La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam

Hace unos días, en Tehuacán, Miguel Barbosa presumió ante los suyos que la amistad con el hoy diputado local Emilio Maurer data desde finales de los años noventa, cuando como presidente estatal del PRD lo eligió para ser el candidato a la presidencia municipal.

El ex senador Barbosa cometió un lapsus al decir lo anterior, pues de todos es sabido que quien puso a Maurer en esa posición fue el mismísimo Manuel Bartlett Díaz, a la sazón gobernador del estado.

Gracias a ese lapsus, y sin así quererlo, Barbosa dejó en claro el contubernio entre Bartlett y el PRD.

Todo mundo sabe que los perredistas de entonces cobraban en Palacio de Gobierno mes con mes.

El dicho de Barbosa confirma, pues, ese amasiato.

Y más:

Evidencia que Maurer fue el instrumento para hacer ganar al candidato de Bartlett: Mario Marín Torres.

Cómo olvidar que el mismo día de la elección Maurer fue grabado en una conversación telefónica hecha llegar a Rodolfo Ruiz, director de El Universal Puebla.

En dicha charla, Maurer le dijo a alguien no identificado que “bendito sea Dios ganó Marín”.

Era un Maurer eufórico, agradecido con la vida.

Ruiz no dudó en publicar la versión estenográfica de esa conversación, con lo que quedó demostrado el papel de esquirol que jugó el empresario.

Y es que lo que Bartlett y Barbosa querían es que no ganara José Antonio Díaz García, candidato del PAN a la alcaldía.

Una semana después de la elección, Ana Teresa Aranda invitó a Maurer a sumarse a un acto de protesta por el fraude electoral.

El resultado del mitin ratificó el papel de Maurer en esa opereta.

Y es que reventó la protesta muy en su estilo.

En Miedo y Asco en Casa Puebla —la novela política que publiqué hace casi un año— relato algunos de los pasajes que dieron origen al engaño admitido subliminalmente por Miguel Barbosa en Tehuacán.

Vea el hipócrita Lector.

La escena transcurre en Casa Puebla.

Manuel Bartlett habla con Melquiades Morales, candidato del PRI a la gubernatura:

—Don Enrique Montero me dijo el otro día que Emilio Maurer podría ser nuestro candidato en el PRD. ¿Cómo lo ves?

—¿Maurer? Mmm… Tengo mis dudas con él, Manuel, aunque como decía el maestro Pachón: “Hay gallos giros que cambian de color”.

—(Risas). Con dinero baila el perro, ¿eh? Tiene deudas y quiere ser nuestro amigo.

—¿Ya lo sabe Marín?

—Don Enrique se lo dijo el otro día. Ya ves que lo quiere como a un hijo.

—Pues si se logra la negociación cerraremos la pinza, licenciado.

—Háblame de tú, Melquiades. Seremos pares muy pronto. Lo que voy a extrañar de todo esto va a ser el helicóptero.

—No te preocupes, Manuel. Cada vez que vengas a Puebla tendrás el helicóptero a tu disposición.

(Y así ocurrió a lo largo del sexenio. Cuando Bartlett viajaba a Puebla lo hacía montado en el helicóptero que usaba don Melquiades).

El candidato salió de Casa Puebla y pensó en que algo le hacía falta al lugar. Calor humano, flores, familia, desayunos calientitos, comida serrana, cafecito de la olla, niños corriendo. Bartlett pasó a su despacho. Pidió que lo comunicaran con don Enrique. Tomó el teléfono.

—¿Cuándo me sienta con Maurer, don Enrique?

—Cuando usted diga, señor gobernador.

—Ya. Urge cerrar el expediente. Mañana mismo, ¿eh?

(…)

Mientras Melquiades Morales armaba su equipo de campaña y la estrategia a seguir, el gobernador Bartlett daba pasos en firme para blindar a su alumno más aventajado: Mario Marín Torres.

Todos los días confabulaba en aras de que llegara a la Presidencia Municipal. Antes de negociar con Emilio Maurer, el gobernador se sentó con Marín. Comieron en Casa Puebla. Bartlett, pescado hervido sin sal y agua simple. El candidato a la alcaldía, mole poblano y dos cervezas. Ambos estuvieron de acuerdo en ofrecerle a Maurer un buen pedazo de pastel. La idea era que le quitara el mayor número de votos al “Mosco” Díaz García.

—Tú métete de lleno a la campaña mientras yo te limpio el camino, ¿eh?

—Gracias, señor gobernador. No lo voy a defraudar.

—No. Para nada. A los que vamos a defraudar son a esos vendepatrias reaccionarios: a los señoritos del PAN.

Entre carcajadas se despidieron con un abrazo emocionado.

Bartlett y el arquitecto Jaime Aguilar Álvarez se reunieron con Maurer y don Enrique Montero en Casa Puebla. El encuentro fue de lo más afable. Bartlett le dijo al empresario que lo necesitaban para derrotar a la reacción. También le dijo que era necesario que hiciera una campaña agresiva.

—Todo contra los panistas, ¿eh?

—¿Y a Marín cómo lo trato, señor gobernador?

—Tóquelo de pronto para que no se note que usted está con nosotros.

—¿Marín no me va a pegar?

—Para nada. Yo me comprometo.

—¿Y cómo le hacemos con los documentos que necesito para que cuaje todo esto, señor gobernador?

—Lo voy a dejar con Mauro Uscanga. Es nuestro Don Dinero. Póngase de acuerdo con él en todo lo que necesite, ¿eh?

—Oiga, gobernador, ¿no sé si don Enrique le contó de una fuerte deuda que tengo con algunos acreedores?

—Ya me dijo, ¿eh? Despreocúpese, Emilio. Todo eso lo sabe también Mauro Uscanga. Él se lo resolverá. Usted métase a la campaña y échele todas las ganas para derrotar a los señoritos.

—Le quiero decir, señor gobernador, que Emilio es mi hermano. No los va a defraudar ni a usted ni a Marín—dijo un conmovido Montero Ponce.

Hasta aquí la larga pero necesaria cita.

Así fue como se arregló aquel fraude.

Hoy —quién lo diría—, Bartlett, Maurer, Barbosa y Marín trabajan para Morena, aunque éste último de manera informal.

Ufff.

 

Unas Precisiones de Miguel Barbosa

 

Miguel Barbosa Huerta me envió las siguientes líneas sobre mi columna de hoy.

Le agradezco el gesto y procedo a su publicación:

Mario Alberto: sólo para hacer algunas precisiones a tu columna de hoy.

Yo conocí a Emilio Maurer el primero de Mayo de 1998, cuando por primera vez hablé con él sobre la posibilidad de que fuera candidato a la presidencia municipal.

Nunca traté a Manuel Bartlett siendo él gobernador y yo presidente estatal del PRD, mucho menos a Mario Marín. Muchos decían que otros del PRD sí lo hacían.

Tú sabes a quiénes me refiero. Si yo hubiera tenido algún acuerdo con ellos me lo hubieran acreditado en ese tiempo.

Tu amigo está limpio, como en esta época. Saludos.