Economía, Política y Otros Pecadillos – Primer año de AMLO: lo bueno, lo malo y lo feo

Economía, Política y Otros Pecadillos
Por: Michel Chaín Carrillo / @MichelChain

Con el ánimo de poder hacer un mejor balance del primer año de gestión del presidente López Obrador, por esta ocasión cambio la estructura de la columna para que, en lugar de que haya una sección de “economía”, otra de “política” y la de los “pecadillos”, esta vez sean “lo bueno, lo malo y lo feo” de estos primeros 12 meses.

LO BUENO

Sin duda el liderazgo que mantiene el presidente López entre sus seguidores, a pesar de ser una mezcla heterogénea de procedencias, ideologías e intereses, es una buena noticia para el país pues ha impedido una lucha abierta entre los distintos grupos.  Si bien al interior de Morena la lucha por la dirigencia mostró su tendencia a balcanizarse, partiendo de que la influencia de López Obrador va más allá de ese instituto político, sigue teniendo la capacidad de alinearlos para que, cuando están en vértice de la descomposición interna, sea su figura la que reestablezca la dirección del movimiento y los límites de los desencuentros.

Asimismo, es de notar que, hasta el momento y pese a la clara intentona de remover o debilitar a todos los organismos autónomos y límites al poder presidencial, tanto en lo que se refiere a la conducción económica del país como a la político electoral, el Presidente sigue siendo muy cuidadoso de no romper con el equilibrio fiscal y no alterar, de manera abierta, la autonomía de Banco de México.  Esperemos que esto se mantenga en los próximos años.

LO MALO

Dentro de lo malo, sin duda, lo más malo de todo es la crisis de inseguridad en la que está sumido el país y que ya hizo de este 2019 el año más violento en la historia con más de 30 mil asesinatos.  Casos como el de Culiacán y la familia LeBaron, pero también otros menos publicitados como los de Aguililla, en Michoacán, Tepochica y Leonardo Bravo, en Guerrero, o la ola de ataques en Chihuahua, son evidencias claras de que la “estrategia” del gobierno ha sido un fracaso.  Cada vez el crimen organizado opera con mayor impunidad y en Estados Unidos crecen las voces que exigen que Washington haya acciones más “decisivas” para frenar la violencia que se genta en México.  Todo ante una apatía por parte del gobierno que raya en la complicidad.

La economía en su conjunto es otra de las enormes decepciones de este primer año de gestión, pues su fracaso es tanto evidente como cuantificable.  De prometer un crecimiento a niveles de 4 a 6% durante campaña, el Presidente pasó a celebrar en el Zócalo un crecimiento marginal de 0.1% (que al revisar las cifras resultó que no era tal sino un decrecimiento que puso al país en recesión), a tratar de vender el  sinsentido de que “el crecimiento no es importante”.  Hoy en día el país no crece económicamente, sigue despertando desconfianza entre los inversionistas, genera menos empleos tanto formales como informales, es incapaz de utilizar el gasto público como un impulso al crecimiento (subejercicios) y ni así logra financiar su gasto de manera saludable (este año se tuvo que utilizar 50% del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios FEIP para llegar a fin de año).

LO FEO

Lo feo es que buena parte de las cosas que no están funcionando en el país se deben a la decisión de que todo lo que hace el gobierno esté supeditado a los intereses políticos del Presidente.  Desde las irregularidades en la elección de la titular de la CNDH hasta la cancelación de guarderías, la falta de medicinas o el nombramiento de servidores públicos sin ninguna preparación o experiencia para sus cargos, se debe a decisiones donde se privilegia el interés político electoral del Presidente a las necesidades del país.

Con las intentonas de “secuestrar” tanto el INE como la SCJN es claro que el país que se perfila: con un liderazgo unipersonal, sin contrapesos para la conducción política, con los poderes Legislativo y Judicial al servicio el Ejecutivo, un servicio público abyecto y poco profesional, un país incapaz de crecer y con la inseguridad desbordada.

¿Es ese el país que queremos?  ¿Es ese el país que el Presidente quiere lograra?  Quiero pensar que no y que, para todos, aun hay tiempo