Es la mañana del 1 de febrero, pero hace 106 años, Puebla es un ciclón político donde todos luchan contra todos para tratar de obtener el poder.

Por: Mario Galeana

Un abogado impulsado por el presidente asume hoy el gobierno de Puebla ante el Congreso del Estado, después de unas elecciones en las que cuatro de cinco candidatos han impugnado los resultados electorales. Uno de ellos, un rico ex oficial militar, se proclama gobernador legítimo y nombra a Tetela de Ocampo la nueva capital del estado en una ceremonia paralela.

Hoy no es hoy, sino hace 106 años. Es la mañana del 1 de febrero de 1913 y Puebla es un ciclón político en donde todos luchan contra todos para tratar de obtener el poder.

Quien otee la historia supondrá que el caos político en Puebla es cíclico. Que lo que sucedió ayer sucedió hace 100 años y lo que sucederá en 100 años ya sucedió.

Hoy no es hoy. Hoy el presidente es Francisco I. Madero, al que le quedan 21 días de vida aunque todavía no lo sepa.

El estado viene de haber sido gobernado por un jefe zapatista que perdió el ojo izquierdo en una riña callejera. Jesús El Tuerto Morales ocupa provisionalmente el gobierno desde marzo hasta diciembre de 1912, mes en el que se realizan nuevas elecciones para el Poder Ejecutivo.

En la contienda participan cinco candidatos, y casi todos terminan inconformes con los resultados: Agustín del Pozo, del Partido Independiente; Felipe T. Contreras, del Partido Liberal; Enrique M. Ibáñez, del Partido Popular Liberal; Juan Bautista Carrasco, del Partido Democrático; y Francisco Pérez Salazar, del Partido Católico.

Entre todos, sólo el viejo abogado Juan Bautista Carrasco cuenta con la venia del presidente Madero y, tras semanas de incertidumbre política, el Congreso de Puebla lo declara gobernador electo el 6 de enero de 1913.

Agustín del Pozo se rebela a la decisión del Poder Legislativo y, el mismo día que su opositor, se asume gobernador del estado y se desplaza hasta el centro político-militar de la Sierra Norte, donde declara que Tetela de Ocampo será la nueva capital del estado.

Las efemérides impresas en los libros de textos —que son las mismas que se leen en voz alta durante los actos oficiales, desde los palacios repletos de viandas hasta las escuelitas rurales enclavadas en lo alto de los cerros— dicen que Francisco I. Madero desconoció el nombramiento de Del Pozo junto a Francisco Juan Lucas, un viejo cacique indígena que controlaba buena parte de la serranía.

Pero la historia, ya se sabe, es más compleja. Y sucedió hoy: hace 106 años.

UN GOBIERNO EFÍMERO

Los libros de Historia pocas veces hacen alusión a las características físicas de sus personajes. Salvo que sea manco o tuerto o cojo, a todos ellos se les conoce más bien por sus acciones.

Es el caso de Juan Bautista Carrasco, a quien el investigador Leonardo Lomelí Vargas, doctor en Historia por la UNAM, se limita a calificar como “decrépito” por la época en la que rendía protesta al cargo de gobernador.

Su periodo como mandatario dura nada: cinco días después de rendir protesta, el 6 de febrero de 1913, renuncia por enfermedad y el Congreso del estado nombra gobernador provisional a Francisco Barrientos, de acuerdo con el libro Breve Historia de Puebla, de Lomelí.

Agustín del Pozo aún se consideraba gobernador legítimo y ordenaba y repartía desde Tetela de Ocampo. Lo hizo hasta el inicio de la Decena Trágica, y después se puso a las órdenes de Victoriano Huerta, el usurpador que, mediante un golpe de Estado, arrebató el poder a Madero y ordenó su ejecución el 22 de febrero.

Los acontecimientos revelan que Carrasco no era tan decrépito como señala Lomelí, pues el 10 de marzo regresa al poder, aunque es obligado a renunciar el 2 de julio y es reemplazado por el general Joaquín Maas y Flores, quien “se comprometió a aplastar cualquier brote revolucionario”, señala el libro Puebla. Historia de las instituciones jurídicas, de Raymundo García García, investigador por la BUAP.

En cambio, podría decirse que Agustín del Pozo entra a la historia de la Revolución Mexicana por la fuerza.

El 20 de noviembre de 1910, un grupo de maderistas rebeldes ataca a las autoridades municipales de Coatzingo, en Acatlán; luego marchan hacia una gran hacienda que Del Pozo poseía en aquella zona, y la saquean.

En Puebla, la Revolución Mexicana no inicia de un chispazo, sino a través de pequeñas revueltas en distintos lugares: el 21 de noviembre los hermanos rebeldes Isidro y Alejandro Casales se levantan en Chietla, y el 22 Calixto Barbosa —antepasado de Miguel, el excandidato— hace lo mismo en Tehuacán.

Del Pozo no se convierte en enemigo inmediato de Madero. Por el contrario, se suma a él y consigue que el 24 de mayo de 1911, tras la firma de los Tratados de Ciudad Juárez —el brevísimo acuerdo de paz entre Madero y Porfirio Díaz—, se le nombre comandante en jefe de las Fuerzas Revolucionarias de Puebla, “bajo el profundo descontento de los revolucionarios”, según la historiadora Patricia Galeana, actual directora del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

En su obra La revolución en los estados de la República Mexicana, Galeana da pistas sobre el descontento contra Del Pozo: era un oficial federal que poseía una hacienda y dos fábricas textiles que valían por lo menos 700 mil pesos.

Era, básicamente, un burgués que había sacado provecho del saqueo inicial de Coatzingo para ocupar la Junta Revolucionaria de Puebla, organización que había tenido como comandante en jefe a personajes como Aquiles Serdán.

Francisco I. Madero tendía a hacer precisamente eso: a pactar con sus enemigos para tratar de mantener la estabilidad política del país. Ese fue, sin embargo, uno de los factores por los que su liderazgo fue resquebrajándose ante distintos grupos que veían con recelo sus relaciones con los porfiristas. Uno de esos grupos fue el de los zapatistas, que se alzaron en su contra mediante el Plan de Ayala después de que no se cumpliera el prometido reparto de tierras.

Del Pozo, pues, traiciona a Madero durante sus últimos días de vida: aquel 1 de febrero de 1913, desconoce al gobernador Carrasco y él mismo se auto proclama gobernador legítimo en Tetela de Ocampo.

Lo hace, posiblemente, con la ayuda de otro al que Madero otorgó tanto con tal de obtener su lealtad: Juan Francisco Lucas, un respetado cacique indígena de la Sierra Norte.

EL FACTOR LUCAS

La fama militar de Juan Francisco Lucas proviene de la Guerra de Reforma, en la que emergen una serie de caudillos populares de la Sierra Norte del estado, según Lomelí.

Él, junto a Juan N. Méndez y Juan C. Bonilla, conforman el bloque de “los tres Juanes de la Sierra”, que a cada batalla contra los conservadores consigue otro puñado de respetabilidad.

Su fama se consolida durante la Intervención Francesa y la Batalla del 5 de Mayo, en la que Lucas participa como capitán del Sexto Batallón de la Guardia de Puebla.

En Breve Historia de Puebla, Lomelí plantea que “el héroe, entre muchos, fue Porfirio Díaz, y de las acciones locales lo fueron Juan N. Méndez, Juan Francisco Lucas y tantos otros que acabarían dando forma a los partidos políticos que conformaron la política poblana: los serranos de la Sierra Norte y los liberales moderados del centro y de la capital del estado”.

No es raro que, al pelear junto a Porfirio Díaz, Lucas haya puesto a su servicio toda su fracción militar. “Inclusive, el 18 de noviembre de 1910, para reprimir al maderismo poblano, manda desde Tetela y Zacapoaxtla a trescientos hombres a combatirlo”, según Galeana. Su conversión a favor de Madero se da poco tiempo después.

Es hasta el 11 de febrero de 1911 cuando Lucas da a conocer a Francisco I. Madero que respalda su movimiento. Tan preocupado estaba Madero por amarrar la lealtad del cacique indígena que, poco después, presiona para que el Congreso del estado acepte el triunfo electoral de su hijo Abraham como diputado, además de que durante el periodo 1910-1911 el mismo Congreso exceptúa a Tetela de Ocampo del pago anual de impuestos, de acuerdo con los historiadores Guy P. C. Thomson y David G. LaFrance, en Patriotism, Politics, and Popular Liberalism in Nineteenth-Century Mexico: Juan Francisco Lucas and the Puebla Sierra.

Tetela de Ocampo era el bastión militar de Lucas, y es a partir de ese hecho que Thomson y LaFrance plantean la posibilidad de que, al auto proclamarse gobernador en aquella ciudad, Del Pozo contaba por lo menos con el apoyo “tácito” del respetado cacique militar.

“Oficialmente, Lucas se mantuvo neutral ante la revuelta de Del Pozo, esperando para ver cuál era la política que empujaría el viento. Al final, su decisión de alejarse de Madero probó ser la correcta.”

Sí: el 9 de febrero de 1913 uno de los generales más cercanos a Madero estalla una rebelión en su contra y, 13 días después, ordena su asesinato.

Los Lucas, los Carrasco, los Del Pozo… todos, salvo Madero, sobrevivieron al maderismo.

EN CONTEXTO

  • El 20 de noviembre de 1910 estalla la Revolución Mexicana.
  • El 20 de noviembre, un grupo de maderistas asalta una hacienda de Agustín del Pozo.
  • El 11 de febrero de 1911, el cacique indígena Juan Francisco Lucas se une a Madero.
  • El 21 de mayo de 1911, durante la firma de los Tratados de Ciudad Juárez, Francisco I. Madero nombra a Agustín del Pozo comandante en jefe de la Junta Revolucionaria de Puebla.
  • El 28 de noviembre de 1911, los zapatistas firman el Plan de Ayala y se rebelan a Madero.
  • El 19 de marzo de 1912, los zapatistas forman un gobierno alterno en Petlalcingo y declaran gobernador a Jesús El Tuerto Morales.
  • En diciembre de 1912, convocan a nuevas elecciones en el estado que dejan satisfechos a cuatro de cinco candidatos.
  • El 6 de enero de 1913, el Congreso declara gobernador electo al abogado maderista Juan Bautista Carrasco.
  • El 1 de febrero de 1913 toma protesta Carrasco en la ciudad de Puebla.
  • Ese mismo día, Agustín del Pozo se auto declara gobernador y dicta que Tetela de Ocampo es la nueva capital del estado.
  • El 9 de febrero estalla la Decena Trágica.
  • El 22 de febrero es asesinado Francisco I. Madero.
  • El 10 de marzo de 1913 regresa al poder Juan Bautista Carrasco.
  • El 2 de julio de 1913 el general huertista Joaquín Maas y Flores reemplaza a Carrasco.