Por: Mario Galeana
Este informe pudo ser algo que el resto no. Pudo ser histórico. Pudo ser el antes y el después. El momento en el que dos poderes se declaran la guerra. La escena misma en la que un rector avanza desafiante hasta un gobernador. El quiebre político del que hace décadas nadie es testigo.
Pero Alfonso Esparza Ortiz es, además de cauto, un hombre de pocas palabras. Y dos líneas le bastaron para responder al momento más complejo en sus seis años como rector de la BUAP.
“Es obligado hablar de Lobos. Que quede claro: de las denuncias personales yo me encargo; así lo asumí y por eso estoy aquí. Eso sí, de la defensa de nuestro patrimonio nos encargamos todos juntos”, dijo.
Y de aquella respuesta fue testigo la académica Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente López Obrador, quien yacía en la primera fila del auditorio del Complejo Cultural Universitario (CCU), donde la ausencia más notoria fue la de la clase política que gobierna el estado: los hombres y mujeres que rodean al gobernador Miguel Barbosa Huerta.
Contra pronósticos, Esparza optó por no tensar más su relación con el gobierno del estado, al que acaso sólo le reclamó indirectamente la violencia y la inseguridad que, de acuerdo a sus propias estimaciones, afecta a tres estudiantes al día.
No hubo interpelación directa a Barbosa. Tampoco una explicación sobre el origen de la denuncia por el presunto desvío de 460 millones de pesos destinados al equipo de fútbol Lobos. No hubo ningún llamado a la no injerencia del gobierno frente a la vida universitaria, algo que Esparza había clamado hace tan sólo dos días, durante la marcha universitaria en conmemoración por el 2 de Octubre.
Lo que hubo fue un silencio. Un silencio escudado en nueve grandes letras blancas proyectadas por unos minutos a la espalda del rector: “AUTONOMÍA”.
Esparza también dijo que apoyar la educación pública “no es una cuestión política”, y llamó a formar un frente universitario a los otros rectores de las instituciones públicas y privadas en el estado. “Unámonos también las universidades. Hagamos un frente común contra la inseguridad”, dijo.
El gobierno local no reparó en confirmar que su desaguisada relación con el rector de la universidad pública más importante del estado. No hubo un sólo representante de la administración de Barbosa, y los lugares reservados para políticos fueron ocupados por las alcaldesas de Puebla y Tecamachalco, los alcaldes de Tepanco de López y Tepeaca, el arzobispo y algunos diputados locales.
Pero en medio de aquella ausencia, el nombre de Beatriz Gutiérrez Müller refulgió con mayor intensidad. El mismo Esparza le dio una mención especial al final de su informe y permanecieron juntos hasta que ella abordó una Suburban negra a un costado del auditorio.
