Mis últimos 20 – Por debajo de la mesa

Mis Últimos 20
Por: José Luis Sánchez Sola / @Elchelis

En nuestro futbol todo se arregla por debajo de la mesa.

En mi primera entrega, por razón desconocida, no se publicó mi agradecimiento a Mario Alberto Mejía y el portal 24 Horas Puebla por la oportunidad que me dan de poder escribir y ellos de publicar mis pensamientos.

En esta entrega, escribiré de tres temas que se dieron la semana pasada. Todos salen de la actividad del futbol, pero rayan en lo social, en lo humano y en los caminos que se han tomado en la actividad deportiva que, dicho sea de paso, pasan a no tener importancia.

Mucha gente me pregunta cuáles son los temas que abarcan el 50% que un técnico en funciones tiene que dominar para liderar el proyecto y cuáles de estos me fallaron para ser despedido en la fecha 4.

Yo entiendo mi profesión como un coordinador de los esfuerzos y trabajos de todos los que trabajan en la institución: dueño, presidente, direcciones deportivas, mercadotecnia, prensa, cuerpo técnico y jugadores.

La verdad es que hoy, después de 20 días de mi despido, me doy cuenta de que no coordine ninguna de estas ramas.

Después de las 11 fechas de la temporada pasada que me tocó dirigir, pensé que lo que seguía sería con más bases, más sólido y con más conocimiento del entorno. En este mundo del futbol y en mi caso, de la dirección técnica, todo puede cambiar si das por hecho situaciones diarias y lo que tuvo éxito hace dos meses no necesariamente te da la base para lo que viene.

Empezando con los jugadores. Yo le di mandato y empoderamiento a un grupo que me había apoyado a mi llegada y se lograron 24 puntos a un pasito de calificar a liguilla. Este grupo desde la pretemporada no fue ejemplo del poder otorgado. Otro grupo no agradeció la oportunidad y el apoyo de quedarse en la institución. Jugadores que por algunos minutos jugados en el pasado ya no merecían un lugar. Yo los apoyé y pedí otra oportunidad para ellos.

El cuerpo técnico cambió en un 70%. Solo se quedó (Octavio) Becerril. Pensé que los que me trajeron, a excepción de Isidro que yo lo traje, me ayudarían a llevar a cabo mi plan. A pocos días de la pretemporada chocaban mucho con el grupo fuerte y no supieron o no quisieron ayudar a mi plan inicial.

El pasado cuerpo técnico quizá era más inexperto y con menos química del día al día, pero nunca se opusieron a mi pensamiento y a su manera me ayudaron mucho en llevar al equipo a buen puerto.

La dirección deportiva siempre estuvo amarrada por el dueño en poder vender para después comprar. Esto yo lo acepté desde el primer día. No hubo ventas, sólo la de Logroña a una semana del inicio del torneo y, por lo tanto, tampoco pudo llegar nadie. De jugadores que estaban para poder hacer algún movimiento, ninguna oferta importante se dio para los “peces gordos” y para los que se necesita préstamos sólo se dio lo de Gómez y Gulart a Cimarrones.

Las demás direcciones, con muchos planes y buenas ideas llevadas a cabo, no tuvieron la noticia de la llegada de uno o dos refuerzos, porque el dinero no llegó y porque si hubiera llegado, quizá hubiera sido contraproducente porque sería la salida de Angulo o de Lucas.

Con el presidente tampoco pude coordinar sus esfuerzos: muchos planes y ninguno aterrizado. Este tema merece una columna aparte, que en su momento la escribiré.

Por último, el señor Guzmán, que es el que toma la última decisión y que me honró en venir a mi casa a cenar, confirmando que es una persona brillante, tampoco pudo ampliar el presupuesto asignado al equipo, porque no hubo “balas” para hacerlo.

Siempre he pensado que cuando las cosas van bien, es el momento para reforzarlas haciendo cambios. Cuando van mal, siempre impera la lógica de dar “patadas de ahogado” y tratar de revertir en positivo la situación.

Así llegué al Puebla después de cuatro años de soñarlo. De alguna manera, se le dio vuelta a la situación. Pero el momento crucial fue después del término de la temporada y era el momento de pedir cambios drásticos para poder escribir una mejor historia; no lo hice, todo lo dejé, excepto mi cuerpo técnico como estaba, y en todo dije que sí, cuando la experiencia de otros años me decía que le tenía que dar un vuelco a todo lo ya hecho: quitar el poder a los jugadores, traer al cuerpo técnico que yo quería, traer a los jugadores que podían dar otro aire a la base, sacar a los que no quería, hacer una pretemporada más fuerte en tiempos y juegos de preparación, y muchas cosas más que en su momento platicaré por separado.

Todo fue aceptado por mí y, entonces, no había esfuerzos que coordinar y mi puesto de director técnico desapareció, no tenía razón de ser.

Caso Cruz Azul

Después de ver esta semana los “dimes y diretes” y que por cierto Futbol Picante se llevó el paro al agua, porque todo lo público salió en sus emisiones de esta semana pasada, no le doy otra explicación que todo es parte de arreglos debajo de la mesa entre el señor Guillermo Álvarez y su hermano Alfredo, y el cuñado de ambos: señor (Víctor) Garcés.

Desde hace mucho tiempo, hay juicios en contra del señor Guillermo. Algún día, el sumario de estos juicios llegó a mis manos por la parte contraria. Yo personalmente se los di en su mano al señor Guillermo y también le di una explicación del porqué yo los tenía.

Esto se dio en su casa. Digo lo anterior para entender que estos problemas tienen mucho tiempo y la lucha de poderes en la familia Álvarez, así como en la cooperativa, tienen un mar de fondo. Bueno, llegó un momento en que el hermano Alfredo y el señor Garcés fueron despedidos de la institución. Ahora entiendo los problemas de hace 15 días cuando al señor Guillermo se le prohibió la entrada a sus oficinas.

El señor Ricardo Peláez es contratado por el señor Guillermo. Cuando él ocupa el puesto de director Deportivo se le dan todas las atribuciones del puesto. Estoy 100% seguro de que, de no ser así, Ricardo no hubiera aceptado el cargo.

En las dos últimas semanas, y que esto es el meollo de lo sucedido, algo grande sucedió en contra del señor Guillermo, que hace que la parte opositora tome el control del equipo, obligó a renunciar a Ricardo y nombraron a un nuevo técnico, que sin tener la menor culpa de todo esto, poco le favorecerá el ambiente que priva en la institución.

Algo importante sucedió jurídicamente en contra del señor Guillermo para negociar con sus principales detractores y hacerse a un lado.

De todo lo antes dicho, el tema futbol o afición no tiene cabida. Si el equipo juega bien o mal, no se habla. Lo importante en nuestro futbol es lo que ejercen en las oficinas y después de esos lugares aventarán un balón a la cancha y la obligación de los jugadores y cuerpo técnico será el ganar, sin importar el desmadre que ellos tienen y las consecuencias deportivas que pagarán factura.

Club San Luis y señor Alfonso Sosa

Varias veces he visitado San Luis. Creo firmemente que una calle debería tener el nombre de Alfonso Sosa. Gana dos torneos, bien ganados, con merecimiento total en la liga más difícil del mundo: el ascenso mexicano.

Lleva 11 puntos de 21 posibles. Los números actuales avalan su sano juicio: su once inicial le está dando resultados. Le trajeron jugadores que juro que no pidió. Pero si no los traen, no hay negocio para los demás involucrados. De ser un técnico que hasta nombre de calle merece, pasa a ser un ser despreciable y que va en contra de los intereses de terceros. Estos de alguna forma tienen que respaldar el gasto que hacen los dueños en la compra, no de jugadores y sí de personas que dejan ganancias y que para el plan del técnico, lo deportivo, no sirven.

¿Cuál es la piedra en el camino de estos vividores, disfrazados de promotores, gerentes o directores deportivos? Fácil, el que no los pone en el cuadro inicial, el técnico. Entonces le inventan una excusa, por demás mala y poco creíble y lo hacen a un lado.

Conclusión: el que llegue en el lugar del Chelis, señor Peláez, señor Guillermo Álvarez, señor (Pedro) Caixinha y señor Sosa, que “pongan sus barbas a remojar”.

La palabra lealtad no está en el diccionario del futbol mexicano.