplo, las constructoras de vivienda en fraccionamientos de lujo, las armadoras de automóviles, la industria restaurantera de gran nivel, las grandes cadenas comerciales, etcétera.

Normalmente el universitario imagina que si obtiene un título en alguna rama de la ingeniería, del diseño industrial, de la biotecnología, o de la abogacía, podrá emplearse posteriormente en una buena empresa de la industria, del comercio o incluso en alguna dependencia del gobierno estatal o federal. Cualquiera diría que esta aspiración es legítima y normal en esta sociedad de la meritocracia académica y de una oferta cada vez más especializada del empleo en las grandes metrópolis.

Frente a estos escenarios pienso que podría haber una mirada diferente en relación con la elección de una carrera e incluso de una determinada institución de educación superior, sea pública o privada.

¿En qué están pensando los egresados de un bachillerato cuando toman  una decisión tan importante en sus vidas? Me atrevo a decir que son relativamente pocos quienes se han dejado tocar por las demandas y retos de miles de comunidades campesinas o de zonas rurales habitadas por algunas etnias ancestrales de nuestra patria. Cuando piensan a quién van a servir cuando culminen sus estudios universitarios.

Hay, por fortuna una minoría de egresados de nuestra universidad que no ha buscado las ofertas de empleo de las empresas regionales o nacionales. Han escuchado más bien con atención las demandas sustanciales de personas y grupos en situación de desigualdad y marginación social. Ellos y ellas han comprendido perfectamente el lema de nuestra universidad: Ser para los demás y con los demás. No solo estar con, sino convivir y servir a quienes demandan una atención profesional y cualificada para encontrar los mejores medios para emerger de sus condiciones de marginación y pobreza.  En este caso, no se trata de que el profesionista vaya a decirles a los campesinos o a los pobladores de un barrio de la periferia cómo deben organizarse o trabajar para solucionar sus problemas. El viejo paradigma del promotor rural extensionista ha sido desechado desde hace tiempo.  Ahora lo que prevalece es el diálogo, la interacción activa con la gente de las comunidades y la convocación para lograr acuerdos comunitarios que propicien un determinado proyecto, bien sea de construcción o reconstrucción de viviendas, de comercialización de un producto o de gestión de un crédito con un banco. El propósito no es tanto añadir valor comercial a ciertos productos del campo, sino suscitar la valoración personal, el diálogo comunitario y la organización vecinal para encontrar y llevar a cabo tareas que contribuyan al bien común y que al mismo tiempo fortalezcan el tejido social.

La decisión personal para elegir determinada carrera y la valoración del servicio profesional en el futuro no estaría prioritariamente en función de la ganancia monetaria individualista, sino en relación con la participación solidaria en la construcción del interés público.

El presidente electo para dirigir los destinos de México durante los próximos seis años ha dicho que una de sus prioridades será el abatimiento de la pobreza y de la desigualdad social. Ojalá tome en cuenta que los poblados y comunidades que padecen los errores de políticas de salud, educación y tecnificación de zonas rurales e indígenas del pasado reciente no podrán corregirse sin el apoyo de profesionales, no sólo preparados, sino verdaderamente comprometidos con los pobres de este país. Parodiando la frase de una vieja canción diría que no todo estará perdido porque todavía hay jóvenes profesionistas que están dispuestos y dispuestas a ofrecer no sólo sus conocimientos, sino su corazón en aras de una verdadera transformación social.

Universitarios. La mayoría, con la mira en el mercado laboral. / ARCHIVO

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