La Mirada Crítica – Sociedades Invisibles

La Mirada Crítica
Por: Román Sánchez Zamora / @RomansanchezZ 

-¿Dónde estoy?-

-Donde siempre, dónde más, donde hemos estado los últimos 15 años…- le dijo el Pepe, mientras destapaba una botella de aguardiente.

-De pronto nuevamente me soñé en mí pasado, ese que un día decidí romper, y un día abandone- dijo Carlos al tomar la botella que Pepe lo compartía.

-En esa mañana tan bonita, tan azul y llegar a casa, estar contento por los nuevos contratos, todo era perfecto, tomar el teléfono y llamarle y saber que estaba embarazada, primero fue una sorpresa, pero mi mundo se quedó mudo al escuchar que era de otro… mi mundo, sentí que se terminaba, sin duda que esos amores, te marcan por toda la vida…-

-… amigo, ya olvídalo-…

-Desde entonces por más que busco terminar el recuerdo no puedo… fui a ver a los amigos, a las amigas, me llevaron al psicólogo, fui a hablar con el párroco de la iglesia, hablé con mis padres por consejos y todos me hablaban del olvido… pero cómo olvidar si mí mundo lo había construido en razón de ella, para ella… pero de lo que recuerdo que me dijo que fue porque se sentía abandona, sola, que ella necesita más amor… ¿Qué más amor? Si sólo requería decirlo y allí estaría… pero bueno… me fui de todo mundo y decidí viajar…- y tomó ese último trago de la botella y el Pepe fue por otra botella a la tienda de la esquina… mientras un perro llegaba por una caricia y algo de comer ante este hombre… que en los últimos años se le veía por los mismos parques, por las mismas calles… por los mismos sueños eternos, donde la gente lo movía para saber que aún vivía…

-Ya ha pasado el tiempo, deberías olvidar y volver a tu mundo-

-¿Pero cuál mundo?-

-un día al volver, estaba yo sereno, lleno de mí, volver a tomar mi vida… recordé el café donde entrabamos los amigos y pensé encontrar a alguno, no.. Ya no estaban ellos, estaban otros jóvenes, muy lejos de nuestra música, nuestras charlas, nuestras comidas, nuestros sueños y salí de allí con algo de nostalgia…-

-Al día siguiente, fui a ver a la familia y la pregunta molesta… ¿y ahora qué harás?… nada, sólo nada, sólo vivir, me di cuenta que su fantasma no se iría nunca…- tomó un pedazo de pan de su saco y se lo dio al perro que se alejó de ese lugar…

-Era el fantasma del pasado, donde ella estaba inmersa… ¿Cómo olvidar sus ojos, su voz, la sonrisa entre las locuras y ese sentido de pertenencia de tiempos nuestros, momentos nuestros y ahora la soledad solo era mía…?-

Pepe, se sentó en la banca, y repitió la misma pregunta que ya había sido satisfecha pero sabía que la debía volver a repetir para su amigo…-¿pero todo estaba bien, tenías todo lo que un chico de tu edad deseaba… por qué renunciar?-

-Un día ya metido en el negocio, ver pedidos, salir, estar ocupado, me citaron en un restaurante, llegamos, hicimos negocios… y tomamos la primera copa de vino… el barman salió a verter en una jarra de oxigenación la nueva botella, algo muy elegante con guantes blancos y en la mano un destapa corchos de dos tiempos, me fascinaba, pues me hacía sentirme en la vieja Europa…- tomó otro trago de aguardiente, que dejó en su boca por un momento para sentir su raposo sentir entre sus dientes… y lo apuro…

-El llanto de un bebé al fondo- me llamó la atención y al voltear allí estaba ella, con su marido, un viejo gordo, canoso, de cara morena, desaseado, con una botas, y mezclilla… y lo pude reconocer, un ingeniero defraudador despedido del ministerio del agua.

-Sin duda… que algunos… nacemos para vivir la vida y otros para morirla- le dijo Pepe y tomó un trago de una infusión de una botella de agua, un curado de hierbas que le daba un marchante en el mercado.

-Me dio tanta rabia en ese instante, pues los dos éramos jóvenes, de gran futuro y de grandes sueños… y la velada fue pensar en esos futuros posibles y ese presente que me parecía imposible, pero era el real- dijo salieron las lágrimas de Carlos.

Pepe, te agradezco que me hayas escuchado… todo este tiempo… todos estos instantes, toda tu solidaridad…-

Pepe, lo vio extraño esa mañana.

-No te vayas a suicidar, ya sabes somos hermanos y si te escucho mil veces no pasa nada y si son dos mil te escuchare con gusto-.

Se tomó el último trago… -le dio la mano- y se marchó-.

¿Dónde aprendimos el amor?

¿Quién nos dio la fórmula?

Vivir el amor en el abandono, en el odio, el rencor y el abandono, de lo posible… de lo que nunca fue… construcciones posibles dentro de un mundo donde está inmerso el instante de hedonismo, narcisismo, vanidad y todos estos licuados en un mundo imperfecto que busca el momento ideal para cambiar y ser felices…

¿Pero que era la felicidad?

¿Cuál el amor prefecto?… el de las películas y libros de otras ciudades o tendríamos que volver a José Agustín y ver que el mexicano solo ama como el mexicano pero para esto entonces solo hay canciones de dolor y desamor, con eso se forjo ya 3 generaciones y el sentido de lo nuestro hasta Bauman, lo pone en esas 3 generaciones para su maduración entonces… cómo amar., a quién amar y bajo que valores de lo mexicano.

Llamaron a la puerta… y Carlos, el hijo perdido, había regresado y solo se hinco… nunca pidió perdón, pues no había por que hacerlo… y volvió al negocio, y sabia los caminos del comercio de los nuevos tiempos…

Pepe, estaba recostado…

-Pepe, mi amigo… volví…-

-Lo sabía, te tardaste, pero regresaste-

Le dio una botella verde… -acompáñame… entraron una casa, había una mesa puesta, los dos comieron, bebieron y recordaron…

-Pensé que regresabas a esta vida, del escuadrón de la muerte

-Esa mañana fue mi última lágrima por ella y por mi vida, y decidí volver a mi vida. Toma esta llave, hay ropa, y una recamara, aquí vivieron mis padres, vendrán a limpiar la casa cada semana o más si tú lo ordenas y gustas… ven aquí cada que desees estar aseado o estar solo, sin duda que nunca podré pagarte, el haberme retenido en la vida, después que en ese puente nos conocimos, ni te había visto…- le dijo, mirando hacia el cielo.

-… y me dijiste que si saltaría que no te salpicara de sangre… baje el arma… y hablamos por horas, entre botellas y la soledad de las calles donde éramos los invisibles… hoy volví a los visibles…-

Epilogo…

Pepe, tenía cirrosis… sólo dos meses más vivirá en una casa… Carlos los vio, como los amigos cuidan de los amigos…

Al funeral, llegaron algunos conocidos y un hijo de Pepe, el que cada semana le llevaba dinero, el cual no comprendía a su padre, pero sentía el compromiso de verlo y alejarse entre lágrimas.

Carlos, volvió a enamorarse y se casó… 15 años en la penumbra había costado el desamor y dos meses, la salvación de su vida…

Pepe, entro a la penumbra al saber que su hijo… no lo era, ese que siempre le guardo el respeto que sólo se le tiene a un padre… creo que el encontró la paz que buscaba en la soledad de esas paredes de esa casa, de la familia que un día el creyó tener…