La FDA permitirá en Estados Unidos la comercialización del sistema de tabaco de calentado electrónico, de Philip Morris, bajo el concepto de producto de menor riesgo.

 

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (Food and Drug Administration, o FDA, por sus siglas en inglés) autorizó la comercialización del sistema de tabaco calentado IQOS, de Philip Morris, como productos de tabaco de riesgo modificado (MRTP, en inglés), es decir, que tiene menos riesgo que un cigarro tradicional porque calienta el tabaco y no lo combustiona, lo que significa que el usuario se expone en mucho menor medida a sustancias riesgosas.

 

“Los aerosoles del IQOS contienen niveles considerablemente menores de carcinógenos potenciales y químicos tóxicos que pueden dañar los sistemas respiratorio y reproductivo”, aseguró en un informe la FDA, quien precisa que la mayor parte de sustancias tóxicas que se encuentran en el humo son por la combustión del tabaco, mientras que el calentamiento de la nicotina reduce dichos niveles tóxicos en, al menos, un 95%.

 

Se trata del segundo conjunto de artículos que se autoriza como producto de tabaco de riesgo modificado (MRTP) y el primero en categoría en recibir órdenes de “modificación de la exposición”, lo que permite la comercialización del dispositivo IQOS debido a su nivel reducido, apropiado para la protección de la salud pública. Pese a su similitud, otros dispositivos no son seguros ni están aprobados por la FDA.

 

La decisión ocurre a poco más de una año después de que la FDA autorizara la venta del dispositivo IQOS en territorio estadounidense, situación que acaba con el debate sobre la similitud entre dispositivos disponibles en el mercado, ya que el análisis del organismo da una “señal clara” de que son “completamente distintos”.

 

André Calantzopoulos, director ejecutivo de Philip Morris International (PMI), señaló que la decisión de la Agencia sobre sus productos de calentamiento de tabaco significa, para la empresa, “una noticia agradable”, luego de tres años y medio de trabajo, en la que buscan que las personas reflexionen acerca de las diferencias con un cigarro tradicional, ya que no combustiona.

 

Con dicho proceso -comprobado científicamente por la FDA- se reduce significativamente la producción de químicos nocivos, comparado con el humo de un cigarro normal. Además, al sustituir el tabaco tradicional por este producto, se reduce la exposición del cuerpo humano a esas sustancias nocivas.

 

La FDA advirtió que vigilará de cerca los datos del mundo real para evaluar si la comercialización sigue siendo apropiada, incluida la evaluación del potencial de mayor uso entre los jóvenes, además de que la empresa tendrá que realizar una vigilancia post-mercadeo, para determinar el impacto que tiene la información del producto en la percepción, conducta y salud de los consumidores.