La Quinta Columna

Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam 

Una versión circula en los lavaderos de Morena:

El presidente López Obrador les preguntó a sus operadores si, en caso de anularse la elección poblana, ganarían los nuevos comicios.

Las respuestas fueron de azul a morado, como aquel verso de Carlos Pellicer —el poeta favorito del presidente—: hay azules que se caen de morado.

Unos le dijeron que con él en Palacio Nacional el triunfo estaría en la bolsa.

Otros abonaron al optimismo poniendo en la bolsa los programas sociales, la influencia del superdelegado, los recursos de las presidencias municipales y la vigilancia del Congreso del Estado.

Pero hubo unos terceros que apagaron los fuegos con argumentos brutales:

La imagen de los presidentes municipales de Morena va a la baja, sobre todo porque temas como la inseguridad y la miopía administrativa y declarativa andan sueltos como demonios.

Y más:

La pésima imagen de la mayoría morenista en el Congreso va a la alza.

Y más:

El natural desgaste que sufrirá la administración federal tendrá su costo político cuando se realice la elección.

Dicen que el presidente volvió a preguntar:

¿Entonces ganamos o perdemos?

Un silencio de ala de mosca se impuso en la oficina que albergaba a los protagonistas de la historia.

La duda de AMLO es racional, una vez que si Morena perdiera esa elección —convertida en nacional por los particulares elementos que la integran— sería un mensaje inequívoco de que el bono del presidente va a la baja.

Una derrota en esas elecciones mandaría el mensaje de que el músculo se está llenando de varices y estrías.

Faltaba menos.