Plumas Ibero
Por: Laura Angélica Bárcenas Pozos

En abril pasado la académica visitó esa escuela por una investigación que están realizando en la Ibero Puebla sobre el perfil de los jóvenes que ingresan, en ese tiempo no advirtió un clima de tensión.

En las últimas semanas hemos sido testigos de cómo las estudiantes de la Normal Rural “Carmen Serdán” de Teteles de Ávila Castillo han protestado enérgicamente con el propósito de que el secretario de Educación Pública del estado de Puebla, Melitón Lozano Pérez, favoreciera el cambio de las autoridades de esta escuela Normal. Lo que argumentan las estudiantes es que ha habido un desvío de los fondos que se destinan a esta institución y las tienen viviendo en la precariedad. 

Es importante recordar a los lectores que los estudiantes inscritos en las escuelas Normales Rurales pertenecen a clases sociales muy poco favorecidas y en otras condiciones no tendrían la posibilidad de estudiar o tener acceso a la educación superior. Las escuelas Normales Rurales están organizadas para atender a alumnos del mismo sexo y en el caso de la Normal Rural “Carmen Serdán” se atiende a mujeres y no son la excepción de la regla, pues tienden a ser aguerridas y a defender con uñas y dientes sus derechos, o lo que les prometieron cuando decidieron ingresar a esta institución.

La protesta y la destitución del director Rafael Castillo Rojas se debió a que las jóvenes se quejaban de estar durmiendo en colchones viejos y desvencijados que no las dejaban descansar, además de que las autoridades de la escuela Normal venían prometiéndoles que los cambiarían desde hace ya varios años. Por otro lado, las jóvenes normalistas argumentaban que varias de las instalaciones de la escuela, pero también del internado, estaban en condiciones deplorables, que no les permitían tener un desarrollo digno al interior de la Normal. 

Estas dos situaciones ya las tenían descontentas, pero se iban conformando, porque las alumnas consideran que recibían una buena educación, sin embargo, todo se desbordó cuando se les dejó de distribuir gas, que usan para la preparación de sus alimentos y para calentar el agua con la que se bañan casi a diario. Cuando leí esta nota, me sorprendí muchísimo, pues en abril pasado visité esa escuela normal por una investigación que estamos realizando en la Ibero Puebla sobre el perfil de los jóvenes que ingresan a las escuelas normales públicas del estado y aplicamos una encuesta a todos aquellos aspirantes que estaban asistiendo a un curso propedéutico y mí me tocó visitar la Escuela Normal Carmen Serdán. 

Por error toqué en el internado, me recibieron y encomendaron con una de las estudiantes que nos acompañó (a mí y a dos de mis estudiantes) hasta la oficina del director, así que atravesamos todo el internado, pasamos por la cocina, que vimos desde afuera, después pasamos por el comedor, donde había mesas y sillas bien distribuidas y todo se veía limpio, enseguida caminamos por un largo jardín que tenía una salida por la parte de atrás y la joven que nos acompañaba nos dijo que ese jardín también es un campo de futbol. No pudimos ver las habitaciones, pues salimos por un portón, atravesamos la calle y entramos a la escuela Normal Rural “Carmen Serdán”. 

La estudiante nos acompañó hasta la dirección y nos pidió que esperáramos sentados en tres sillas mientras el profesor Rafael Castillo se desocupaba. El nombre se me hacía conocido, sin embargo, no lo identificaba, pero cuando nos hicieron pasar y lo vi, recordé que lo había conocido como 30 años atrás cuando estuve unos meses trabajando en el UPN-212 de Teziutlán y se desempeñaba como profesor de primaria y era estudiante de esta universidad. No sé si él me reconoció, pero yo estaba segura de quién era él. 

Cuando lo conocí, era mucho más joven, por supuesto; pero me llamó mucho la atención que era muy culto y muy brillante. Podría decirse que era de los alumnos leídos y estudiados que recibía la unidad 212 de la UPN en la que yo prestaba mis servicios. Además, su personalidad, que no había cambiado mucho, era tímida y reservada, pero que se transformaba cuando tenía que hablar de los problemas de la educación y de autores como Freire o Gramsci. 

Después de conocerlo por ahí de 1990, yo me regresé a Puebla y no lo volví a ver hasta este encuentro de abril pasado. Por supuesto se veía más viejo, pero su personalidad tímida y reservada se conservaba. Nos dio la bienvenida y nos dio la información de cuándo tendrían el curso propedéutico para aplicar nuestra encuesta, en ese momento sólo estábamos haciendo el primer contacto. Regresamos un par de meses después y también nos recibió bien, nos puso en contacto con la subdirectora, una mujer joven y fuerte llamada Rosi que organizó a las aspirantes para que pudiéramos aplicar la encuesta. Cuando terminamos, pasamos a la dirección y le dimos las gracias al profesor Rafael. 

Me pidió el número de teléfono de la Ibero para avisarme en agosto si habría otro grupo de aspirantes. Esa llamada la hizo la subdirectora y me dijo que ya no tendrían otro grupo, que ya tenían su cupo completo, así que cumplieron su promesa. Entonces cuando leí la noticia sobre la Escuela Normal Rural “Carmen Serdán” no podía creerlo. Ambos profesores me habían parecido buenas personas y de conducta intachable. Así que espero que las estudiantes no se hayan equivocado y que hayan sido justas con este equipo de docentes.