Hoy cumplimos 100 días de confinamiento.

¿Increíble, no?

Sí, jamás, ni por error, hubiéramos imaginado que en algún momento de nuestra vida tendríamos que vivir algo así.

¿Cómo te sientes? ¿Harto? ¿Enojado? ¿Ansioso? ¿Deprimido?

Para muchos, todo junto y con la misma intensidad.

En una primera etapa atendimos la Jornada Nacional de Sana Distancia, para posteriormente iniciar lo que el gobierno ha llamado el “regreso a la Nueva normalidad”, sí, pero guardando la sana distancia. ¿Qué no es lo mismo? Sí, es lo mismo, pero como dice el clásico: Es lo mismo, pero no es igual.

Estas señales encontradas son las que han provocado una gran confusión y por eso cada quién hace lo que quiere y aún más si de eso depende subsistir con lo elemental.

Por un lado, piden que te quedes en casa y, por otro, terminan la Jornada Nacional de Sana Distancia. ¿Entonces? ¿Funciona o no? Por otro lado, te piden que uses cubrebocas como una medida sanitaria para prevenir el contagio, etcétera. Y por otro, ni el Presidente lo usa; por cierto, algunos gobernadores se lo ponen a discreción: si los visita el Presidente, como parte de las giras sí; si no, no, no vaya a ser que se enoje (él no lo usa, ni lo usará). Por cierto, al día de hoy a ninguno de ellos se les ha realizado la prueba y eso que han estado muy cerca de quien sí han estado enfermos. ¿Rebeldía o superhéroes?

Lo resultante de todas las señales encontradas, mensajes confusos, difusos y más ha provocado que los contagios continúen incrementándose en la población en general y también en los tres niveles de gobierno, desde la secretaria de la Función Pública y el secretario de Hacienda, hasta gobernadores y alcaldes.

En Puebla, el asunto no es muy diferente: en la estructura gubernamental la directora de Comunicación Social dio positivo; ahora sabemos que el secretario de Seguridad Pública, Racial López Salazar, también ha dado positivo a la prueba y pregunto: ¿Aún hay quien dude de la existencia de la enfermedad? Más de 23 mil fallecidos a nivel nacional no son un montaje. Las cifras en el estado son preocupantes: nueve mil 724 casos confirmados, 835 hospitalizados y mil 255 defunciones, más lo que se acumule. Seguimos y seguramente seguiremos en semáforo rojo en todo el estado, con el impacto económico que esto significa. ¡Y cómo no, si no se respetan las recomendaciones sanitarias! Tampoco se respeta la sana distancia, siguen haciendo bailes y partidos de futbol y no pasa nada.

Si para la industria automotriz ha sido costoso y poco productivo regresar paulatinamente a sus actividades para garantizar la salud de los trabajadores, para la industria sin chimeneas y la restaurantera será mucho peor. Entrar a semáforo naranja es ya, a estas alturas del confinamiento, la única y la última oportunidad de revivir la economía que se encuentra en terapia intensiva y a punto de colapsar. ¡Necesitamos al turismo y reactivar el consumo interno!

Según cifras de Datatur, al mes de abril, la llegada de turistas a Puebla cayó 94%, y eso no es lo peor, en mayo y junio el pronóstico es que el comportamiento sea similar y esto significa que han dejado de llegar en global al menos un millón 800 mil turistas entra marzo y junio.

Es de vital importancia que pasemos de semáforo rojo a naranja, pero eso será si todos respetamos las recomendaciones. Sobre el tema, tanto la Canirac como el CCE han fijado postura: sí o sí, sea como sea, el próximo 6 de julio regresan paulatinamente a sus actividades.

No hay de otra.

¡Es urgente!

 

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