Pese a ser de los contados políticos con gran bagaje y experiencia de la temática nacional –seis años estuvo al frente de Gobernación Federal y tres en Educación–, gobernó Puebla durante seis años, experto de la Constitución Mexicana y con 12 años de estancia en el Senado de la República, además de hablar tres idiomas –inglés, francés y español–, Manuel Bartlett Díaz ha resultado más que incómodo para las tribus de Morena.

Y el “fuego amigo” lo ha llevado a un linchamiento mediático.

En año y medio de gestión obradorista le han endilgado dos campañas en medios nacionales y redes sociales.

De ahí surgen las interrogantes.

¿A quién le estorba Bartlett?

¿Quién busca poner a una de sus gentes al frente de la CFE?

¿Será la secretaria de Energía, Rocío Nahle?

¿Acaso el director de Pemex, Octavio Romero?

¿O el Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra?

–Porque– está visto, y es palpable, que los ataques han sido por el flanco que más duele al político, al gobernante… la familia.

Primero fue contra su pareja Julia Abdala Lemus.

Ahora es contra su hijo León Manuel Bartlett Álvarez.

Independientemente de que le achacan su larga militancia en el PRI, su presunta participación en el “fraude electoral de 1988” y de una presunta coparticipación –que jamás pudo comprobar la justicia de Estados Unidos– en el crimen del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, Bartlett tiene lo que la gran mayoría de integrantes del gabinete padece y adolece… experiencia y madurez política.

Son contados los casos de quienes cuentan con ese aval curricular, como lo es Marcelo Ebrard Casaubon y su caminar al lado de su mentor Manuel Camacho Solís durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari; fue jefe de Gobierno del extinto Distrito Federal, hoy ocupa la Secretaría de Relaciones Exteriores y habla tres idiomas –francés, inglés y español–.

Olga Sánchez Cordero, ministra en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y hoy secretaria de Gobernación.

Alejandro Gertz Manero de amplia trayectoria en el campo de seguridad y quien está al frente de la Fiscalía General de la República.

Y párenle de contar.

Por ello cobra relevancia el nombre de quien conoció los sótanos, manejo, alcance y poder de la Secretaría de Gobernación federal… Bartlett.

Estuvo casi ocho años al frente de la Dirección General de Gobierno: cierre del presidente Gustavo Díaz Ordaz y los seis años de la administración de Luis Echeverría Álvarez.

Y es de los contadísimos secretarios de Gobernación que permaneció al frente de la dependencia los seis años del presidente Miguel de la Madrid Hurtado.

Por algo Andrés Manuel López Obrador lo sumó a su equipo y designó titular de la Comisión Federal de Electricidad.

Vale acotar:

Este espacio no busca convertirse en “defensor de oficio” de Bartlett.

Para eso se basta solo don Manuel.

No hay la menor duda de ello.

Ni para lanzarle loas.

Tampoco vítores.

Para nada.

Se trata únicamente de poner en contexto periodístico el por qué la virulenta campaña mediática en contra de quien tiene oficio político, conoce la política, creció y maduró en la política.

Que se trata de un hombre de luces y sombras… claro.

Que su ayer lo persigue y condena… claro.

Que unos lo aman y otros lo odian… claro.

Que es día y noche a la vez… claro.

Lo que lleva a la conclusión que se trata de “fuego amigo”.

Que son los grupos al interior de Morena los que buscan la caída de Bartlett.

Que son ellos quienes desean –y anhelan– que López Obrador lo quite, lo cese, al frente de la dirección general de la Comisión Federal de Electricidad.

Por lo que la interrogante queda en la cancha del Presidente de México.

¿“El fuego amigo” llevará a la dimisión de Manuel Bartlett?

¿López Obrador cederá a ese “fuego amigo”?

¿Aguantará vara?

Pasando la pandemia del Covid-19 se verá la respuesta del mandatario nacional.

Al tiempo.

 

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