Miguel Barbosa, ante medio millar de poblanos un martes cualquiera

Todos salen de Casa Aguayo con una respuesta cada martes; sobre la mesa se cierran citas de ciudadanos con dependencias y funcionarios de viva voz con el gobernador, quien les indica dónde y cuándo acudir. ARCHIVO

La sonrisa ágil de Barbosa Huerta contrasta con la seriedad de la mirada fija a la hora de escuchar los casos.

Por: Álvaro Ramírez Velasco

Desde las 10 de la mañana, apenas terminó la reunión con los responsables de la seguridad pública en el estado, Miguel −como ha pedido que le llamen− recibe uno a uno a los ciudadanos que, al final de la Jornada de Atención Ciudadana de este martes, sumarán más de medio millar, mientras bebe una botella con agua y apenas con la mano derecha toma porciones pequeñas de una colación que tiene al lado.

Barbosa, el gobernador, escucha peticiones de la más diversa índole: problemas testamentarios, solicitudes de agua potable para los pueblos, ancestralmente abandonados, pero con saña en el régimen pasado; apoyos para aparatos ortopédicos, atención médica, asesoría jurídica, solicitudes de empleo y un largo etcétera que va desahogando o pide que sea atendido, luego de este primer contacto, por algunos de las decenas de colaboradores que, alrededor de su mesa de recepción, en el patio de Casa Aguayo, lo acompañan.

No tarda más de seis minutos por caso. La semana pasada sobrepasaron 400, de personas que llegan acompañadas por familiares o solas.

En ocasiones, toma el celular y marca directamente para buscar solución a las peticiones en ese momento. Del otro lado, funcionarios de muchas dependencias escuchan las instrucciones.

Saluda con la mano extendida y muchas veces, al despedirse, lo hace a doble mano sobre la del o la ciudadana que acaba de escuchar.

Con algunos incluso bromea. Es de sonrisa ágil, que contrasta también con la mirada fija y seria que le pone a quienes recibe, mientras exponen sus casos.

En otras, ve documentos y luego dice al interesado a dónde y cuándo acudir.

Muchas citas, con dependencias y funcionarios, se cierran en esa mesa en la que el mandatario poblano está flanqueado por Marco Rodríguez, el director Estatal de Participación Ciudadana, y Melissa Jauli Gutiérrez, coordinadora de Participación Ciudadana de la Oficina del Ejecutivo.

Todos salen con una respuesta y este martes apenas una mujer se va con un “no podemos hacer nada”, sobre un problema que prefiere guardar en reserva, pero que es personalísimo y “entre particulares”.

Fuera de ese caso, por ejemplo, el presidente municipal de Zautla, Víctor Manuel Iglecias Parra, quien acude con María y Yolanda, de las comunidades de Tagcotepec y San Isidro, respectivamente, recibe respuesta inmediata.

Las mujeres coinciden en secuelas por mala atención médica a fracturas.

María tiene la pierna derecha inflamada y sufre dolores, mientras en Yolanda es evidente el mal soldado del hueso de la pierna, también derecha, a la altura de la tibia; de no ser por la piel que cubre el hueso, uno pensaría que es una fractura expuesta.

De Casa Aguayo, el alcalde, las mujeres y la presidenta del DIF de Zautla, se van directo a la atención médica, para la valoración de los casos.

Destaca este martes también el caso de dos atletas paralímpicos, quienes desde la noche anterior llegaron a Puebla capital de su natal Tehuacán, los hermanos Dan y Jeziel Balderas Cruz, para solicitarle cinco sillas de ruedas, para que su equipo, los Titanes de Asfalto, pueda participar en competencias regionales.

El sí es la respuesta sin trámites y la foto viene después de las sonrisas, las bromas y los agradecimientos.

LAS PENAS CON PAN…

Para obtener la audiencia, eso sí, ante lo cargado de las solicitudes, se han hecho citas con el gobernador Miguel Barbosa Huerta desde las 18:00 horas del lunes.

A las ocho horas de este martes, los centenares de personas ya están afuera y dentro de la sede gubernamental, en el Barrio de El Alto.

Los anteriores cinco martes se ofreció pan y café, pero este 10 de septiembre, se acompaña además con un lunch completo.

La espera es larga y la jornada también para Miguel y sus colaboradores.

Él ni siquiera se levanta de su silla, mientras vuelve a estrechar manos, a ver documentos y escuchar los casos. Algunos son desgarradores.

En días anteriores, llegaron con el gobernador algunas madres de mujeres desaparecidas, quienes sufren el día a día en la incertidumbre de si están vivas a muertas.

Muchas instancias participan en la canalización de los temas.

Barbosa −como también ha pedido que le llamen− recibe a todos. No hay en realidad una selección de asuntos.

El principal es la oportunidad con que los solicitantes pidieron cita. Mientras más temprano, mejor.

Así llega hasta a él, para verlo a los ojos y solicitar que le devuelvan el apoyo con despensas, que le fue quitado por el gobierno interino, Ricardo Márquez.

Pareciera un tema menor, que puede resolver cualquiera, pero Miguel le da unos minutos y hasta bromea con él, quien hace años está discapacitado para trabajar, por un padecimiento lumbar, y depende del apoyo en especie para sobrevivir, pues “no tengo dinero para nada y cómo me mantengo”.

Ricardo, eso sí, se queja de la espera que hacen todos, pero luego ya reconoce que hasta “la pasamos bien”, con el tono del gobernador poblano, quien da la instrucción de que sea recibido en el DIF.

“Allá te va a atender una mujer muy buena, muy inteligente y muy bella”, le dice Miguel con una sonrisa, al referirse a su esposa, María del Rosario Orozco Caballero.

Así, de la mañana a la tarde, Miguel, el de apellido Barbosa, cumple su sexto martes mirando a los ojos a los poblanos. Éste más de medio millar.