La Quinta Columna 
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam 

Cuando el fenómeno Lopez Obrador se hizo imbatible, oportunistas de todos los signos vieron su oportunidad para subirse al barco de la Cuarta Transformación.

Los más vivos amarraron candidaturas.

Los idealistas, pasaron a formar parte de las porras.

Los parias levantaron sus pancartas.

Al triunfo de la Revolución ocurrió lo que siempre pasa en México:

Las Adelitas se fueron al Congreso (tanto a la Cámara Alta como a la Cámara Baja) con su ignorancia a cuestas.

Los José Juanes entraron a los congresos locales montados a caballo.

Y los parias y los idealistas unieron sus fortalezas para hacer una ola que no cabría en el Estadio Azteca.

La ingenuidad de estos últimos es brutal.

En el pasado reciente apoyaron —en orden de aparición— a Clouthier, Cárdenas, Camacho, Colosio, Marcos, Diego, Cárdenas, Fox, Calderón, Madero, Anaya y, ufff, AMLO.

Su larga cadena de fervores a nivel local tampoco tiene pierde.

En Puebla estuvieron —“siempre”— con Bartlett, Melquiades, Marín, Marín, Marín, Ana Tere, Lalo Rivera, Humberto Aguilar, el Chofer de Lalo, Miguel Barbosa, Claudia Rivera, Armenta y —“siempre”— Marín, Marín, Marín.

Hoy, en espera de la Cuarta Resurrección, han empezado a preguntarse cuándo serán llamados al Reino del Amado Líder.

Ese Reino es la nómina.

Todos ellos —Matraqueros Profesionales, Señores del Confeti— sienten que tiene la autoridad moral para ser tomados en cuenta.

Unos y otros son constructores de medio pelo, aboneros, periodistas, abogados —sin título—, administradores (de lo ajeno), fotógrafos de paisaje, expertos en petróleo, expertos en electricidad, expertos en minucias, expertos en nada, expertos…

Ufff.

La primera decepción la tuvieron con Claudia Rivera cuando ésta asumió la Presidencia Municipal de Puebla.

Ellos, los matraqueros, pensaban que estarían invitados a la toma de posesión.

Y en primera fila.

Por más señales que enviaron no fueron convidados.

Una vez recuperados, operaron para aparecer en el Gabinete.

Nueva frustración.

Sus nombres no estuvieron ahí.

(Ni ahí ni en posiciones abajeñas).

Hoy son críticos consuetudinarios de la presidenta municipal y la increpan desde sus cuentas de Twitter y de Facebook.

Pero aclaran:

No odian la Revolución, sino a quien los defraudó de tal manera.

Los Miguelitos y las Miguelitas —chicos y chicas de la prensa revolucionaria adictos(as) a Miguel Barbosa y los Jose Juanes del Congreso— también han empezado a sentirse descorazonados.

Y es que esperaban que la presidenta municipal expulsara del Reino a los periodistas reaccionarios.

(Esos espurios que jamás le echaron porrras a Barbosa en las rueda de prensa).

En varios tuits, dos Miguelitas lamentaron tal situación y se dijeron decepcionadas.

Otros como ellas hicieron lo mismo en Facebook.

Era muy claro:

La Revolución les estaba quedando a deber.

Un consejo desde aquí:

Sean pacientes.

No desesperen.

Sus almas ya tienen un lugar en la Cuarta Resurrección.