Esfera Pública
Por: Elías Aguilar / @Elyas_Aguilar

Hasta antes del gobierno de Enrique Peña Nieto, la fórmula de comunicación de engrandecimiento de la figura presidencial, difundida a través de la televisión, había sido un molde suficiente para legitimar las acciones de gobierno, y de paso para fortalecer la imagen que los mexicanos teníamos del Presidente de la república. Pese a que el Ejecutivo federal y su gobierno cometieran errores o actuaran en contra de lo que los mexicanos pensaban que eran correcto, la dosis televisiva de la cobertura de las acciones de gobierno mitigó los efectos negativos de dichas acciones controversiales.

Esto cambió durante el sexenio de Peña Nieto. Su mandato replicó el viejo esquema que había funcionado, incluso su llegada como candidato se basó de manera exitosa en ese esquema especialmente a través de televisa, promoviendo una imagen de telenovela incluyendo su matrimonio con una conocida actriz.

Pero la forma como los mexicanos se comunican había cambiado dramáticamente, la televisión seguía siendo importante, pero ya no determinaba la interpretación de los eventos que afectaban al país. En la actualidad más de 80 millones de mexicanos tienen acceso a la Internet, y nueve de cada 10 de ellos lo hace a través de sus dispositivos móviles. La penetración de este binomio Internet-celular le permitió a los mexicanos contrastar lo que decía la televisión con coberturas alternativas a la televisiva, incluso muchos de ellos se convirtieron en productores de mensajes que compartían estas percepciones contrarias a la televisión.

Este cambio tecnológico se convirtió en el contexto ideal para que la interpretación del hoy presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, se modificara en la manera de entender la realidad mexicana dominante entre el electorado. Esta interpretación opuesta al engrandecimiento televisivo de la figura presidencial le restó credibilidad a dicha imagen erosionando la legitimidad de la administración de Peña Nieto y de todos aquellos gobiernos locales que usaron la magnificación de su figura respectiva a través de la televisión y de otros medios tradicionales.

El mensaje de López Obrador construido en un lenguaje más cotidiano, en entornos sencillos, sin ningún tipo de sofisticación escenográfica o tecnológica, daban mayor credibilidad al discurso opositor hasta el entonces régimen en el poder, facilitando su viralización y su apropiación popular, porque además reforzaba la percepción que tienen los mexicanos acerca de cómo funciona la política y los asuntos públicos de nuestro país. Esta comunicación presenta un diagnóstico reduccionista acerca de la compleja realidad que cotidianamente se vive en la nación, la corrupción es el principal problema de este país, y explica que el fracaso que hemos enfrentado se debe al saqueo practicado por los anteriores gobiernos. Este mensaje podemos ver que se repite todos los días en prácticamente todas las intervenciones que tiene el hoy Presidente de la República. Y ha sido adoptado por la mayoría de los mexicanos. Para muestra, basta un botón, es frecuente que cuando emitimos una crítica al actual mandato entre nuestro círculo de amistades, quienes apoyan las acciones gubernamentales presentan como argumento siempre que los anteriores son corruptos y dejaron un desastre que no se va a resolver.

Efectivamente, la corrupción es un lastre en México y en toda América Latina. Sin embargo, es muy diferente plantearlo como la causa del fracaso del crecimiento de México que considerarlo como un síntoma social arraigado no solamente en los gobiernos, sino prácticamente en todas las esferas sociales de nuestro país. En la actualidad es un discurso dominante de todo el país, despectivamente se le conoce como discurso chairo, y es ampliamente compartido por los mexicanos a través de las redes sociales y en los diálogos interpersonales cotidianos. Pero, tiene a lugar la hoy interpretación opositora llamada fifí que poco a poco va ganando terreno en el imaginario colectivo de los electores del país. Ya veremos si el discurso de la corrupción logra mantenerse con suficiente legitimidad ante el hoy opositor fifí.